Esa cultura que nos dignifica

Esa cultura que nos dignifica

  • El pueblo de la capital se reunió en la Plaza de la Revolución para gritar un Sí por Cuba.
    El pueblo de la capital se reunió en la Plaza de la Revolución para gritar un Sí por Cuba.

Otra vez la gente inundó la Plaza de Martí y Fidel desde las primeras claridades de este 2 de enero de 2017. No durmieron seguramente. Pero allí estaban con caras de fiesta. Muchos llevando a sus niños en hombros. Animados por los himnos de los momentos históricos y las canciones que se han convertido en himnos porque han sabido expresar el sentir popular en música, han sabido trasladar al pentagrama ese poema difícil que es una Revolución, desdeñando el criterio estrecho de la poesía como asunto individual, intimista, alejada de los temas sociales, como si el devenir colectivo, sus penas y glorias no fueran parte de la gran obra cultural de una nación.

La Lupe de Juan Almeida se escuchó al paso del Yate Granma entre el mar de pioneros. La victoria de la inolvidable Sarah González recordó el triunfo en Giròn. Yo me muero como viví, declaraban carteles recordando El necio de Silvio Rodríguez. Ni la muerte cree que se apoderó de ti, esa bellísima imagen de Raúl Torres también estaba entre las proclamas y, por supuesto, la canción misma, Cabalgando con Fidel que nos ha conmovido por su texto poético y su emotiva música, las fotos de Fidel tomadas con sentido artístico, subrayando un gesto, una mirada; además de algunos estribillos reconfortantes para tiempos difíciles como “Raúl, amigo, el pueblo está contigo”, mientras se escuchaba la magistral trompeta de Alexander Abreu interpretando las notas del Himno de Bayamo, el de todos los cubanos, en esa vibrante declaración patriótica que es Me dicen Cuba.

La música fue un factor importante en la concepción de la revista militar y el desfile de las cubanas y cubanos que en representación de la mayoría acudieron con hijos y nietos a celebrar los 58 años de Revolución. De esa manera también se recordó al gran hacedor de esta obra magnífica y a tantas y tantos que dieron su vida para que los niños tengan vacunas contra las enfermedades y escuelas donde aprender, dos elementos consustanciales de la victoria innegable de estos años de batallar por la independencia nacional.

Toda la ceremonia militar estuvo bien concebida en tiempo y realización. La historia estuvo representada desde los orígenes libertarios con una hermosa caballería, los sucesos decisivos de la Revolución desde el año 59, la marcialidad de la revista militar, la frescura de la Colmenita de Cremata, banderas y pañoletas, una banda de música espectacular que alternó con las grabaciones de las canciones que con buen empaque artístico se han hecho eco de acontecimientos y circunstancias. Fue acertado que hubiera un sólo discurso en voz de Jennifer Bello, la presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria, como representante de la juventud a quien estuvo dedicado esta jornada.

De buena manera se mostró, a escala simbólica, esa mezcla que somos los cubanos, entre la solemnidad y el desenfado. La trasmisión televisiva contribuyó a mostrarnos el colorido, los detalles del desfile y resaltó el gran mosaico, la totalidad de un espectáculo enaltecedor en el más profundo sentido cultural.

Las cámaras televisivas aportaron una dinámica visual más allá de lo puramente informativo. Hubo muchos planos que mostraban la belleza del escenario, el torrente que avanzaba desde la Avenida Paseo, los elementos que engalanaban la Plaza y los rostros alegres de hombres, mujeres y niños.

Otra vez la Plaza se llenó, este 2 de enero de 2017, con Fidel multiplicado, como antídoto para adversidades posibles, como expresión de esa cultura que nos dignifica y nos ha hecho reconocibles en el mundo: la del amor y la resistencia, el desprendimiento y la alegría, la gratitud y la certeza de convertir en posible lo que parece imposible.