Mi segundo doctorado fue consecuencia de un aguijonazo

Ivette Fuentes de la Paz

Mi segundo doctorado fue consecuencia de un aguijonazo

  •  Ivette Fuentes de la Paz, investigadora titular del Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo.
    Ivette Fuentes de la Paz, investigadora titular del Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo.

La doctora Ivette Fuentes de la Paz, investigadora titular del Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo, defendió su segundo doctorado en la universidad hispana de Salamanca, de la que fuera rector el ilustre escritor y filósofo español, don Miguel de Unamuno.

Esa es la razón fundamental que justifica este fructífero diálogo con la también poetisa, narradora y ensayista cubana, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), directora de la revista Vivarium, y autora de varios títulos publicados por editoriales nacionales e ibéricas.     

¿Cuál fue la motivación fundamental que le aguijoneó el intelecto y el espíritu para emprender la realización de su segundo doctorado?

Lo primero que debo decir es que la realización del segundo doctorado fue consecuencia de un “aguijonazo”, y no al revés, ya que cualquier ejercicio académico es —debe ser— el resultado orgánico de una investigación y no investigar por procurar un grado académico, lo cual sería un acto forzado por insustancial. Así que tal picada al intelecto y el espíritu, como bien dice, nació en el primer viaje que hice a Salamanca, en compañía del padre Marciano García, quien me procuró un paseo por las “estaciones” carmelitanas, aquellos lugares donde estuvo san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús.

Recuerdo hasta la celdilla donde se cuenta oraba la Santa en la Catedral de Salamanca, y recorrer aquellos caminos iluminados por sus “saberes”, fue emoción suficiente para ver que era desde allí que emanaban los “aspirados vapores” que llegarían hasta José Lezama Lima y su impronta en su poesía de luz. Me di cuenta que era en esa ciudad, y en su prestigiosa universidad —de la que fuera rector don Miguel de Unamuno y que aún dejaba escuchar la voz de fray Luis de León— desde donde debían partir mis estudios para trazar los cauces y puentes más bien fijados para la pesquisa que, de manera muy en ciernes, ya tenía in menti, y por supuesto, en el alma.

¿Qué línea temática desarrolló para alcanzar su segundo doctorado? Como le comento en la anterior pregunta, el tema tratado en ese doctorado fue el concepto de la luz en la obra de José Lezama Lima, para llegar a probar que es un paradigma filosófico dentro de su cosmología, que corrobora —a su vez— toda la esencia filosófica de la poesía lezamiana, fruto no solo de sus amplias lecturas filosóficas, sino además resultado de una vocación humanística donde es imposible deslindar la categoría de conocimiento a la de saberes, tal y como fuera entendida en la antigüedad.

Para llegar a formular dichas afirmaciones, dispuse un bojeo inicial por las corrientes lumínicas conocidas y que más influyeran en la conformación de ese paradigma lumínico, emanadas desde las consideraciones del Génesis, las cuales incluían a Plotino, San Agustín, San Buenaventura, Marsilio Ficino, Roberto Grosseteste, Karl van Eckartshausen y Goethe, hasta llegar a los preceptos de la física contemporánea, sin obviar las teorías de la filosofía oriental, representadas —en este caso— por el sufismo.

Lo más interesante que resultó para mí misma, fueron las correspondencias halladas en su obra con esa sabiduría tan delimitada y precisa, hasta el punto de poder insertar de manera fluida las especulaciones lezamianas como una teoría lumínica más, lo que se puso de relieve en una indagación mucho más profunda acerca de la poética de Lezama Lima, como expresión de una cosmogonía. En subsiguientes capítulos, realicé —desde esa óptica— un estudio comparativo con poetas del universo hispanoamericano, y con mayor detenimiento, con poetas cubanos, tanto del siglo XIX, como del XX.

Para ilustrar las consideraciones teóricas de la tesis, destaqué los aportes dentro de toda la obra de Lezama Lima, incluida en ella la poesía, la narrativa, la ensayística y la crítica de arte, en particular, la de artes plásticas. Para mí no fue un trabajo, sino un verdadero placer el poder ahondar en un tema tan consustancial con nuestra propia physis insular, y todo el resplandor de nuestros días.

De acuerdo con los indicadores que pautan la presentación de proyectos de investigación, ¿qué contribución le aportan a la cultura cubana e iberoamericana su tesis de doctorado?

El proyecto de tesis surge de los propios proyectos de investigación derivados, por supuesto, de los propios intereses entretejidos del Instituto de Literatura y Lingüística, donde laboro, y los míos propios, y que nacen de estudios realizados desde hace muchos años atrás. Infelizmente, los proyectos de investigación dentro de las ciencias sociales son muy cortos en relación con el tiempo de investigación de un proyecto de ciencias naturales, técnicas o exactas, y ello hace siempre que los hallazgos parciales queden apuntando caminos para profundizaciones, que el investigador debe realizar por su cuenta. De esos “remanentes” acumulados, surge el proyecto, como una meta pospuesta.

La Universidad de Salamanca, como tantas otras en Europa, tiene cátedras de literatura española e hispanoamericana, y en particular la salmantina hace especial énfasis en la literatura cubana, lo que fuera propicio para que, en 2001, matriculara el curso docente dentro del programa de doctorado Vanguardia y Posvanguardia en España e Hispanoamérica, dirigido por la profesora, doctora Carmen Ruiz Barrionuevo, principal impulsora de los estudios cubanos en España y Europa.

Al año siguiente, pude realizar, ya desde la mayor isla de las Antillas, la etapa de investigación que me dio la posibilidad de concluir el programa de doctorado, con la defensa de una tesina, también sobre un tema lezamiano: La prosa reflexiva en José Lezama Lima, y la obtención del grado de Salamanca, diploma muy específico de esa universidad. Desde entonces, esperaba la oportunidad de defender la tesis y así obtener el grado de Doctor en Literatura, otorgado por ese emblemático centro de educación superior.

Como se desprende de todo lo dicho, las conclusiones de mi tesis destacan un nuevo perfil en los estudios sobre José Lezama Lima, y como dije en el acto de defensa, el indiscutible brillo de un poeta cubano en los contextos académicos. Para mí, fue un orgullo el poder destacar la valiosísima obra de José Lezama Lima, y vivir el interés que esa obra despertara tanto en los predios universitarios como luego, en la divulgación propia de los resultados del estudio, aún más al obtener la máxima calificación con la mención Cum Laude, que para mí fue el regalo que pude hacerle al propio poeta y a mi país.

Por otra parte, es necesario añadir que todavía los estudios literarios cubanos se circunscriben mayormente a la obra martiana o carpenteriana; por ende, poder incluir la obra lezamiana dentro de esos estudios, de manera profunda y más allá de falsas adoraciones o tergiversaciones, a mi juicio, es el mayor aporte que humildemente pude hacer en este campo.

¿Cuáles fueron los obstáculos que debió enfrentar para llevar a puerto seguro tan colosal empeño?

Obstáculos fueron tantos como años de trabajo y espera paciente a que los sueños se pudieran cumplir. Cualquier investigador en Cuba, me parece, ha debido sufrir las mismas limitaciones para trabajar, y que es, en primera instancia, la dificultad para acceder a la bibliografía actualizada y a las muchas bases de datos que pueden ser pagadas por universidades. Esa limitación la tuve para trabajar mi primera tesis, pero en la segunda aún fue peor, ya que el tema era mucho más específico, y muchísimos más los estudios sobre la obra de José Lezama Lima en el mundo entero. Imposible presentar un trabajo académico sin un rastreo decoroso de todo lo escrito sobre el tema, y muchísimo menos presentado por un cubano, de quien se espera aporte datos aún más precisos. Para superar esa limitación, fue determinante la ayuda de colegas y amigos, a quienes enviaba los links que en Cuba no podía abrir, ya que nuestro acceso a Internet aún es muy limitado.

Otra ayuda decisiva fue la invitación de la familia Lezama, que vive en Miami, a trabajar con parte de la papelería que guardan, junto a los materiales originales del poeta y de Eloísa, la hermana. Agradezco especialmente a Ileana Bustillo, la sobrina-nieta del bardo, haber sido acogida en su casa y regalarme la confianza de “bucear” en lo más íntimo del vate, que es su palabra escrita.

Pero no solo fueron los obstáculos objetivos los que tuve que enfrentar, sino los subjetivos, aquellos llenos de incomprensiones que nacen de rincones de malevolencia que invaden espíritus mediocres. Que una investigadora, ya doctorada en Ciencias Filológicas, se empeñe en continuar elevando su acervo cultural y procurando alcanzar escalones más elevados de conocimiento, es algo inexplicable desde todo punto de vista. Pero, de mi primer doctorado, que data de 1993, a este, alcanzado en 2016, el mundo del conocimiento se ha enriquecido enormemente, y por decoro y respeto profesional a mí misma, no podía quedarme varada en una historia, para mí, ya superada.

¿Algún consejo o recomendación a los doctores en Ciencias Filológicas que decidan incluir en sus planes inmediatos de superación profesional obtener un segundo doctorado?

Quiero dejar mi propia experiencia como buen consejo, más humano que académico, a todos aquellos que sepan ver nuevos horizontes donde quiera que miren, y es aquel de tratar siempre de ser mejor mañana que lo que se es hoy. La vida pone sus propias metas, pero en ellas están bien insertadas las propias, y son ellas las que marcan la diferencia para un profesional: gozar el resultado de lo hecho está bien, pero si eso produce el letargo de la inercia, la satisfacción no podrá durar. Y otro consejo: nunca pensar que no podemos frente a un sueño por mucho trabajo o por mucha edad. Los sueños tienen su propio ritmo, que es el de la persona que los acaricia en su afán de cruzar con ellos la eternidad.