El pollito afeitao

El pollito afeitao

  • En la moda actual se refleja más: el ‘cómo me ven’ que el ‘cómo me siento’.
    En la moda actual se refleja más: el ‘cómo me ven’ que el ‘cómo me siento’.

Cuanto hasta hace no mucho todavía era causa razonable de enardecimiento hormonal del sexo masculino —la dimensión espacial y frondosidad del vello púbico de la mujer—, ahora provoca rechazo a algunos. Aunque tiene asiento en las civilizaciones antiguas (egipcios, romanos e hindúes practicaban la depilación general), es la posmodernidad la que viene a remarcar la tendencia, en tanto parte de las muchas corrientes en boga con implicaciones corporales, varias creadas como necesidades artificiales por parte de la industria: la publicidad constante de productos depilatorios influye sobremanera aquí.

 La tendencia —la cual Arnaldo y su Talismán reflejase en el popular número musical y videoclip El pollito afeitao—, halla fundamento en nuestros días en tres presuntas razones: higiene, placer y estética. Ninguna alcanza demasiada solidez, pues son desmontadas una y otra vez por los científicos, quienes relacionan el proceder con el actual incremento de enfermedades de transmisión sexual y de los condilomas genitales causados por el virus del papiloma humano (VPH), con la aparición de hongos, foliculitis e infecciones por medio de la propagación de bacterias, debido a la falta de aseo de los utensilios depilatorios o por cambios en la flora de la piel.

En cuanto a lo del placer, la mayoría de los especialistas exponen su falsedad, pues al depilarse muchas mujeres sienten que sus zonas íntimas se encuentran más al descubierto y están más sensibles o se irritan con mayor facilidad. En todo caso, sería para proporcionárselo a su pareja y ahí hace aguas también la teoría, pues no es real que a todos los hombres les atraiga un pubis rasurado.

 Precisa prestársele atención en tal sentido a lo planteado por el periodista Stephane Rose en su libro La defensa del pelo, en contra de la depilación íntima: “esta tendencia se originó con la democratización de Internet que acarreó, a su vez, la democratización de la pornografía. Desde el principio de los años 2000, la depilación íntima ya no es una cuestión de moda, y mucho menos de elección o de libre albedrío: una mayoría de mujeres ya no son dueñas de sus pelos púbicos y los depilan dócilmente (…) sin cuestionar el sentido de su gesto".

La ginecóloga argentina Sandra Marigena complementa el enfoque: “La sexualidad ha cambiado bastante, hay una pérdida de la intimidad, todo se expone. Es más importante el ‘cómo me ven’ que el ‘cómo me siento’. Yo pienso que estos comportamientos son un poco regresivos, creo que verse toda depilada es algo infantil y el sexo compartido y placentero es cosa de adultos. Sabiendo que son mucho más las mujeres las que se rasuran, pensar que un hombre se excita con un pubis aniñado suena bien perverso”.

La cuestión de la estética no depende tanto de niveles de percepción, pulsiones erógenas o gustos; como de influencias condicionadas.

Un viejo zorro del sexo como el finado director ibérico Bigas Luna se rió de la costumbre cuando mostró a una descomunal Valeria Marini cubierta de pelos hasta en las axilas, en su Bámbola. La Mina interpretada por la actriz italiana llevaba a los bordes del delirio al recluso incorporado por el cubano Jorge Perugorría. Su colega, el franco-argentino Gaspar Noé hizo otro tanto, al entregarle el protagónico de su drama erótico Love, estrenado en el Festival de Cannes 2015, a la actriz Aomi Muyock, cuyo bien arbolado Monte de Venus motivó que fuese la persona más buscada en Google España el año pasado.

Varias artistas se han solidarizado en contra de la moda del rasurado general, en un “movimiento de defensa de lo natural y de reconciliación con el cuerpo”, al mostrar al descubierto el vello en sus piernas o axilas: Julia Roberts, Beyonce, Alicia Silverstone, Drew Barrymore, Celine Dion, Juliette Lewis, Mo´nique, Eva Mendes, Miley Cyrus... No obstante, comprender el simbolismo del acto, pienso que están yendo de un extremo a otro. Tampoco así. Si bien me agrada ver el panorama sin retoque, como en la pintura El origen del mundo, no me atrae mucho por el contrario la idea de apreciar las piernas peludas de una mujer.

Los dejo con la visión de la dramaturga y escritora argentina Patricia Suárez. En La depilación como tortura, apunta: “Tener vello corporal es propio de la naturaleza humana; arrancarlos en pos de la belleza es una sutil tortura. El arte de arrancarse los pelos es desesperante. De hecho las frases “arrancarse los pelos” y “desesperación” son sinónimas. Las antiguas prostitutas no se depilaban, porque era el modo que tenían de mostrar que no padecían enfermedades venéreas (…). Hay que empezar a enseñar que es normal tener vello, y echar a la hoguera la vergüenza por tenerlos y la depilación”.