Bailando en Cuba

Bailando en Cuba

  • Es un imperativo, una necesidad que exigen los nuevos tiempos de potenciar los bailes y ritmos cubanos.
    Es un imperativo, una necesidad que exigen los nuevos tiempos de potenciar los bailes y ritmos cubanos.

Bailando en Cuba llegó a su final el pasado domingo 19 de marzo, otro éxito de la firma RTV Comercial que anda por los caminos de la necesaria comercialización de lo más importante de la música y el baile cubanos, tesoros que hemos guardado en cajas de caudales, pero que no deben permanecer más tiempo como algo museable.

La final entre las parejas siete, ocho y diez resultó un verdadero espectáculo, como un choque de trenes, el triunfo llegó a manos de la ocho: Jara y Osmani (de Santiago de Cuba y Holguín), la pareja con más atributos. Las otras dos no tuvieron su mejor noche, en el vestuario y la coreografía. Como quiera que sea, en verdad todos fueron ganadores y no es una palabra cliché. Las tres parejas obtuvieron un verdadero regalo, la primera poder presentarse en una escuela académica de baile en Italia, la otras dos podrán mostrar su destreza irá en Canadá y Cancún, respectivamente.

Esperamos que el público, en general salió complacida de este proyecto Bailando en Cuba. La idea era necesaria, recuperar las competencias de baile era algo imperativo y, no necesariamente debía mantener un propósito igual que hace casi cuatro décadas, copiando al programa Para bailar de 1979. En otros momentos se han hecho varios programas en ese estilo, y no llegaron a mover las multitudes.

El asunto de un programa competitivo bailable tenía que ir más allá del baile, hacía falta saltar hacia el espectáculo visual, buscando y explorando otros atractivos que no simplemente podían formarse con bailadores inexpertos. En este caso se seleccionaron parejas en la que uno de los dos integrantes fuera profesional. Además se contó con una serie de coreógrafos bien encaminados con una larga trayectoria. No podemos olvidar que Bailando en Cuba, coreográficamente estuvo bien apoyado con los especialistas (danzarios) más calificados.

Manolito Ortega con tanta juventud ha demostrado un talento asombroso para emprender este proyecto y otros de más envergadura. Por supuesto, está obligado a rodearse de un equipo de conocedores a fondo del baile, la música y el espectáculo.

Por ejemplo: tanto en los programas Sonando en Cuba como en Bailando en Cuba se ofrecieron varias imprecisiones de autores, de canciones, de ritmos. Se le dio como autor a Antonio Machín de la composición Que te pedí, perteneciente a Fernando Mulens. El ritmo pilón, creación de Enrique Bonne, se le otorgó a Pacho Alonso. Se le adjudicó la pachanga de Eduardo Davidson a Arsenio Rodríguez.

No podemos olvidar que estos programas están al alcance de públicos masivos internacionalmente. No se hizo mención —al menos no lo vi— de los asesores musicales que poseen los programas.

Por la parte del jurado, fueron seleccionados con buen tino a Susna Pous muy relacionada con la danza moderna, a la profesora Liz Alfonso que aporta otra visión, y también al Premio Nacional de Danza Santiago Alfonso, con una larga trayectoria en el espectáculo coreográfico, desde el Conjunto Folclórico Nacional hasta el Cabaret Tropicana. Santiago es un testigo de aquellas legendarias parejas de la TV y el show del cabaret.

Me parece que Santiago Alfonso no fue convenientemente aprovechado, debió tener un espacio para contar la memoria de los grandes bailarines y parejas de bailes populares. Cuando Alfonso habló de Ana Gloria y Rolando de Tropicana o de otras fabulosas parejas, una enorme cantidad de millones de televidentes quedaron en blanco, por no saber de quienes se trataba. Esa era la oportunidad de recodar la historia de esas parejas que tanto dieron que hablar en el baile de parejas.

Roclan que es un agradable conductor, con una prestancia juvenil, fue el encargado de una sección de la historia y los salones de baile. Por supuesto que debía estar apoyado convenientemente con un historiador especializado en esos temas a la perfección. La Editora Cubana de ARTEX va a presentar muy pronto un libro con la historia de esos salones y toda la vida nocturna de Cuba.

Al inicio muchas personas no comulgaron con la idea del programa, esperaban otro Para bailar o una continuación de aquel proyecto tan lejano. Muchos años han pasado, las exigencias son otras, Cuba necesita rescatar algo más que el baile, tiene que resucitar el show, el espectáculo del teatro musical y la TV, perdidos en el tiempo.

Cuba fue potencia en los dominios del musical y, los nuevos tiempos exigen para el turismo, los espectáculos de los cruceros, mostrar el poderío artístico del país. Es un imperativo, una necesidad que exigen los nuevos tiempos.

Durante mucho tiempo hemos creído que la alta cultura es la Europa clásica, América tiene otra cultura mucho más contemporánea, más pujante y revolucionaria. Tenemos que mostrar de Cuba lo más auténtico, lo más popular y lo más resonante de la alegría popular.

No olvidemos que el baile en Cuba data de siglos y fue protagonista de momentos memorables de la historia de la cultura cubana. Al baile todavía puede sacársele muchos frutos.

Bailando en Cuba demostró que se pueden emprender grandes proyectos, que Cuba puede contar con una de las mejores televisiones del mundo. Es difícil encontrar en otros países de América una variedad y riquezas de géneros musicales y danzarios como en Cuba. Eso hay que aprovecharlo, seguramente que el proyecto cubano tendrá muy buena aceptación internacional.