Cultura cubana: siempre en defensa de los principios de la Revolución y de la Cubanidad

Cultura cubana: siempre en defensa de los principios de la Revolución y de la Cubanidad

  • Cultura cubana: siempre en defensa de los principios de la Revolución y de la Cubanidad.
    Cultura cubana: siempre en defensa de los principios de la Revolución y de la Cubanidad.

Corren tiempos trascendentales, también momentos de “pupila insomne” —alerta y comedida—, como indican día tras día los hechos y noticias que continúan “moviendo” en el contexto nacional e internacional las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, que viene a acrecentar el recién lamentable paso del huracán Matthews sobre la porción sur de la oriental provincia de Guantánamo, con su estela de daños materiales a tres municipios de ese entorno geográfico.

Al igual que ocurriese el 17 de diciembre de 2014, luego de anunciarse el reinicio de las relaciones diplomáticas entre ambos países  —en específico, con la visita a principios del presente año del presidente —Barack Obama—, no hayan coincidido (como “flash noticiosos” que sacudieron al mundo) tres informaciones tan importantes dentro de un mismo contexto.

La primera y la segunda, aún continúan generando diversas conjeturas, diatribas, manipulaciones y, en lo fundamental,  estados de opinión (a veces discordantes) en quienes, ya sea por una gran carga de oportunismo deliberado o por manifiesta ignorancia, comienzan a vocear loas hacia el poderoso vecino del Norte proyectándolo como una especie de “Salvador” de desatinos —o mejor expresados: “lógicos traspiés”— de una Revolución que ha sido no sólo el hecho histórico más sobresaliente de la segunda mitad del siglo XX, sino también el proceso revolucionario más humanista que jamás haya existido a lo largo de la Historia Universal.

La otra información relevante: el paso de Matthews, poderosísimo huracán que, en opinión de expertos en temas meteorológicos, constituyó un evento pocas veces conocido durante muchas décadas, al provocar una intensa acción devastadora no sólo en territorio nacional, en buena parte del Caribe y en el territorio de la Florida.

Sin embargo, Matthews, muy a pesar de su acción destructiva dentro del contexto material guantanamero —habitacional en especial—, reportó también una noticia trascendental al mundo. Y es el poder de unidad, combatividad y solidaridad del pueblo de Cuba y de su Revolución; el poder movilizante de organizaciones de masas, organismos e instituciones estatales de otras provincias hacia las zonas afectadas con vista a su absoluta recuperación; además de reportar sobre los innegables valores éticos y espirituales del pueblo cubano dispuesto a defender sus conquistas.

Dentro de todo ello, el potencial cultural que le acompaña; ese potencial manifestado en su pensamiento, en su formación ciudadana, en sus principios y determinación de transformar cada revés en victoria. Determinación que ha enfrentado este pueblo en cada momento histórico, y que lo ha convocado a enaltecer y enriquecer más su Cultura.

Al recordar una de las respuestas a una reciente entrevista efectuada al historiador, crítico y ensayista Luis Toledo Sande, éste afirmaba que: "Cuando Fernando Ortiz distinguió entre “cubanidad”, como condición genérica del ser cubano, y “cubanía”, como ‘cubanidad plena, sentida’, no inventó frases: definió realidades. Ambos conceptos se complementan, y el segundo apunta a lo afectivo, a la voluntad de ejercer y disfrutar la circunstancia de ser cubano. Probablemente ningún otro gentilicio al que se le aplique una derivación similar a la que da origen a Cubanía tenga las mismas implicaciones emocionales de este último vocablo".

Ciertamente, como también valdría la pena exponer una cita del inolvidable historiador José Antonio Portuondo, cuando expresó que: «La Cultura de Cuba republicana se inicia bajo el signo de la frustración política, luego que el poder neocolonial (o la llamada pseudo-república), fue echada a andar cuando en este inmenso archipiélago a principios del pasado siglo, comienza a expandirse un gran sentimiento de impotencia y frustración dentro de la intelectualidad, la que urge por un movimiento de reformas»; mientras que el patriota, diplomático y tribuno Manuel Márquez Sterling, con vista a adoptar acciones encaminadas contra la corrupción gubernamental política y administrativa, contra el desamparo social, contra el atraso económico, alto nivel de analfabetismo y, en lo fundamental, por la defensa de la cubanidad y contra el anexionismo, afirmaba: "frente a la injerencia extranjera, la virtud doméstica".

Al respecto y calificado como el tercer descubridor de la Isla, el intelectual don Fernando Ortiz, además de ser “el gran alterador de la pequeña burguesía reformista de su tiempo”, confió ante todo en el papel de la Cultura como senda reivindicadora de pensamiento y conciencias; promovió investigaciones sobre la Cultura popular de la Isla —apoyó en esta labor a intelectuales como Lydia Cabrera—, al revelar un mundo oculto de creencias y mitos mantenidos a través de la oralidad, creó publicaciones como la Revista Bimestre Cubana (1910-1959), el noticiero científico cultural Revista Ultra y la Colección de Libros Cubanos (1923) para investigar las raíces de nuestra nacionalidad; además, en 1937, la Sociedad de Estudios Afrocubanos, entre otras sobresalientes iniciativas de estudios e investigaciones producidas a lo largo de su vida. Tras la derrota del nazismo y el fascismo en Europa, su libro El engaño de las razas (1946), fue una de sus obras más contundentes contra la discriminación racial y la xenofobia.

Igualmente, altos pilares sustentaron escritores como Bonifacio Byrne (1861-1936, Mi bandera, contra la intervención norteamericana); Enrique Hernández Miyares (1859-1914, Las dos banderas, y el soneto La más fermosa, contra el Tratado de Reciprocidad Comercial); José Miguel Poveda (con El trapo heroico)  y Esteban Borrero (1849-1906, con el relato El ciervo encantado). A su vez el profesor universitario y diplomático revolucionario Raúl Roa García señalaba: "Un lacerante sentimiento de frustración invadió a las masas populares hasta sumirlas, largos años, en el descontento, la pasividad y el escepticismo. La válvula de escape de aquella atmósfera enrarecida y agobiante fue el choteo y la trompetilla, a la vez catarsis, autodefensa y desquite del inconsciente social rebelado".

De igual forma el período histórico de profundas crisis, descontento popular y atropellos contra la soberanía nacional fue el comprendido entre 1923 y 1933, período más conocido con el nombre de Década crítica. Durante él se producen hechos como la Protesta de los Trece, el Manifiesto del Grupo Minorista, el movimiento de Reforma Universitaria, el fracasado Movimiento de Veteranos y Patriotas, la fundación del primer Partido Comunista, el Congreso de Mujeres, la apertura de la Universidad Popular José Martí. Y junto a esos hechos, figuras de relieve político e intelectual comprometida con el pensamiento de nuestros Próceres independentistas como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Enrique José Varona, Juan Marinello y Emilio Roig de Leuchsenring. El militante comunista y humanista Juan Marinello, integrante del Grupo Minorista (1927) destacaba:

"Hay que ofrecer justo relieve a la publicación del Manifiesto del Grupo Minorista (…) Escritores y artistas de obra muy diversa se manifiestan allí por la revisión de los falsos valores; por el avance del arte nacional, abierto a las manifestaciones universales; por la divulgación de las más recientes doctrinas artísticas y científicas; por la reforma de la enseñanza pública; por la autonomía universitaria; por la independencia económica de Cuba y contra el imperialismo yanqui; contra las dictaduras políticas unipersonales en el mundo, en América y en Cuba; contra el sufragio engañoso y por la efectiva participación del pueblo en el gobierno".

Fernando Ortiz, Raúl Roa, Juan Marinello, Nicolás Guillén, Armando Hart y Roberto Fernández Retamar, entre otros intelectuales, son exponentes del discurso cultural post-colonial de nuestra América cuando parten del rompimiento de los proyectos políticos y culturales procedentes de Europa y los Estados Unidos, y de la necesidad de su aprendizaje y transformación para profundizar en los mecanismos de control hegemónicos y en la organización de una resistencia cultural auténtica, basada en la búsqueda de las raíces y de la identidad que se articula en este otro lado del mundo. Para el caso específico del Caribe, se revela la inexistencia de un discurso genuinamente nativo al ser un área de pueblos cuya matriz auténtica (la población aborigen) fue exterminada durante el proceso de conquista y colonización por parte de España.  Así, el no ostentar un referente real y vivo de lo autóctono aborigen ha convocado a la región caribeña a reconocerse en sus prácticas, tradiciones y costumbres provenientes de los diversos pueblos que han nutrido y conformado el concepto de “identidad cultural”, con características muy particulares en cada zona geográfica.  

En ese referente discursivo-cultural rememoremos a nuestro Héroe Nacional José Martí, hoy más que nunca entre nosotros, cuando recalcó:

"Pero otro peligro corre, acaso nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña (…) como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa, o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma  e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada solo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños".

Premonición martiana ante los hechos que, tras su heroica caída en Dos Ríos (mayo de 1895), se hace evidente desde mucho antes, ocurrieron y continúan ocurriendo en algunas de las Repúblicas americanas carentes de gobernabilidad propia.

Evoquemos también un evento que marcó, y continúa marcando, pautas fundamentales en la historia de Cuba revolucionaria como lo fue Palabras a los intelectuales, jornadas de intercambios de saberes y procederes realizadas hace 55 años atrás (16, 23 y 30 de junio de 1961) entre el Líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz, y prestigiosos escritores y artistas cubanos.

La consigna de “ser revolucionario es defender la Revolución, es defender la Cultura”, quedó patentizada durante aquellas jornadas efectuadas en los primeros años de triunfo revolucionario y en medio de un estado de guerra contra el gobierno de la mayor potencia del mundo. Sin embargo en aquellas condiciones extremadamente explosivas, se crearon la Ley de Cine —después de la Ley de Reforma Agraria—, Casa de las Américas, el Consejo Nacional de Cultura, y otras instituciones… En suma, la cultura cubana estaba encausándose, ya no constituía motivo frustración como había ocurrido a principios del surgimiento de la llamada República.

Así, Palabras a los intelectuales tuvo la gran virtud de ser la plataforma, el germen de lo que hasta la fecha ha sido baluarte del pensamiento, dedicación y accionar de nuestra intelectualidad.

Reitero, para esta periodista, tres eventos de indiscutible trascendencia han ocurrido dentro del contexto nacional hasta la fecha de año. Dos de ellos, los permanentes hechos derivados a partir del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos y, en especial, la visita a la Isla del presidente Barack Obama. Y un tercero, la dolorosa presencia de un huracán de categoría cuatro en la región más oriental del país.

Este 20 de octubre, aniversario conmemorativo del triunfo de las tropas independentistas en la batalla de Bayamo —gesta iniciada diez días antes por el patriota y abogado bayamés Carlos Manuel de Céspedes—, y fecha también de celebración del Día de la Cultura cubana, hagamos más valedera que nunca nuestra cubanidad como elemento genético, natural de cada uno de nosotros, y en defensa de los principios de la Revolución.