Si existen los milagros, ¡este Premio Casa de las Américas es un milagro cultural!

Si existen los milagros, ¡este Premio Casa de las Américas es un milagro cultural!

  • Charo Francés, jurado del Premio Casa en su actual edición. Foto tomada de Radio Rebelde
    Charo Francés, jurado del Premio Casa en su actual edición. Foto tomada de Radio Rebelde

Dialogo con una mujer de una expresividad ilimitada, a la vez que de una sonrisa siempre amplia y muy alegre –esto dado casi siempre a través de comentarios simpáticos en su conversación que nos remiten a su espontánea franqueza—. Quizás, pocos le conocen como María del Rosario Francés, mas si dices Charo Francés, una de las fundadoras del Grupo de Teatro Malayerba, de Ecuador, aplausos y frases de absoluta satisfacción acerca de su obra y personalidad irrumpen de inmediato, en especial, en cualquier escenario de nuestro continente.

En esta oportunidad Charo Francés se halla en nuestra Isla, muy feliz de participar como miembro del Jurado Teatro, del Premio Casa de las Américas (2018).

“Radico en Ecuador desde hace 39 años y te hago la historia del por qué una española tan arraigada a su tierra decidió hacer su vida en ese país. Éramos ocho hermanos y, muy joven aún, inicié mis estudios de Filosofía en la Universidad del Opus D, (Pamplona). En el último año de la carrera (cinco años), conocí a un ecuatoriano también filósofo que llegó allí y…!bueno! nos enamoramos. Ya graduados y casados, vivimos varios años en Londres, en Madrid…hasta que decidimos partir a Ecuador y establecer residencia allí en 1978. Yo tenía 28 años de edad, y a esa tierra llegué con la ilusión de trabajar y colaborar en todo lo que pudiera, no obstante ser un país de una connotada desigualdad social –muchos pobres y pocos ricos--; debo comentarte que, durante mi época de estudiante universitaria, ya yo había comenzado a hacer teatro. La carrera de Filosofía realmente la cursé por exigencia de mi padre, pero mi vocación siempre fue el teatro”.

Y… ¿por qué el teatro?

“Nací en 1949 luego de transcurrir diez años de concluida la Guerra Civil en España. No olvido que aún existían cartillas de racionamiento, como tampoco olvido los estragos sociales provocados por la brutal dictadura franquista. En aquel entonces parecía que el modo natural de vivir en España era el silencio. Resultaba peligrosísimo emitir opiniones: decir lo que no pensaba como ser humano era peligroso. Y fue entonces así cómo analicé que el teatro me daba la posibilidad de pensar, de emitir criterios, de llegar a ser otra persona; de hablar por la boca de otros para poder decir lo que quería; que el vivir mundos imaginarios le permite a uno liberarse de terribles realidades…Y es que en España vivíamos bajo un temor permanente. Analicé todo esto y fue cuando llegué a la convicción de que si llegaba a trabajar en el teatro tendría la posibilidad de vivir con más libertad. Y así lo hice. Luego de concluir mi carrera comencé a hacer teatro profesionalmente en mi país de origen. A esto debo agregar que siempre he sido una gran lectora de Literatura latinoamericana, en especial, de teatro.

“Posteriormente, a  los pocos meses de mi llegada a Ecuador conozco a dos actores argentinos exiliados en ese país: Arístides Vargas y Susana Pautaso, junto a quienes me uno para fundar el Grupo de Teatro Malayerba en 1979, cuyo primer estreno tuvo lugar dos años después”.

¿Qué distingue al Grupo de Teatro Malayerba de otros grupos?

“Si existe algo que lo distingue es que, inicialmente, éramos tres extranjeros emigrantes quienes coincidimos en un territorio equis, donde nada es nuestro, y donde comenzamos a observar, estudiar y a compartir con sus nativos, con el objetivo de comprender y llegar a asimilar esa nueva realidad donde nos hallamos. Cada uno de nosotros nos sentimos muy solos y dentro de una realidad que nos convoca a la unión. Por supuesto, desde el punto de vista teatral, entre los tres existían diferencias muy pronunciadas. Sí estimo que, para cada uno de nosotros, ese iniciar a partir de las diferencias y aceptarlas de antemano para poder ser y hacer, intuyo que afecta a toda la vida del hombre como la malayerba. Y que las diferencias y la soledad atraviesan todo lo hecho, y a estar cada vez más abiertos entre nosotros. Incluso, a unirnos, a no cuestionarnos, a escucharnos entre nosotros. Esto ha sido muy importante para los integrantes del Grupo, al llegar a ser no sólo una forma de relacionarnos, sino también una forma de crear. Diría que más que la existencia de respeto y de ética –no así una tolerancia o concesión--, entre cada uno de nosotros existe una necesidad del uno y del otro. Una pregunta permanente preside nuestro trabajo y es a la hora de emprender un proyecto o línea de investigación siempre partimos del hecho de No saber, de que para crear hay que No saber. Si sabes, ya no existen posibilidades para la creación. Hay que viajar siempre hacia lo desconocido, nunca sentir que sabemos o conocemos. Siempre partir de lo desconocido. Estimo que este concepto –si se pudiese calificar de esta forma--, continúa en nuestro Grupo, el que hoy conforman once actores, entre ellos ocho ecuatorianos, un chileno, un argentino y quien le habla.

“Es por todo ello que estas lecturas de obras que, en estos momentos realizo y analizo de cada uno de los concursantes a tan prestigioso certamen latinoamericano, siempre me brindan una sed inagotable de hallar algo nuevo, distinto, excluido de la dramaturgia ya conocida”.

¿Qué caracteriza a la dramaturgia ecuatoriana actual, si atendemos a los diversos cambios que han existido en los últimos años en ese país sudamericano? La Revolución ciudadana, ¿ha incidido en tales cambios?

“Sin lugar a dudas, todos los cambios sociales, culturales, políticos y hasta ambientalistas procurados por la Revolución ciudadana han sido muy positivos, a la vez que existen diversas tendencias –como en todos los países--,  referidas al tema cultural y, en específico, al teatro. Existen miradas más convencionales, clásicas y otras más contemporáneas; existe también una literatura indigenista sumamente importante, muy presente desde el punto de vista dramatúrgico, al igual que existe un numeroso grupo de escritores jóvenes. Diría que este es uno de los mejores momentos de la dramaturgia ecuatoriana, al igual que analizo que de aquí a algunos años podremos presentarnos con un mayor peso, si partimos del talento y la fuerza de los actuales jóvenes escritores, quienes son capaces de reflejar puntos de vista diferentes a la realidad.

“Y todo ello no obstante haber sido el teatro y la dramaturgia ecuatorianas uno de los géneros menos favorecidos. Te reitero que este, sin lugar a dudas, es uno de los mejores momentos del teatro ecuatoriano”.

¿Algún proyecto inmediato?

“Hace unos meses llevamos a escena la obra El tambor de hojalata, del novelista alemán Gunther Grass. De esa novela, Arístides Vargas tomó uno de sus episodios, El Mesón de las cebollas, relacionado con la época de Post-guerra, y realizó algo hermosísimo. El argumento al respecto versa sobre la existencia de un mesón donde tan sólo se les sirve cebollas a los clientes para cortarlas. Al cortarlas, cada cliente comienza a llorar y, de inmediato, a hablar. Arístides expresa que, tras finalizar aquella terrible contienda, el hombre tiene una necesidad cada vez más urgente de comunicarse”.

¿Algún comentario en relación con el Premio Literario Casa de las Américas?

“Esto es para mí algo increíble pero que ustedes, los cubanos, ya están acostumbrados a hacer realidad, en un país bloqueado durante tantos años y en circunstancias siempre tan difíciles…!Y aún, ustedes cubanos, se dan el lujo de dedicarse a estos quehaceres! ¡!Lo de ustedes es algo maravilloso, extraordinario, difícil de concebir en estos tiempos tan difíciles! Enseguida que recibí la invitación, me dije: ¡Pues, claro que voy! ¡Pues, voy a asistir a algo que es difícil que suceda, y que los cubanos siguen haciendo como sea! ¡Un certamen que ya tiene 59 años de creado! Si existen los milagros, ¡este Premio Casa de las Américas es un milagro para mí! Si me invitan…!pues seguro que vengo el próximo año también, a los 60 años de este milagro cultural! Mi esposo, Arístides Vargas (argentino), sí ha estado varias veces en Cuba…Ahora le llevo algunos libros de su autoría publicados por la Editorial Casa. A título personal, reitero, mi agradecimiento a la Casa de las Américas por esta invitación, y por traer durante tantos años el conocimiento literario e histórico de la América Latina a esta Casa y al mundo entero”.