De la Mazorca un mazorcazo

De la Mazorca un mazorcazo

  • Peña la Mazorca con frecuencia mensual en la UNEAC.
    Peña la Mazorca con frecuencia mensual en la UNEAC.

En la medida se pierde la medida. La vida pasa con sórdida cotidianidad. Esta realidad solo conserva vivo el acto de la supervivencia. La Habana, cada vez más soleada, reduce sus sombras, y el sudor se va pegando aunque estés en una dimensión que solo incluya un libro, una idea, un verso.

Cada vez que apeo la cabeza para ver el horizonte, creo una ilusión óptica: la gente que cruza las calles no está pegada a ella, no la toca, parecen de humo. Desde dónde parto, estoy muy lejos de todo.

A veces, me reta una caricia de aire al acercar la nariz a la ventana. Dura muy poco. Su recuerdo es imperdonable. Trato de esquinarme, es difícil, tengo los pies atascados.

El paisaje: a mi lado el mar, del otro unos pellizcos montañosos se rompen. Aun no entro en el smog. Para mirar La Habana de lejos cierro los ojos. Al llegar a ella, abro los brazos, levanto la mirada, un edificio se corta de pronto por la luz.

Lograr la calle que muere en el mar y nace de un río, asentarse allí mientras caminas, escalarla con las manos en los bolsillos, hace que la respiración conste de tres pasos: abrir pulmones, inmovilizarse, cerrar pulmones.

Todos llevan sombreritos ajustados, se señalan mutuamente al teléfono, que le brinca del bolsillo a la mano como si Rashomon sacara la muerte de su funda.

En la medida que rebasas o alcanzas una esquina, las nociones de La Habana se plurifican, se diseminan. El paisaje cambia.

Cambia, definitivamente.

Si antes un semanario como Lunes de revolución (1959-61) podía reunir voces que, de cierta manera, buscaban opinar sobre “la situación” del país, abarcando zonas y criterios “altamente” críticos; ahora, que esa crítica “en físico” se moldea para gratificar, y a veces, para ennoblecer, que está diseminada por una cantidad moderada de magazines (revistas, mensuarios, semanales, separatas), solo le queda para aguijonear el espacio virtual, el espacio web.

La tradición revistera de la Isla es gloriosa y buena. La crítica, en tanto: estrategia de modelaje, siempre fue parte de la construcción de esa ideología del cubano como raíz (o centro) de un pensamiento constitutivo de la circunstancia del agua por todas partes (salve Piñera).

Forma rápida para publicar el espacio web, porque permite sin mediaciones político-culturales, defender estéticas y desarrollos narratológicos y/o líricos que necesitarían aprobaciones extra-literarias.

En el ya no tan reciente método de distribución de información, primero audiovisual y luego, audiovisual y literaria, el Paquete, está apareciendo no solo “lo último” sino material de archivo. Así, indagando por sus esquineros menos visibles encontré intentos de magazines literarios 33 y un tercio [s/f] (confeccionado por Raúl Flores Iriarte), Cacharros [2003] (Almelio Calderón Fornaris, Juan Carlos Flores, Ismael González Castañer, Jorge Alberto Aguiar Díaz, Lizabel Mónica, Grisel Echevarría, Edwin Reyes), The Face [2008] (Ahmel Echevarría, Jorge Enrique Lage, Orlando Luis Pardo) y más reciente El Mazorkzo [2016] (Grupo Ariete).

Todas dedicadas a la narrativa de la Isla con varios ventanales abiertos de par en par a la narrativa foránea. Menos El Mazorkzo, proveniente de la peña dedicada a la narrativa joven, que se realiza en la UNEAC una vez al mes, La Mazorca. El Mazorkzo está compuesto íntegramente por textos producidos al interior de esa peña, e incluye una entrevista a Raúl Aguiar.

Existe una distancia visible mientras el tiempo va pasando, aunque los contenidos con sutiles variaciones son lo mismo.  Así, su diseño va cobrando importancia. Se puede notar que aún les falta mucho. 

Si tomamos como referencia la última de las mencionadas: El Marzokzo del grupo Ariete. Tenemos una nota editorial arrogante como si estuviera presentándose a una batalla que ya saben muy vieja. La batalla publicatoria que cruza como un ángel incompetente toda la Isla. Pero la idea visual que trata de exponer Claudia Damiani  es, al menos, interesante.

A los cuentos incluidos en esa selección, que espero no sea lo que más brille en la peña, se nota que son cuentos provenientes de autores jóvenes con ganas de gritar toda la irreverencia, toda la tempestad, toda la juventud. Pero, existe acierto en la entrevista.

Si la “calidad” de los textos de El Mazorcazo se agota u olvida ante The Face o Cacharros, es, por mucho, más visible en cuanto a imagen. Porque además de encontrarla en el Paquete, me interesé, e hice una ligera búsqueda en internet y, ¡sorpresa!, allí en una página de Facebook se encontraba.

Es, a lo sumo, un intento de descompresión El Mazorkzo. Quizás, no existan próximos números, o sí, quién sabe. Por lo pronto, esta magazine literaria (contemporánea, invasiva) le ha permitido a un grupo de jóvenes narradores “mostrarse”, aunque solo sea para un público reducido (muy reducido).

Un público efímero que me ve detenido en una esquina mientras el paisaje cambia. Una vez, se hizo una pregunta sobre el futuro del libro, de si este migraría a un nuevo formato, alejándose del uso del papel, la tinta, la impresión; pero esa pregunta debiera dirigirse a las publicaciones periódicas: ¿cuál será el futuro del magazine?

Mientras tanto, La Habana comienza otra vez. No se cansa. Algo tiene que empuja a escribirla, tal vez, ese ímpetu por pertenecer que dejaron en sanscrito o la necesidad de desviarse incluyendo al Quijote.

Cuando pongo la mano (más bien el dedo) sobre la pantalla táctil, todo aparece. La gente continúa por encima del suelo, no lo tocan.

El aire cargado me reta a seguir destinos alisios. Pero un flamboyán regala su sombra aquietante un poco lejos de la esquina. Llegar allí será maravilloso.

La maravilla de estar en la sombra, a la sombra, mientras el Grupo Ariete se va haciendo a la medida de esta ciudad tradicionalmente faraónica.