Calidad obligada

Calidad obligada

  • Niños y adolescentes consumen indiscriminadamente contenidos altamente lesivos para su desarrollo intelectual y espiritual. Foto tomada de Internet
    Niños y adolescentes consumen indiscriminadamente contenidos altamente lesivos para su desarrollo intelectual y espiritual. Foto tomada de Internet

Las televisoras y plantas radiales cubanas no pueden competir con la exuberancia de programas que se realizan en el mundo y llegan por las muchas facilidades que brindan las nuevas tecnologías. Limitaciones financieras impiden, además, la compra de las obras más recientes. Cualquier hijo de vecino “pirateó” lo último y lo difunde en su entorno, el llamado “paquete” hace otro tanto y hasta en el lugar más remoto circulan series y telenovelas, show musicales y humorísticos que también se trasmiten en los ómnibus interprovinciales, de turismo y en los taxis.

Ha comenzado una era en que cada cual va haciendo su propia programación bajo influjo de la novedad, lo que otros le sugieren, lo que les apetece según sus conceptos de interés y entretenimiento, que ha propiciado entre otras tendencias lamentables la proliferación  de los textos más sórdidos, vulgares, machistas que se dicen en ritmo de reggaetón, no difundidos por los medios tradicionales pero que se pueden “bajar” de diversos sitios mediante una memoria.

Niños y adolescentes consumen indiscriminadamente contenidos altamente lesivos para su desarrollo intelectual y espiritual sin que padres y maestros enfrenten ese desafío, pues muchas veces comparten esos gustos porque no se puede negar que hay una tendencia humana al menor esfuerzo, a disfrutar lo menos complejo, a preferir lo simplificado y más cercano a los referentes vitales.

Congresos, declaraciones, decretos leyes se preocupan al respecto y fomentan polémicas que no llegan a quienes deberían conocerlas pues no suelen tener la difusión pública que requieren como medio para que los “gustadores” de tales producto nocivos conozcan las razones de no compartir tales desmanes expresivos.

Ese es un aspecto del asunto que debería ser debidamente encausado en el espacio público, el otro es la calidad de la programación radial y televisiva, sin concesiones a la banalidad, a la superficialidad, a la frivolidad muchas veces confundidas con amenidad, frescura, humanismo.

Cierto es que la radio y televisión cubana, como factores de bien público, cuidan, en sentido general, lo que se ha dado en llamar lo políticamente correcto, pero no logran la coherencia comunicativa que permita que sus contenidos sean históricos, patriotas, políticos, artísticos consigan atraer por la riqueza de su lenguaje, de la imagen, por los enfoques novedosos, y se distancien de formas ya caducadas de la propaganda más elemental.

Se hacen esfuerzos de mejores dinámicas visuales en el caso de la TV, se invierten recursos en espacios de mayor envergadura realizativa, pero se trasmiten películas y programas que son verdaderos subproductos de la producción internacional en aras de “complacer” a un público que ya se satisface a si mismo con los bodrios a su alcance.

La calidad , concebida como lo humanamente enriquecedor, puede y debe ser la diferencia usando justamente las posibilidades de las nuevas tecnologías  para “bajar” de las redes muchas buenas películas de todos los tiempos, para propiciar una programación donde se pueda determinar las opciones de cada canal, el sentido de sus propuestas que pueden incluir un ciclo con los cien mejores filmes de todos los tiempo, los documentales con  las historias de vida de los más notables terrícolas en todos los campos de los saberes humanos. Hay mucho material que aprovechar para enriquecer las “ofertas” que verán los interesados a pesar del aluvión de posibilidades que ofrecen los nuevos tiempos y que  no dependen de recursos financieros, sino de buscar las mejores opciones entre esa selva de productos audiovisuales y radiales que andan por las redes.