Conducta: paradigma de ética pedagógica

Conducta: paradigma de ética pedagógica

  • Fotograma de la cinta. Foto tomada del Portal de la Televisión Cubana
    Fotograma de la cinta. Foto tomada del Portal de la Televisión Cubana

El papel del artista es [formular]

preguntas, no dar respuestas

Anton Chejov
 

Conducta, con guión y dirección del talentoso escritor y realizador Ernesto Daranas Serrano, es el filme que se exhibiera en el espacio dominical Arte 7, que conduce la crítica Martha Araújo,  y transmite —en horario vespertino— el Canal Cubavisión, de la Televisión Cubana.

Dicho largometraje obtuvo un gran éxito de público y de la crítica especializada, no solo por la sensible línea temática que toca, sino también por las naturales y espontáneas actuaciones del encantador jovencito Armando Valdés Freire (Chala) y demás escolares que lo secundaran, así como por la excelencia artístico-profesional de la primerísima actriz Alina Rodríguez (1951-2015), Carmela, la maestra.
El elenco actoral, signado por su puntual desempeño interpretativo, aun en aquellos papeles más insignificantes o intrascendentes —solo en apariencia— estuvo constituido, además, por Amaly Junco, Miriel Cejas, Yuliet Cruz,  Armando Miguel Gómez, Silvia Águila, Idalmis García, Tomas Cao, Héctor Noas, Aramís Delgado y Juan Carlos Roque Moreno.

La trama se desarrolla en una escuela primaria, ubicada en el municipio de La Habana Vieja, y gira alrededor de Chala, un pre-adolescente de 11 años de edad, con graves problemas de conducta, pero con sentimientos tan nobles y desprendidos que le arrancan las lágrimas al espectador más endurecido, así como de los avatares de Carmela, quien lucha frontalmente contra el burocratismo, la mediocridad, la ineptitud, la incompetencia pedagógica, la indolencia, el extremismo y el «marabú» mental (apego a esquemas obsoletos), que rodean a una docente que ha dedicado medio siglo de su existencia terrenal al recto ejercicio de su noble profesión, percibida como fuente nutricia de ética, patriotismo, humanismo y espiritualidad.

Para hacer consciente en el auditorio la vocación en que se sustenta el arte-ciencia de cultivar el intelecto y acariciar el espíritu del estudiante, Daranas se vale de símbolos que hablan por sí solos: el título de Maestro Makarenko, que la cámara recrea en un cuadro colocado en la humilde sala de la vivienda de Carmela. 
En el ejemplo vivo que la maestra les ofrece, tanto en el aula como fuera del contexto docente-educativo, los discípulos descubren las virtudes que signan la personalidad de la educadora, quien les lleva diariamente el pan de la enseñanza, los trata con ternura y firmeza a la vez, así como les prodiga la dosis exacta de afecto que alimenta el alma de muchos alumnos que carecen de ese nutriente espiritual en sus respectivos hogares.

La madre de Chala (la carismática actriz Yuliet Cruz) padece de toxicomanía alcohólica y drogodependencia; y para poder adquirir el alcohol y las drogas que consume, se dedica a la práctica de la prostitución y descuida el cumplimiento de deberes elementales, inherentes a la crianza y la educación que debe recibir un chico de la edad de su encantador retoño.

En consecuencia, es el vástago quien tiene que buscar el sustento económico para la progenitora y para él, a través de la cría de palomas y el cuidado de perros de pelea. El supuesto padre (Armando Miguel Gómez) es quien jerarquiza el productivo “negocio”.

El dinero que gana el niño se emplea en pagar alimentación, energía eléctrica y demás gastos que genera el hecho de mantener una casa en el momento socio-histórico que vivimos.

Las relaciones entre madre e hijo son distantes, aunque él, en ningún momento, deja de manifestarle amor, que ella apenas percibe, aunque tampoco lo rechaza del todo, pero —en ocasiones— lo maltrata de obra y de palabra.

El audiovisual incluye escenas mediatizadas por la violencia, la agresividad, las palabras malsonantes y la guapería callejera; contravalores que configuran el ambiente marginal en que se desenvuelve la acción dramática, pero también escenas donde prevalece el afecto que se profesan, sobre todo Chala y Carmela.

Conducta deviene una crítica —formulada desde una óptica estético-artística por excelencia— a la forma inadecuada en que algunos directores, funcionarios y maestros tratan los problemas socio-familiares de sus discípulos; situaciones que, lejos de ayudar a solucionar —juntamente con la familia y la comunidad— lo que logran es exacerbarlos aún más.

La gran aceptación que ese largometraje ha recibido por parte de los amantes del séptimo arte y por los disímiles medios de comunicación, radica —a mi juicio— en que Ernesto Daranas concibió y llevó a la pantalla grande un excelente guión; con la inteligencia global y emocional que lo caracteriza, tanto en el medio radial como cinematográfico, dirigió —con acierto indiscutible— a los actores  consagrados y noveles, sobre todo a los pequeños príncipes, que participaron en la filmación; y los incitó a entregarse en cuerpo, mente y alma a la interpretación del papel que desempeñaran en ese medio audiovisual.

No solo como crítico, sino también como defensor apasionado de los filmes cubanos, que se destacan por su factura estético-artística, estimo que —más temprano que tarde— Conducta será valorada por los expertos como una joya de la cinematografía cubana contemporánea, que se debe conservar y cuidar como patrimonio fílmico insular.