Rafael Lam: escribir sobre música cubana es una de mis grandes pasiones

Rafael Lam: escribir sobre música cubana es una de mis grandes pasiones

  • Rafael Lam, quien actualmente es colaborador del Sitio Web de la UNEAC.
    Rafael Lam, quien actualmente es colaborador del Sitio Web de la UNEAC.

Dialogar con el escritor, periodista e investigador musical, Rafael Lam, deviene un privilegio para cualquier profesional de la prensa que muestre interés por conocer los intersticios de la música popular cubana, la verdadera, la auténtica.

El Chino Lam (su nombre artístico) es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Como cronista musical, ha dado a la estampa más de una decena de títulos, donde desarrolla la línea temática relacionada con la historia del pentagrama sonoro insular.

En esta ocasión, mi interlocutor conversará con los lectores acerca de su producción intelectual y espiritual en torno a esa disciplina artística, y además, reflexionará sobre la invisibilidad mediática de que son objeto las agrupaciones charangueras, las orquestas de jazz band y los conjuntos soneros que tanta fama y prestigio le dieron a la música popular bailable en las décadas de los 40, 50, 60 y 70 de la anterior centuria.

 Usted, como prolífico escritor, ha recogido en varios volúmenes la historia de la música popular caribeña. En consecuencia, ¿podría explicarles a los lectores cuáles son sus más recientes aportes a ese apasionante tema y en qué investigación se encuentra enfrascado en estos momentos?

En los últimos tiempos, estuve enfrascado en finalizar una serie de libros que considero que ya deben estar en las manos de los lectores. La lista es larga. Ya llegan a 15 los libros escritos, algunos publicados y otros en vías de edición. De los que vieron la luz de la publicidad, hay varios que no se llegaron a comercializar, ya que se prepararon por la Dirección de Casas de Cultura para bibliotecas, escuelas de arte, y por supuesto, Casas de Cultura. Te voy a ofrecer la lista de los libros ya escritos.

La Bodeguita del Medio, Tropicana, un paraíso bajo las estrellas, Esta es la música cubana (Ediciones Adagio, se está preparando en la República Bolivariana de Venezuela), Polvo de Estrellas. Cantantes Cubanos (dos tomos), Los Reyes de la salsa, que se presentó en el 2011 en el Museo del Ron Havana Club, con el maestro Juan Formell, NG La Banda, la emblemática orquesta Buena Vista Social Club y todas las luminarias de la salsa.

 La Historia de la Canción y las canciones (texto que incluye 300 canciones), Los Van Van, que debe ser presentado para el cumpleaños de Formell, en agosto próximo, Benny Moré, símbolo de la música cubana, que se prepara este año, con vistas al centenario del Bárbaro del Ritmo. Es una biografía completa del Rey de la música cubana.

La Habana: 500 Maravillas del Mundo (500 años de la bohemia y los artistas, con una ilustración inédita del artista de la plástica Wifredo Lam, donada por el pintor, en 1981, especial para este libro), La historia de la EGREM, La bohemia y la cultura de Cuba y México (trata acerca de las grandes personalidades de Cuba que visitaron o residieron en México y viceversa).

¿Cómo disfrutar la música?

Juventud: Divino Tesoro (son dos volúmenes en uno): uno dedicado al sentido de la vida en los jóvenes, y el otro sobre las Bellas Artes y los artistas (músicos, escritores, bailarines, actores, pintores, arquitectos, artesanos y artistas circenses); Wifredo Lam y Los Chinos en Cuba (Barrio Chino), y La Historia de la Música Cubana (páginas dedicadas a los grandes cantantes, músicos, orquestas, compositores, formatos instrumentales y lugares donde se ha hecho la música cubana).

Esos son libros que he preparado con vista a la avalancha de turismo que se avecina, y que busca la auténtica cultura, expresión genuina de la identidad nacional. Algunos serán publicados en la mayor isla de las Antillas, otros en el exterior. Unos en papel, otros en formato digital, ya que escribir sobre música cubana es una de mis grandes pasiones. Por otra parte, lo importante es que nuestra cultura camine.

En la anterior entrevista, que usted tuvo la gentileza de concederme, le pregunté acerca de la invisibilidad mediática de que adolecen los formatos orquestales, que exaltaron a los primeros planos a la música cubana, en las décadas de los 40, 50, 60 y 70 de la pasada centuria: ¿ha percibido algún cambio, aunque sea ligero, en esa lamentable situación?

En realidad, nuestro archipiélago necesita una industria de la música, que aplique un concepto, un diseño musical para todo el país, para cada una de las instalaciones turísticas y culturales. La UNEAC trabaja en eso, pero en las comisiones no están todos los que deben estar. Digamos que en esa Comisión, que hace muchos años debió formarse, debieron estar los maestros Helio Orovio (si todavía estuviera entre nosotros) Leonardo Acosta, Lino Betancourt, Manuel Villar. Verdaderos especialistas de la música popular cubana. No tengo noticias de quiénes son los que están preparando dicho proyecto. Tal concepto y diseño deben abarcar también la radio y la televisión; medios que necesitan incluir programas que presenten todos y cada uno de los formatos tradicionales de Cuba: dúos, tríos, cuartetos, septetos, conjuntos, charangas, jazz band […].

El otro día, por ejemplo, mis hijos estaban escuchando la composición Marieta, una definición de los brasileños sobre Cuba. Mis hijos estaban encantados y la coreaban junto a Faustino Oramas, El Guayabero. Era imposible que esa atractiva música no los moviera al goce. Pues bien, cuando los años pasen y ellos sean adultos evocarán esa melodía inolvidable; porque las melodías —como los olores y sabores— se archivan en la memoria por años y años. En suma, si esa pegajosa música se escuchara a menudo, y constantemente en la radio, la televisión y los espacios públicos, a la larga esa sería la tradición que heredarían los jóvenes de hoy. Pero la laguna es demasiado grande y profunda. Son muchas décadas sin atender la música antológica de Cuba. Casi todo lo que se escucha es lo actual, del siglo XXI, como si no hubiera tradición. El escritor inglés Oscar Wilde sentenció: «Un pueblo sin memoria no puede tener porvenir».

Si los jóvenes desconocen, o lo que es peor, ignoran la existencia de esas emblemáticas agrupaciones musicales, no me extrañaría que, un día cualquiera, los mexicanos, por ejemplo, digan que el maestro Enrique Jorrín nació en la patria del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez, ya que, en la capital federal de esa hermana nación, funcionan dos peñas dedicadas al danzón, género cultivado con éxito por Jorrín, y al chachachá, género del que fuera su indiscutible creador. ¿Cuál es su opinión al respecto?

México adoptó el bolero, el danzón y el chachachá de Cuba. En la dieta musical de todo el continente se encuentra la música cubana. En Colombia, la música líder son los ritmos de nuestro país, ellos la sienten como suya. La archivan en discos y libros, le rinden culto como los negros rinden culto a su música africana. Da la sensación —y creo que es así— que en Colombia se asentaron hace muchos años cubanos que fueron a trabajar al Canal de Panamá, que era una zona colombiana, y se instalaron por aquellos lares. En el caso de Venezuela, en la década de los 50 del pasado siglo, siempre hacían los carnavales con orquestas y conjuntos cubanos. La zona del Caribe era bañada por la música cubana a través de la radio de onda corta, por los discos, filmes y demás medios.

Los Estados Unidos han hecho parte de su música de jazz, a dos manos, con el Caribe insular, especialmente con Cuba. El tango parte de la habanera, al igual que el merengue y el ragtime de Nueva Orleans. En la mayoría de los países, hay total respeto hacia la música cubana. Después de 1959, como secuela del bloqueo estadounidense a Cuba, muchos músicos se adueñaron de los ritmos cubanos para fusionarlos con timbres modernos. Pero, eso fue un asunto comercial, de oportunismo de algunos de ellos.

En mi libro Los Reyes de la Salsa, incluyo las opiniones de los salseros que residen en Nueva York y en otras zonas del vecino norteño. Ellos reconocen que Cuba es la «patente»; de aquí, procede la música de «fundación». A nadie le asiste la más mínima duda. Y lo aclaro por si las moscas, como decimos en buen cubano.

¿Qué recomendación o sugerencia les haría a los directores y realizadores de espacios musicales, transmitidos por la radio y la televisión cubanas, para visibilizar un poco más las orquestas con formatos nacionales, y los conjuntos soneros, que apenas se escuchan y se visualizan en esos medios masivos de comunicación?

El asunto relacionado con los medios masivos de comunicación no recae, precisamente, en los directores o realizadores, sino en un diseño preciso y claro de lo que debe difundirse. Y esas orientaciones las dictan las administraciones, que son las responsables de que se cumpla lo establecido; en este caso, el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).