Rodolfo Alpízar, un narrador de profunda espiritualidad

Rodolfo Alpízar, un narrador de profunda espiritualidad

  • Rodolfo Alpízar.
    Rodolfo Alpízar.

Nos conocimos muy jóvenes y siempre recuerdo en él su inefable franqueza y su fino humor, además de su profundo realismo al emitir criterios de cualquier tipo. Siempre le he afirmado que “en ti nada ha cambiado, ni cambiará, por tu forma tan expresiva de decir las cosas; algo que has logrado llevar a tu escritura”. Y es que en el connotado narrador Rodolfo Alpízar Castillo la llamada inspiración es aquella que provoca la propia historia “(…) que me cuentan los personajes mientras escribo, y que me sorprenden con lo no pensado”.

En cada una de sus obras –algunas de corte histórico, como es el caso de Empecinadamente vivos y otras carentes de referencia geográfica, producto de su universalidad– aborda temas diversos que parten de la sicología humana, de su hacer y trascendencia dentro de un contexto sociocultural en específico. Es el tema de Robaron mi cuerpo negro (título de interés en este diálogo con Alpízar), quien destacó que es “una novela sobre las relaciones entre seres humanos inmersos en un sistema económico y social injusto basado en la esclavitud y el racismo. Unos, como beneficiados; otros, como perjudicados”. Meses atrás y durante una conversación con este autor, acerca de sus mayores satisfacciones en lo personal, nos reveló una anécdota que traigo como epílogo de esta entrevista: “Un día cualquiera me encontré en el ómnibus a un antiguo compañero de trabajo (no recuerdo ahora si su apellido era Mondéjar o Mondeja), quien de inmediato me informó que había leído Sobre un montón de lentejas. Comenzó a comentar la obra y se bajó en mi parada, que no era la suya, para continuar hablándome de ella. Después me preguntó si estaba preparando otra. Le respondí que no, que me encontraba en un proyecto de elaboración de diccionarios. Me hizo detener el paso y me habló con mucha severidad. Antes de continuar su camino, se expresó más o menos en estos términos: “Tú no tienes que hacer diccionarios, eso lo hace cualquiera. Tú lo que tienes que hacer es escribir novelas para que las disfrute el pueblo”. Nunca lo he olvidado.

Robaron mi cuerpo negro, es el título de su más reciente obra. ¿Constituye ella un compromiso intelectual-personal al servicio de una batalla por la preservación de un lector consciente de la realidad?

¿Se propuso con ella el desmontaje de mecanismos aprisionados en la conciencia del lector? ¿Otra respuesta con vista a la salvaguarda de los valores éticos e integridad del negro como ser humano víctima de siglos de despiadada explotación colonial?

“Mi compromiso al escribir es más espiritual que intelectual, y no me incluyo en ninguna batalla en especial, si bien puedo aparecer en todas. Porque estoy esencialmente contra toda forma de injusticia, sea maltrato a la mujer, a los hijos o a los ancianos, sea racismo, sea machismo, sea xenofobia. También contra las injusticias al contar la historia de mi país. Y siempre me sitúo en la parte del maltratado, de quien sufre injusticia.

“Como el racismo es injusto, estoy contra él desde todas y cada una de mis células. Y esa concepción no distingue color de la piel; estoy contra el racismo por sí mismo, no por mi pertenencia a ningún grupo “racial” (soy mestizo de varias sangres, no coloco a ninguna por encima de las demás). Un personaje secundario de Robaron mi cuerpo negro afirma que si los negros fueran los amos y le pagaran por perseguir blancos, lo haría, pues lo suyo es el dinero, no la raza. Por mi parte, lo mío es la conciencia de la injusticia, no la piel, el sexo, la procedencia social nacional de quien la sufra. Si un rico sufriera injusticia de parte de un pobre, estaría con ese rico; del mismo modo, estoy con las víctimas del terrorismo sin interesarme quién cometió el acto criminal, las ideas que supuestamente defiende, ni la condición racial, sexual, nacional, religiosa o social suya o de quien sufrió por su acción.

“La esclavitud es esencialmente injusta, pues nadie nace con el derecho de esclavizar a nadie. Lo fuera incluso si el amo nunca levantara su mano contra el esclavo y lo colmara de regalos. Que el esclavista sea cruel o bondadoso en lo personal no altera la esencia del fenómeno en que se encuentra inmerso.

“Al respecto, me ha reclamado una amiga porque mi personaje Blanco Gordo es, en el fondo, un infeliz; ella lo hubiera preferido más cruel e inhumano. Para mí, lo importante es que, siendo infeliz a su modo y, por lo tanto, un ser humano es a la vez sostenedor y beneficiario del sistema. Un agente de la injusticia, pues. Que fuera más cruel, o menos, no le disminuye esa condición.

“Cuando escribo, suelo tener una idea general de lo que quiero abordar en mi novela (el tema del alcoholismo en Brindis por Virgilio, la deuda histórica con los combatientes del Directorio Revolucionario en Empecinadamente vivos, el amor en Habrá milagro, por ejemplo), pero, salvo el final, que necesito tener más o menos esbozado en mi mente antes de comenzar, lo más frecuente es que no tenga un plan bien definido de lo que va a suceder a lo largo de la historia. Ello no significa que no tenga una idea general de los carriles por donde ella transitará, o que no tenga el esbozo de las características psicológicas de mis personajes, desde luego, pero los límites son tan laxos que pudieran considerarse inexistentes. Trae por consecuencia que no pocas veces me sorprenden hechos y actitudes de los personajes, o surgen episodios que no había pensado que pudieran aparecer en la trama.

“Lo anterior es lo que ocurre de modo general, ello no impide que en algunas ocasiones pueda ser más sistemático y “a prueba de sorpresas”. Lo normal en mi escritura es que combine “plan” e improvisación, pero siempre la preeminencia lo lleva la segunda, pues me agrada dejarme llevar por la historia que me cuentan los personajes mientras escribo, que me sorprendan con lo no pensado. Es lo que llamo “inspiración”.

“En el caso de Robaron mi cuerpo negro, la idea general no era tratar de la esclavitud, sino enfocarme en el tratamiento dado a los personajes negros en la literatura. Más exactamente, deseaba presentar en una obra personajes negros que no sigan el esquema colonial-racista impregnado incluso en la mente de sus propias víctimas y de quienes no se sienten racistas: el negro “folclórico”, asimilado al sistema racista, cuando no el negro “antisistema”, el “rebelde”…, solo que, por quedar claro en el discurso de los narradores qué significan los dos último adjetivos, el resultado es un muestrario de personajes negros simplemente marginales, sin nada que aportar a lo que denomino el orgullo negro.

“No creo que llenar nuestra literatura de negros pícaros, cuando no meramente delincuentes, contribuya a combatir los atisbos (cuando no las muestras bien palpables), de racismo que suelen aparecer incluso en sectores que se consideran muy avanzados en nuestra sociedad.

“Con esa idea general, me puse a investigar en la biblioteca de la Casa de África. Las sublevaciones de esclavos en el siglo xix me parecieron un buen tema. Una frase de José Luciano Franco fue el elemento que me llevó a escribir esta novela en particular, y no cualquier otra: Había encontrado en ella el final para la obra que escribiría. Además, venía de la mano de sus dos antagonistas: Fermina y Blanco Gordo.

“No imaginé de inicio al personaje Blanco Gordo tal cual aparece en la novela. En muchas ocasiones fui su sicoterapeuta (o su confesor, para estar más en época), y me sorprendí “oyéndolo” contarme interioridades de su vida tan escabrosas que jamás él le hubiera contado a nadie, acaso ni se hubiera confesado a sí mismo. En cierto momento sospeché que pretendía opacar la historia de Fermina y pasar a ser el personaje principal. “La heroína es ella”, le advertí, “y esta es su historia, no la tuya”. Le ordené callar. Y a Fermina le pedí que fuera menos reservada. Ella es un personaje muy recio, sabedora de su importancia y prefiere mantener su misterio, que es también su arma y su protección.

“Quizás a quienes tienen una concepción más científica de la creación literaria lo anterior suene a ingenuidad decimonónica, cuando no a ignorancia y necedad, pero es mi verdad como narrador, no puedo adoptar poses de académico ni negar quién soy. Hablo con mis personajes, los oigo, río y sufro con ellos: Soy cada uno de ellos, y sus historias, dolores, alegrías y frustraciones son mías.

“Por esa razón, Robaron mi cuerpo negro no es una obra contra la esclavitud y el racismo, ni siquiera es una obra sobre la esclavitud y el racismo, sino una novela sobre las relaciones entre seres humanos inmersos en un sistema económico y social injusto basado en la esclavitud y el racismo, unos como beneficiados, otros como perjudicados.

“Por otra parte, también sucede que una parte de mi obra no es histórica ni se refiere a un país en específico. Ciertamente, Sobre un montón de lentejas, Empecinadamente vivos y Robaron mi cuerpo negro son de corte histórico, se desarrollan en el entorno cubano y tratan temas que nos tocan de manera directa como nación. Sin embargo, La sublime embriaguez del poder, Habrá milagro, Brindis por Virgilio, Rafael y el caballito de madera (esta para niños), así como otra recientemente terminada son obras sin referencia geográfica alguna, y abordan de una manera u otra distintos problemas del ser humano que ocupan mis pensamientos, no particularmente el racial”.

¿Qué otros autores cubanos contemporáneos abordan igual temática?

“Para esta pregunta no tengo respuesta. Pudiera citar algunos nombres, pero a riesgo a omitir o incluir indebidamente. Además, no soy escritor que siga una temática específica, por tanto tampoco sigo esta de modo especial, ni siquiera como lector.

“Aun así, puedo comentar que lamento que a algunos autores leídos por mí los estereotipos coloniales los llevan a presentar en sus obras personajes negros que, mírese como se mire, son negativos por completo, o lo negativo es lo que prima en ellos. Pareciera que el concepto de cimarronaje tuviera una sola lectura, la que hace del negro negado a la discriminación un ser marginal y antisocial en esencia. He leído buenos textos de autores negros que siguen esa línea. Creo que es una forma incorrecta de concebir el orgullo negro.

“Para mí, el mayor acto de cimarronaje cubano lo realizó Arnaldo Tamayo cuando, con su presencia en el cosmos, elevó un negro hasta los cielos. Lo es tanto, que en ocasiones el hecho se pasa por alto en las enciclopedias. No es el único dentro de Cuba. Héroes negros tenemos en nuestras guerras, pero también en nuestra paz, anónimos. Ellos debieran adueñarse de nuestra literatura”.

¿Continuará profundizando en su escritura acerca de este tema en específico?

“No podría afirmarlo ni negarlo: No lo sé.

“Tengo ideas, apuntes, que podrían dar lugar a otras novelas donde vuelva sobre el tema. De hecho, con mi hermano Ramón Moya, presente en la dedicatoria de Robaron mi cuerpo negro, estuve discutiendo la posibilidad de realizar una trilogía, pero no continuamos el proyecto.

“En cambio, la que he terminado después de ella se aleja del tema, pues aborda el maltrato contra las mujeres. Por la lamentable universalidad del tema, no se ubica en ningún espacio geográfico en particular. Otras dos obras en proceso más o menos adelantado, si bien se sitúan en Cuba, no son históricas ni se detienen de manera particular en el tema negro.

“En fin, que tanto puedo regresar al tema como puedo no hacerlo. Lo que sí puedo asegurarte es que nunca escribiré sólo por demostrarme, o demostrar a otros, que soy capaz de escribir historias. Las que escriba siempre responderán a mi necesidad de plasmar en forma de novela sentimientos, preocupaciones o ideas que andan conmigo y me exigen que las exprese”.