El Partido y el alma de la nación cubana

El Partido y el alma de la nación cubana

Transcurre el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, en cuyas sesiones del lunes 18 el Presidente Raúl Castro sostuvo que hay y habrá un solo Partido en Cuba. Tenía cinco años cuando un Fidel de seis pies, barba negra, marcial apostura y gallardos ademanes hablaba a los delegados y concluía ante el pueblo las sesiones del primero de estos encuentros de la organización.

Ley de vida, irremediable sino de la biología, ellos, los líderes de la generación histórica, envejecieron, como lo hacemos todos. Ya no son los mismos en el aspecto físico, pero continúan siendo los mismos en el concepto madre para los cubanos de defender la soberanía nacional y mantener los principios y objetivos por los cuales se gestaron luchas populares a partir del año 1868.

El Partido, su Partido, nuestro Partido sigue siendo el mismo en aspecto semejante, indiscutible en tanto supervivencia de nación. Y la mayoría de nuestro pueblo —igualmente— sigue siendo el mismo en cuanto no puede darse el lujo suicida de ser distinto. Las transformaciones económicas, las aperturas, la rectificación de errores, cualquier modulación en el plano que fuere no riñen, no reñirán con la idea cenital de que Cuba es de nosotros, los cubanos. Si eso se extravía alguna vez, apaga y vamos; no hay mañana digno e íntegro.

Es importante, ahora, pensar en de qué, cómo y por qué surge, existe y se desarrolla ese Partido.

Pensar el Partido en Cuba no es circunscribirlo a una estructura o al molde solemne de plataformas programáticas. De hecho, por supuesto, es lo primero, como toda entidad análoga doquiera, y posee en calidad de carta náutica las referidas bases —expresadas hoy día, en lo fundamental, en los Lineamientos aprobados en el VI Congreso del PCC—; pero, antes bien, su materialización y desarrollo se corresponden con una idea cardinal del sentimiento patrio cubano, cuyas clarinadas habrían de remontarse incluso a las primeras proyecciones de unidad anticolonial y antimperialista, delineadas con claridad preclara, definitivamente más tarde, en el Partido Revolucionario Cubano (PRC).

Fundado en 1892 por José Martí, este soporte ideológico de la cohesión de un pueblo en torno a la idea nudal de independencia —sustentada en los objetivos de emancipación y la soberanía, en tanto conceptos innegociables del ser nacional—, demostró, por primera vez, la importancia que entraña para nuestra revolución histórica (aquella iniciada en Yara en octubre de 1868 y proseguida en Las Coloradas en 1956 y el 1ro. de Enero de 1959) la unidad de sus fuerzas en un solo Partido.

No en balde, el Apóstol consigna en “Nuestras ideas”, primer artículo de Patria, órgano oficial del PRC, que el empeño colectivo estriba en “ser invencibles por la unión y evitar que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden”.

Si el PRC representó abierto frente único en la lucha contra la opresión española sobre la base de la compactación de nuestras fuerzas, el Partido Comunista de Cuba, el de Fidel y Raúl, constituyó desde su inicio y hasta hoy heredero de aquella postura en el combate contra cualquier intención de enyugarnos a tutelajes foráneos, a partir de la conciencia colectiva de un concepto de supervivencia defendido por la vocación compartida de un pueblo defensor de la causa. Si el PRC martiano funcionó como partido de las masas populares cubanas y proyectó su actuación histórica y su ideario en función de los intereses de nuestro pueblo, igualmente el PCC de la Revolución Cubana es la insignia representativa de una nación.

Justo 38 años antes del surgimiento de este, Carlos Baliño, cercano colaborador de Martí, fundó el 16 de agosto de 1925 el primer Partido Comunista de Cuba, en cuanto ha de considerarse parteaguas político de identidad patria del primer segmento del siglo XX, cuya condición de hito es reforzada al aparecer a su vera las figuras radiantes de Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena.

La principal misión de aquellos fundadores tras la creación del primer Partido Comunista de Cuba consistió en afiliarlo a Tercera Internacional, creada por Lenin seis años atrás. Aparte de un programa de reivindicaciones para los obreros y campesinos, se propusieron trabajar activamente en los sindicatos, organizar a los campesinos y luchar por los derechos de la mujer y la juventud. Concedieron gran importancia a la educación partidista y al reforzamiento ideológico de la prensa obrera, así como a todo lo concerniente a las mejoras laborales.

Sin embargo, la unidad de todos los hombres y mujeres comprometidos con la independencia y la justicia social vertebrados dentro de una organización de nuevo tipo resultó empeño trunco, a escala colectiva, durante el período neocolonial. No más el torrente revolucionario de la Generación del Centenario pudo desbrozar las sendas hacia la victoria, al superar los valladares que habían coartado, hasta entonces, la unidad de las fuerzas progresistas de la época.

El triunfo militar de los guerrilleros de la Sierra Maestra en la lucha contra el ejército del sátrapa (quien había ilegalizado tras su golpe de estado de 1952 el Partido Socialista Popular, sucesor desde la década del ´40 de aquel primer Partido Comunista de Cuba), el ideario ético de dicho cuerpo armado, la consistencia de lucha frontal desatada en las montañas y el alcance moral de su líder Fidel Castro coadyuvaron a la consolidación de la unidad de las disímiles fuerzas opositoras a la dictadura batistiana, luego cimentada en la necesidad de cerrar filas ante la hostilidad incesante del imperialismo yanqui desde el mismo triunfo de la Revolución y la decisión de unir todos los bríos hermanos en el camino ineludible de la construcción del socialismo.

Las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y finalmente, el Partido Comunista de Cuba (PCC) cual expresión política agrupadora del diapasón de causas enfocadas en similar prisma de redención patriótica, constituyeron los exponentes de un genuino proceso unitario cristalizado en el tercero, trascendental para el curso del proyecto insular revolucionario.

Constituido su Comité Central el 3 de octubre de 1965, hace 51 años, el Partido Comunista de Cuba es, tal queda refrendado en el Artículo 5 del Capítulo 1 de la Constitución de la República de Cuba aprobada en 1976, “martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la Sociedad y el Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

La constitución de los órganos de dirección del Partido, resultado de un proceso en el cual fueron perfeccionados y profundizados sus vínculos con las masas, acrecentó su prestigio y autoridad ante el pueblo y fortaleció su papel de vanguardia.

Lo anterior se reflejó en los nuevos avances económicos, sociales y culturales; en los pasos dados hacia modelos adecuados de gobierno local; en los éxitos de la lucha contra los enemigos externos e internos, y también en el desarrollo cuantitativo de la propia estructura política, que en 1970 dobló su membresía con respecto a 1965 (con más de 100 mil miembros), y sobrepasó los 204 mil una década más tarde, justo en el vórtice de ese hito histórico que devino el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, realizado como colofón de un proceso asambleario a nivel de núcleos, comités municipales y provinciales incluyente de la elección de los delegados al encuentro político de la familia comunista cubana.

La Proclama del Comandante en Jefe al Pueblo de Cuba en julio de 2006 y el inicio de la actualización del modelo económico confirman que el proceso revolucionario y el sistema político cubanos se abocaron hacia una nueva etapa de su desarrollo, en la cual el PCC está llamado reforzar su papel central. Un mes antes de la Proclama, durante el acto por el Aniversario 45 del Ejército Occidental, Raúl recalcó: “…únicamente el Partido Comunista, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder”.

Durante el discurso del compañero José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Comité Central del Partido y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto por el aniversario 50 de la creación del Comité Central del Partido y la fundación del periódico Granma, él expresó: “Este es un Partido de vanguardia, que demanda de cada uno de sus militantes pensar con cabeza propia y expresarse libremente en el seno de los órganos partidistas y actuar unidos; que educa y aprende en su permanente contacto con el pueblo trabajador; que tiene como estilo de trabajo conocer en todo momento las dificultades, los criterios y las propuestas de las masas; que ha educado a varias generaciones de cubanos; que ha conducido con firmeza e inteligencia la resistencia del pueblo; que tiene por ideología las enseñanzas de Marx, Engels y Lenin, la doctrina martiana y las ideas creadoras y el ejemplo de Fidel y de Raúl. Un solo Partido, como lo predicó Martí. Porque frente a los sueños del imperialismo de fragmentar a nuestra sociedad, dividirla en mil pedazos, nuestro escudo principal es la unidad. Y es el Partido, vanguardia organizada del pueblo, quien asegura, junto a este, la continuidad histórica de la Re­vo­lución”.

Machado Ventura concluyó así el significativo discurso: “El Partido ha estado al frente de las tareas más importantes y complejas de la Revolución. Hoy inmerso en la actualización de nuestro modelo económico-social e implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en el Sexto Congreso y los Objetivos trazados en la Primera Conferencia Nacional. Ya estamos enfrascados en el proceso asambleario de los comités municipales del Partido, antesala del Séptimo Congreso a celebrarse en abril del año próximo. El Partido Comunista de Cuba creció, se fortaleció y perdurará eternamente. El Partido Comunista de Cuba será siempre la columna vertebral de la resistencia de la nación cubana”.

Los militantes acompañamos al Partido no solo mediante la labor cotidiana y su perfeccionamiento, sino además a través del enfrentamiento a las manifestaciones negativas que pueden palidecer la obra por la cual tanta sangre y esfuerzo se han derramado desde la misma Guerra de los Diez Años librada por los mambises, continuada después en la Guerra Necesaria, una y otra de vocación unitaria y carácter anticolonial y antimperialista.

El Partido, desde cuando aun era un prototipo solo acariciado al calor de la idea, fue y sigue siendo hoy, junto a nuestro pueblo al cual se debe, el mejor versificador de la poesía heroica de la unidad cubana. Su labor en este territorio lo demuestra también, cada día, muchas veces incluso en la grandeza noble del anonimato.

En derredor de sus objetivos y de su dirigencia, los militantes cubanos hemos de continuar, día a día, el camino de lucha marcado por nuestros predecesores, en tanto única vía posible hacia la soberanía y la dignidad de la nación y el bienestar y la tranquilidad de este pueblo.