Espacios públicos: motivaciones de la UNEAC

Comisión de Cultura, Turismo y Espacios Públicos de la UNEAC

Espacios públicos: motivaciones de la UNEAC

  • Muchas personas desconocen las leyes y normas cívicas en Cuba.
    Muchas personas desconocen las leyes y normas cívicas en Cuba.

No se trata de debatir por debatir, ni conceptuación ni investigación alguna por profunda, renovadora y rigurosa que sea (o parezca) puede ser un objetivo en sí mismo, si no intenta mejorar la cotidianidad de los pueblos. Tales ejercicios del intelecto en la práctica diaria, incluyen la teoría que desdichadamente, suele creerse antagónica y hasta excluyente, olvidando que tan indispensable es la práctica teórica como la teoría práctica; reto de la Comisión de Cultura, Turismo y Espacios Públicos de la UNEAC, que estas líneas pretenden encarar.

Si importantes son los aportes que se puedan realizar para multiplicar la producción de alimentos, ropas y otros bienes materiales, y descubrir nuevos medicamentos y terapias contra las enfermedades, no menos importante es comprenderse uno mismo y a todos los demás por diferentes que los veamos. Lo cual es el primer paso hacia el respeto entre todos, incluso a las restantes especies y medio ambiente en general. De ello depende una mejor convivencia y la felicidad de cada cual, y por tanto, la calidad de vida.

Traicionamos toda esta producción intelectual al engavetarla sin promoverla en nuestras artes, y se retarda así el desarrollo social de todos y para todos, lo hace disfuncional si quienes crean imágenes y deciden estrategias y acciones se mantienen al margen, sin educar y re-educar las comunidades a una más activa participación para resolver sus propios problemas, retroalimentándonos con ellas y desde cada una de ellas. Quizás los espacios públicos estén entre los ejemplos más representativos pues en ellos, la convivencia exige especial atención en que las artes enseñorean, aunque también es esencial en los espacios privados e incluso, para mejor convivir con uno mismo.

Asimismo, como tantos otros temas, los espacios públicos ejemplifican la urgencia de la interdisciplinariedad; por fortuna, la posmodernidad echa por tierra las parcelas que tan peligrosamente nos acomodan como dueños absolutos y hasta excluyentes (al punto del prejuicio por intrusismo, que a veces esconde temores por insuficiencias) de cada objeto de estudio.

Ciertamente, es muy saludable contar con arquitectos y urbanistas que enriquezcan los equipos interdisciplinarios que entiendan los espacios públicos; pero no arquitectos ni urbanistas cualesquiera: no estrechos, sino aquellos capaces de retroalimentarse con las restantes disciplinas. Por suerte, en la UNEAC contamos con profesionales de tal calibre, y hemos de reconocer en ese sendero lo que ya han aportado Augusto Rivero Mas y Juan García Prieto.

Es lamentable que no todos comprendan la diferencia entre la casa y el hogar; igual los espacios públicos, trascienden con creces al hecho arquitectónico, urbanístico, y de diseño ambiental. En tanto aquellos que nos pertenecen a todos, a los que no hay restricciones de acceso de ningún tipo salvo las normas sociales generales establecidas por ley escrita o convenciones no escritas (al margen de su lógica y valores revolucionarios u obsoletos), todos hacemos los espacios públicos; y ello requiere del historiador de cada espacio, de su antropólogo, sociólogos, sicólogos, comunicólogos, ecólogos, artistas… es pérdida de valores que lo “de todos” se tergiverse como que no es de nadie.

Los espacios privados, aquellos cuyo acceso se restringe para sus dueños y moradores, y aquellos que estos decidan y en la medida en que lo decidan, se rigen por sus propias normas de cada cual, aunque relativamente, porque hay normas sociales (escritas y no escritas) que no han de violarse en aras también de la convivencia, no obstante a menudo se violan para degenerar las tantas disfuncionalidades familiares y domésticas y propician las tantas formas de violencia (familiar y doméstica) cuando se abusan esas relaciones como propietarios de la pareja, de los hijos, de los ancianos, de las mascotas, del patrimonio heredado, hasta de los amigos… y otros arbitrios con que no pocas veces ese espacio privado altera al espacio público, por ejemplo, con sus escándalos y al botar desechos.

Se han clasificado los espacios públicos en calles, parques, plazas y espacios verdes; pero insisto en los espacios institucionales: aquellos con funciones específicas (teatros, escuelas, centros de trabajo, hoteles, iglesias, etc.), que suelen pertenecer al Estado; son públicos, pero con funciones y normas derivadas según su dirección y el ramo concreto, de quienes no son espacios privados, sino los responsables de que cumpla lo mejor posible su cometido social, y no pueden disponer arbitrariamente de ellos. Aun cuando se trata de particulares con mayor autoridad en tal espacio (cuentapropistas en el caso cubano) hay normas que tampoco deben violar, como por ejemplo, las reglas de higiene y salud en cafeterías y restaurantes, y la ley vele que se cumplan.

Los espacios públicos son más vulnerables, al ser de todos sin un cuidado en particular; muchos los atiende Servicios Comunales con sus limitaciones, y al equilibrarse cada entorno, muchos los emplean para satisfacer las más diversas necesidades cuando hay otras carencias, como por ejemplo, la falta de baños públicos o de lugares para el sexo, lo que además de desencuentros con cada entorno, los hacen más vulnerables aún a asaltos y enfermedades.

Cuando al nombre oficial de nuestra Comisión de Turismo de la UNEAC se le agregó “…y Espacios Públicos”, como suele suceder, se han explicitado estos lugares que por tan cotidianos, no habían sido objeto de estudio de la modernidad burguesa, y que sin embargo, la posmodernidad reivindica como genuinas tradiciones desde las más remotas comunidades, cuyo patrimonio suelen distinguir por su significado colectivo y personal de tantos; y sí, son del interés de los turistas, pero no solo de los turistas: es en primer lugar interés de la propia comunidad, cuya cultura integral (incluidas todas sus instituciones, y hasta sus familias y espacios privados allí donde tenga acceso el turista, como se aprecia en quienes rentan casas, relaciones que se hacen y visitan en sus hogares, personalidades de interés que accedan a ello, etc.), en la medida en que se preserve, motiva al turismo (sin excluir “sol y playa”, rutas ecológicas, ¿no son espacios públicos?) y sin olvidar que existen tantos intereses turísticos, como aquellos que cada turista pueda descubrirse en sí mismo, frente a opciones insospechadas hasta entonces, descubriendo identidades mucho más allá del imaginario y del turismo enlatado.

Es saludable esta coyuntura que nos detiene en los espacios públicos, aunque no es tan nueva como se cree; se conoce de estudios y hasta eventos y cursos en México, Argentina y otros países, especializados en los espacios públicos, y en Cuba desde la Antropología, los Estudios Culturales, la Historia Local, la Ecología (son ecosistemas), ya se valoraban hace al menos dos décadas.

Son los parques los primeros en que pensamos cuando hablamos de espacios públicos; pero son también las calles, y muchos más. Solo reflexionemos por ahora en los que otros autores llaman “no lugares” pero con todo el respeto, prefiero considerar espacios públicos con otras identidades, como puede ser el transporte urbano: espacios públicos móviles; los hay ocasionales, y otros.

Estos espacios públicos suelen ser pulmones urbanos y patrimonio comunitario aunque no se haya declarado como tal; deben seguir siendo como siempre han sido, escenario bohemio de todo tipo de artistas: cantantes, guitarristas, poetas, actores, bailadores… profesionales que de pronto “descargan” aquí, con o sin público; aficionados o simplemente, el artista que cada cual lleva dentro y en ese espacio en tanto suyo, siente que puede exteriorizar y así se realiza, y con su felicidad contribuye a la ajena; las antiguas retretas contra todo prejuicio, demuestran su éxito como tuvo en el centenario del parque Villalón en el 2015, por su promotora Eyvis Llerena Brito, con radio y audiovisuales. Áreas para que niños y mascotas jueguen, jóvenes y adultos mayores ejerciten su cuerpo, se ventilen negocios, relaciones de parejas u otros, romances, alguien medite en sus congojas, alegrías, preocupaciones, o simplemente relaje… lugar de conocer personas que podrán o no trascender en nuestras vidas… hoy zonas de comunicarse con nuestros afectos en otros países mediante la Wi-Fi…

Así cada comunidad reconoce su identidad y valores en cada espacio: parques de iglesias, del Almendares, el Fe del Valle o del Curita, institucionales de La Tropical, del Zoológico, Acuario, etc., y que como toda identidad transcultural en los nuevos contextos sin por ello perder lo mejor de sus raíces y valores… y siempre con el respeto y aceptación entre todos (visitantes, vecinos, su flora y fauna doméstica y silvestre, su ornato que también lo identifica y ni individuos ni instituciones pueden alterar a su antojo, salvo para mejoras de probada valía en función de todos), y garantizar así su mejor aprovechamiento, convivencia y realización de cada cual, y que florezcan más allá del momento, estos espacios públicos, donde se define el alma y el ritmo de cada comunidad.