Ave, Donald, morituri te malutant

Ave, Donald, morituri te malutant

  • La derecha cubana en los Estados Unidos ha encontrado un adalid en Trump.
    La derecha cubana en los Estados Unidos ha encontrado un adalid en Trump.

Al levantarme supe la noticia: Donald Trump presidente 45. Fui a la cama de mis dos hijos menores, dormían plácidamente, como millones de inocentes en todo el mundo, ajenos al holocausto al que inevitablemente se encamina la humanidad. Durante ocho años estuvimos al borde del abismo por la estulticia y egotimia de Bush hijo. No se puede olvidar que desde la elección de Dwight David “Ike” Eisenhower el mundo ya jugaba a la ruleta rusa. Ahora llega a la Oficina Oval un hombre inteligente, empresario de éxito e igual de egótico. Buscará las riquezas que le exigen los votantes y el sendero para ello se lo ofrecerá la industria armamentista. Verá en la guerra la manera de aumentar sus billones y responder al establishment. En ese instante ya habrá construido un búnker anti-invierno nuclear en el que envejecerá junto a su familia contando y recontando inservibles dólares.

Para ese tiempo el planeta habrá sido asesinado.

La Clinton lo dijo: el odio no es un plan. Pero ahora sí lo es, ha llegado al poder quién ha afirmado que por el sendero del odio guiará su estrategia presidencial. Lo que avanzó Obama ya está siendo demolido. Cuba es objetivo del resentimiento, incubado por un sector importante de la comunidad cubana en el exterior por más de 50 años. Parece que las ansias de la derecha cubana en los Estados Unidos por la radical desaparición física de los que vivimos en la Isla encontró, finalmente, un adalid en Trump.

¿Habrán olvidado que tienen cromosomas en esta Isla? ¿Les amputaron acaso la memoria afectiva?

En lo que a mí respecta he intentado ser un buen padre, ahora buscaré ser mejor en el tiempo, en el breve tiempo, que el despotismo del nuevo inquilino de la Casa Blanca, nos permita vivir con sus afanes de hegemónica ambición. Sé que, quizás, pueda salvarme si renuncio a mis principios y me lanzo con mi familia al estrecho de la Florida, si la pongo en peligro de morir ahogada o devorada por los tiburones. Para mí, francamente, no es la alternativa. Nunca lo será. Seré, eso sí, el primero en decirlo: Ave, Donald, morituri te salutant.