En «el momento perfecto» de Legna Rodríguez

En «el momento perfecto» de Legna Rodríguez

  • Los apuntes que sugiere Legna Rodríguez ofrecen más que una asimilación, un arremolinamiento.
    Los apuntes que sugiere Legna Rodríguez ofrecen más que una asimilación, un arremolinamiento.

«Hola»:

El momento perfecto (Legna Rodríguez, Ediciones Matanzas, 2012) no solo es un raro libro de poemas que reúne, irisando, sensaciones donde no existen objetos totales o independientes, sino que, persistiendo, identifica o acerca, con una extraña parábola, a la autora con ese súbito que cristaliza en el evento del punto final. Sin despertar las consecuencias de los actos, ubica su signo (el indescriptible signo) en una supratextualidad omnipresente.

El texto que no es competente con su contexto, le permite cierto vuelo que no cae en la trivialidad del cierre de sus poemas. Para encontrar “algo allí” suceden varias cosas simultáneas, subjetivas cosas que dependen de la vibración particular:

Donde ella dice: «cuando el estafilococo se alojó en mi propia peca», representa la inclusión de una travesía hasta la médula de las cosas.

Primera cosa: El movimiento.

Los apuntes que sugiere Legna ofrecen más que una asimilación un arremolinamiento, donde casi todo es causal por su interacción con lo que está-allí. Interfiriendo en ella con una macroscopía a partir de elementos que subyacen en la mirada, rebasa altos fuegos transparentes. El vicio del cuerpo observado como cuerpo cotidiano concreta el caos que alrededor descifra. En la ambigüedad de la existencia concibe el abracadabra.

Segunda cosa: La fuerza.

Implota y como resultado está lo permisivo. Sentencias que trasmiten la certeza que expone, transformándose en acto gutural y abrasivo. Eyacula a cada verso una visión real que puede compararse con «la alegría de vivir», que «podría considerarse como una intertextualidad». Así sucede que extirpa el mundo concebido en soledad, y esa auto-impuesta necedad se acumula donde es imposible detenerla. Cada núcleo es extra-verbal, fuera del poema hace un giro al interior canalizado por las «figuras que produce el viento».

Tercera cosa:La poesía.

…«están los que hacen y los que no lo hacen»; así, sibila y etérea, enreda todo el reino en esta frase,que presume suyo y pone al margen de las cosas. Suspicaz metamorfosis de la palabra, donde existe el tiempo inaudito. Doble, se puede decir, como una imagen, aunque ciertamente no llega nunca a realizarse. Dialoga lo dialógico. Vientre observado a través del vientre. También, en cierta medida,es compasiva con el otro.

En esta especie de embrujo digo: «Leche».

Y este país de irrupción precisa de un estiramiento donde no se observen síntomas de heridas abiertas por los grandes accesos al alma. Hablar, es más travieso si te habla a ti. Entonces, juega con el mito del texto. Llega a entablar puentes contigo que estarás allí percibiendo y no leyendouna emoción, un landing, una sombra que te habla tan cerca que se cofunde contigo.

Te ofrece «un río», «una tabla sobre un río», «un círculo de excremento sobre una tabla», «una copa de oro sobre el círculo de excremento», «mi cabeza sobre la copa de oro», y extrae de allí (de la copa de oro) el lienzo donde una virgen te sonríe levemente. Todos estos símbolos que no distraen, adicionan el énfasis multifactorial al cual está sujeta la autora cuando, ya creado quien planee sobre los textos, exija su derecho (e izquierdo) a tocar el núcleo fantasma.

Círculo de la vida que cada texto trata de fotografiar y sumerge.

La eclosión asistida por el impacto alcanza a través del libro cierta libertad aliterada. La madre, tensión de representar la semejanza con lo precedente y lo procedente, está no solo como una contraparte con la cual interactuar sino que dimensiona reglas para el futuro regreso hacia la parte; no es verse a sí mismo como un resultado desprendido sino como consecuencia irreprochable. El hombre, sin rostro, solo la mención de su constituyente nominal, toca esa existencia (no sujeto lírico) que la autora le subleva al parque. La visión futura la acredita bajo el sistema de propaganda estatal: «hoy leí en el periódico que para el próximo mes/ el parque a donde siempre voy habrá desaparecido». 

Y logra la queja: «me pregunto a dónde iré en busca de tranquilidad».

Existencia hecha a pedazos, ente reconstruido a fuerza de pasión y poesía, quien habla desde el poema se arriesga a desnudarse. En esta intimidante intimidad lo que crea la imagen está ahí donde la última línea y el primer respiro luego de ella. Cuando leo tengo la sensación de no respirar, tengo una sensación de ahogamiento que me permite tensar los músculos de mi cuerpo. Es posible que toda la violencia esté oprimida por la pasividad de la letra impresa: «al país que regreso no me abren la puerta»,1 «el techo se cae»,2 «decidí que no matarlos/ era lo más sencillo/ entonces los maté»3 ; tres líneas agresivasen, tres poemas diferentes y consecutivos, que junto a la negación precisan, «por un deseo incipiente», establecer lo cierto, lo paradigmático.

«la palabra PALABRA ocurrió en verano», como lo ocurrido sobre el monte Sinaí, un efecto interdiscursivo, como un juego britiano.

Como un castillo de «Vainilla» Paradise:

Casa-ciudad que vibra y transmite esa vibración. Casa-ciudad permitiendo. Casa-ciudad doblemente manifestada donde pasea espectral. Cierto fraccionar de la información mientras los caracoles, «bajo el olmo», babean su recorrido en silencio. Hay silencio en cada una de las líneas. Un silencio interior, en tanto, se exterioriza. Allí rompe «la blancura de sus formas» en el alegato. Una línea semejante que es cubierta por la tinta, eso está en la acción que tatúa «en aras de corromper».

Hay silencio en cada mirada que Legna le atraviesa a su alrededor, que se transforma en edredón esperanzado. La esperanza fija al rumbo del amor platónico. La esperanza sobre un ciego punto fronterizo. Doliente quebradura que sigue: «pidiéndolas/ bajo el olmo/ parada», unas «peras para [su] mano desnuda» y tatuada.

«Vainilla» aparece como la cristalización del tiempo solitario. La soledad allí, en conjunto o individual, se transforma en algo que es apetecible e inalcanzable (aunque lo apetecible por sí mismo ya enuncia, de cierta manera, lo inalcanzable). «Vainilla» atenúa a carga con el movimiento de esa existencia prolongada desde la sección anterior. Es convertida en una oposición del juego ausente.

Surreal insta a reverdecer la lectura. La variación de escenarios (ciudad-parque-casa-papel-consciencia) dinamiza lo extraño que Legna sugiere con la participación directa del lector. Así en “Polymitas” esa sospecha («nos encontramos todas al azar/ y debimos haber interpretado aquello/ como un signo de espera»)de que todo lentamente se va haciendo cierto, tiene una presión sobretodo bajo la influencia del estruendo.

Notas

1 “La soprano manca”, pág. 29

2 “Necesito escribir un poema donde estamos besándonos bajo un faro pero como nunca he visto un faro no podré escribir absolutamente nada”, págs. 30

3 “Muchachas en automóvil sacando las manos para afuera”, págs. 31