Militar y escritor: ¿conflicto o concordia? Entrevista a Alberto Marrero

Militar y escritor: ¿conflicto o concordia? Entrevista a Alberto Marrero

  • Durante la entrega del Premio de Poesía Nicolás Guillén a su libro Las Tentativas. Foto tomada de Cubarte
    Durante la entrega del Premio de Poesía Nicolás Guillén a su libro Las Tentativas. Foto tomada de Cubarte

Alberto Marrero, es un escritor que desde que lo conocí, despertó en mi cierta curiosidad primero y más tarde admiración. Recuerdo que fue a mi casa acompañado de un amigo escritor y una botella de Ron Havana Club. Leímos cuentos y poesías, conversamos y mientras pasábamos la tarde, observaba sus modales, hablaba con autoridad y modestia al mismo tiempo. Me llamó la atención aquel hombre. No solo por su obra, en especial su poesía. También por su actitud ante la vida.

Siempre creí, y esta es una teoría muy mía, que los militares no tienen nada que ver con la literatura y mucho menos con la poesía. Para mí son personas que están más vinculadas con el orden, la disciplina y la obediencia que a la creatividad.

Sin embargo, Marrero tiene una extensa obra poética. Es autor del poemario El pozo y el péndulo, publicado en la primera edición de la colección Pinos Nuevos, en 1994. Del libro de poesía La salvación y el eclipse, La cercanía infinita y El salto mortal de la escritura, entre otros. Y ha sido premiado tanto en poesía como en narrativa.  

Hemos compartido en eventos literarios y culturales. En este momento preside la Sección de Poesía de la UNEAC. Y aunque cercanos en la profesión y en la amistad, nunca me había atrevido a entrevistarlo. Tengo tantas preguntas acumuladas y temí que pensara que intentaba fisgonear en su vida personal. Encontré la ocasión una tarde en el Hurón Azul de la UNEAC cuando salimos de una actividad literaria. Le pedí esta entrevista y accedió con un gesto de humildad y afecto.

¿Cuándo comienza tu vida de escritor? ¿Cuál tu primer texto? ¿Cuál tu primera publicación?

Mis primeros textos con cierta gravedad datan de principios de los ´80. Todo lo anterior fue un mero ejercicio preparatorio. De esa etapa quedó un cuadernillo titulado Inclinación de la balanza que publicó la editorial Extramuros en 1986. No sé si antes o después de esa fecha, aparecieron algunos poemas míos en las revistas Bohemia, Mujeres y Verdeolivo. Esas serían mis primeras publicaciones. Como muchos frecuenté talleres literarios que, si bien no me convirtieron en escritor, me facilitaron los rudimentos del oficio y la posibilidad de conocer a personas con intereses y sueños comunes en materia de literatura. Algunas de estas personas hoy pertenecen al círculo de mis amistades más queridas.

¿De tu obra poética y narrativa con qué títulos te sientes más identificado? ¿Cuál te gusta más?

Siempre me siento identificado con el más reciente, con el que no ha salido. Eso les sucede a muchos escritores. Pero si insistes, te digo que, con Límite del tiempo abolido en poesía, que para mí significó una ruptura estética y conceptual en mi manera de concebir el acto poético. En narrativa solo me quedó con algunos cuentos como Hombre en la carretera, Camino de humo, En Londres ya no hay niebla, La mansedumbre de los elefantes, Sin destino y No mates a Mayakovski. Quizás debería incluir otros, pero creo que en estos cuentos logro mi propósito de atrapar al lector y sumergirlo en la historia. El lenguaje y la estructura funcionan sin concesiones a la chabacanería ni al experimentalismo barato (respeto la experimentación seria, la búsqueda de otros códigos).

Cuando le pregunto: Al escribir uno u otro género ¿asumes la misma posición ante la página en blanco? ¿Tienes preferencia por alguno de los géneros? ¿Cuál? Sonríe.

La página en blanco es la enfermedad de los escritores vagos, su pretexto más socorrido para justificar la escualidez espiritual. Yo escribo todos los días, excepto cuando estoy enfermo o algún evento mundano me lo impida.

El que trabaja todos los días nunca padece de la neurosis de la página en blanco. Mi género predilecto es la poesía. Con ella tengo una relación más carnal. La narrativa me atrae, pero nunca dejo de pensar como poeta. En realidad, yo veo la vida a través de los ojos de la poesía. ¿Qué significa eso? Si te respondo de seguro caeré en tópicos, esos malditos lugares comunes con que intentamos explicar lo inexplicable. Una vez me tildaron de agnóstico por hablar de un mundo inaccesible, de un entramado que no vemos pero que de alguna manera percibimos bajo nuestros pies. La poesía es ese entramado.Debo confesarte que he escrito una primera novela y aspiro a una segunda. A lo mejor me ocupa un largo tiempo y alguien supondrá equivocadamente que me divorcié de la poesía.

¿Estás escribiendo en estos momentos? ¿Puedes infórmanos al respecto?

Acabo de terminar, como ya te anuncié, mi primera novela. Paralelamente retoco una colección de cuentos y un nuevo poemario. ¿Qué más?

¿Qué opinas de los concursos en Cuba? Le pregunto tratando de sacarle su lado polémico pero responde con ecuanimidad…

Sobre el asunto de los concursos he hablado en otras entrevistas, por ende, temo repetirme. En síntesis, yo pienso que son necesarios pero que no fijan el llamado canon de la literatura. Que nadie crea que por ganar un premio ya entra en el parnaso de los intocables. Por otro lado, hay escritores que ven todo tipo de cabronadas en las decisiones, en especial cuando ellos no ganan. Es posible. Ya sabemos que no siempre se premia lo mejor, pero tampoco que mucho de lo premiado no sea bueno. La subjetividad humana (la maldad igual) está en cualquier decisión. No hay que atacar el sistema de premio, sino tratar de que, cuando nos toque decidir, hacerlo con rigor y decencia. A veces escucho quejas (yo también me ha quejado, que conste en acta) sobre la mala composición e idoneidad de tal o más cual jurado. Yo creo que las instituciones deben prestar más atención al problema. Un buen jurado debe garantizar una decisión justa. De igual modo, los escritores debemos tener el civismo de aceptar cuando las instituciones nos convoquen a integrar un jurado y desempeñar allí el papel que nos corresponde, dejando a un lado simpatías y antipatías, compromisos, deudas y otras triviales miserias.

¿Cuáles son tus escritores preferidos?

Bueno, son muchos. No los podría mencionar a todos. De los poetas resalto a Dante, Blake, Saint-John Perse, Quasimodo, Pavese, Michaux, T.S Eliot,Borges, Eliseo, Lezama, Florit, Octavio Paz, Roque Dalton, Wichy Nogueras y otros. De mis contemporáneos y coterráneos respeto a muchos, jóvenes y viejos. En cuanto a los narradores, me formé leyendo a los clásicos rusos en su idioma (viví y estudié en la antigua URSS durante casi nueve años). También un lector de García Márquez, Vargas Llosa, Rulfo, Carpentier, Calvino, Virgilio Piñera, Kafka, Raymond Carver, Hemingway, Herman Hesse, Thomas Mann y muchos más.

¿Hasta qué punto hay realidad y ficción en tu obra? Sondeo para ir después al tema. Levanta los hombros y sonríe mientras conversa.

En toda obra literaria, sin excepción, hay elementos autobiográficos y ficcionales, reales y fantasiosos. Nadie escapa de esto

¿Escribes sobres tus vivencias? Voy directo al asunto. Y habla mirando un punto entre las hojas de los árboles del Hurón Azul que se mueven con la brisa y hacen un agradable sonido.

Mis vivencias aparecen más en la poesía que en la narrativa. ¿Debería ser al revés? No sé. En la primera intento convertir lo insignificante en significativo. Pier Paolo Pasolini decía que las cosas que parecen más justas y simples ¿no son, en definitiva, las que se revelan más oscuras y difíciles? Yo también sostengo esa tesis.

Tienes una interesante dualidad: Militar y escritor ¿En qué crees que uno afecta a lo otro? ¿En qué crees que lo beneficia? Y por fin llego a uno de los temas que más despierta mi curiosidad y espero expectante la respuesta. Alberto no se hace esperar, sonríe y responde con cierto orgullo.

Hace una década que no tengo esa dualidad, si bien anduvo conmigo casi toda mi vida. Mi carrera militar giraba en el ámbito de la labor política y educativa, si bien como oficial poseía una formación militar académica completa, la cual me dotó de cualidades como la disciplina del pensamiento y la acción, el orden lógico de las decisiones,la perseverancia en la conquista de un objetivo y otras que sirven para escribir y también para vivir. Nada de lo mencionado bloquea la imaginación, el libre vuelo del pensamiento. Al contrario, los estimula. Al menos yo no hallé contradicción entre lo que me enseñaron y el quehacer literario. Por supuesto, la vida militar exige muchos sacrificios y eso significa que dispones de poco tiempo para otra labor, pero yo me las arreglé para planificar mis horas entre una tarea y otra, hasta que me licencié y pude concentrar todas mis energías en la literatura.

¿Has escrito sobre algunas de tus experiencias como militar?

Dos cuentos, nada más. No es mi tema, nunca lo fue.

¿Cuáles son tus tendencias políticas? Decido hacerle otra pregunta de la que casi adivino la respuesta, no solo por su actitud en la vida diaria. También por la inmediatez con que asiente y sonríe a la vez.

Soy comunista y milito en el Partido desde los 22 años. Sin dogmas, con un sentido crítico de la realidad, abierto a las mejores ideas vengan de donde vengan, aferrado siempre a la verdad.

¿Tienes alguna creencia religiosa? ¿Crees en Dios?

No tengo creencias religiosas pero las respeto, incluso me han inspirado poemas y cuentos donde reflexiono sobre la condición humana, como llamó Malraux a la naturaleza contradictoria, no pocas veces absurda y veleidosa del hombre, pero también heroica, altruista, ejemplar, inigualable.

Si no fueras escritor (sin contar tu carrera militar) ¿Qué serías?

Pintor. Si pudiera pintar me pasaría horas haciéndolo. No haría otra cosa que pintar.

¿Cómo ocupas tu tiempo libre?

Antes, cuando podía, iba a la playa, tomaba cervezas con amigos, iba al cine y a veces al teatro. Ahora no hago nada de eso y, después de escribir, veo películas en el televisor o en la computadora, y a los amigos los llamo de vez en cuando por teléfono, para que no se me olviden.

¿Qué es lo que más te enfurece? Habla con esa autoridad que no puede evitar cuando le pregunto.

La deslealtad, la maledicencia, la envidia, el yo sí y tú no, los mediocres con ambiciones, los descarados, los mentirosos, los corruptos, los hipócritas. En fin, tú sabes…

¿Cuál, en tu opinión, es la palabra más peligrosa?

Ignorancia.

¿Cómo sería la vida ideal para un escritor?

Para un escritor no debería de haber una vida ideal, porque si la hubiese se alejaría demasiado de la vida real. En verdad no hay vida ideal para nadie. Ni plenitud ni vacío, decía TS Eliot.

¿Qué le aconsejarías a los jóvenes escritores? El tiempo ha transcurrido a prisa, como suele suceder cuando estamos en una agradable conversación con los amigos. Sigo con la preguntas mientras Alberto saborea un café.

Nada, yo no aconsejo a nadie. Que cada cual tome en la literatura el camino que le dicte su conciencia y talento. Lo conocimientos se adquieren leyendo, pero el éxito es esquivo y muchas veces no llega nunca. Si eso sucede, al menos nos queda el consuelo de que lo intentamos. La vida es una cadena de tentativas.

¿A los jóvenes en sentido general?

A los jóvenes les digo que trabajen, que forjen su destino sin echarle la culpa a la suerte o la “página en blanco” de la vida.

Habla como si lo hiciera con el mismo. Se levanta y el aire autoritario que me pareció percibir cuando comenzamos, se convierte en un gesto de modestia, o quizás agradecimiento. Saluda amistosamente y se aleja con pasos suaves pero firmes.