José Antonio Rodríguez: rey Midas de la actuación cubana

José Antonio Rodríguez: rey Midas de la actuación cubana

  • El grande de la actuación cubana José Antonio Rodríguez junto a sus amigos.
    El grande de la actuación cubana José Antonio Rodríguez junto a sus amigos.

Actuar es el bastón de mi vida

José A. Rodríguez

Si los maestros Carlos Díaz, Premio Nacional de Teatro, y Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine, son los reyes Midas de las tablas y la pantalla grande insulares y fuera de nuestras fronteras geográficas, el maestro José Antonio Rodríguez (1935-2016), Premio Nacional de Teatro y de Televisión,  es —sin duda alguna— el rey Midas de la actuación, a todos las escalas, porque no solo cubría de oro, divino y humano, todas y cada una de sus interpretaciones en los medios de comunicación, en los cuales incursionara con éxito durante su fecunda existencia terrenal, sino también dotaba de energía vital a los personajes que representaba en las tablas, en la pantalla chica o en el mundo mágico del séptimo arte.

Al director fundador de la agrupación teatral El Buscón y a mí nos unía un vínculo afectivo-espiritual y profesional que se mantuvo y mantendrá incólume per se culom saeculorum.

Mi archivo mnémico evoca, con inefable placer, que José Antonio me invitó a la celebración de su cumpleaños 70, que tuvo lugar en el capitalino reparto Cubanacán, donde se reunió la flor y nata de los actores y músicos cubanos, para festejar —por todo lo alto— dicha efeméride.

Ahora no recuerdo quién me pidió que escribiera unas palabras de elogio dedicadas al maestro por su onomástico; solicitud que cumplí con gran satisfacción intelectual y espiritual, y que fueron leídas por la carismática artista Yanelys Brito, porque —en aquel entonces— mis cuerdas vocales se encontraban afectadas como consecuencia de un nódulo, que desapareció meses después.

Cuando llegó a las 75 primaveras, los amigos del multifacético actor le organizaron una fiesta en su casa, donde Dios y la vida me permitieron conocer personalmente y departir durante horas con los maestros Carlos Ruiz de la Tejera (1932-2015) y Héctor Quintero (1942-2011), cuya sabiduría, sencillez y humildad enriquecieron —¡y de qué manera!— la mente y el alma de este escribidor,  quien, en aquella oportunidad, redactó para Radio Reloj una crónica que recogía las inolvidables incidencias acaecidas esa tarde única e irrepetible.

Como vínculo eminentemente profesional, José Antonio me invitó a impartirles una conferencia sobre el embarazo fantasma a los actores que participarían en la puesta en escena de la obra ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, ya que la actriz Sheila Roche debía conocer todas las características psicopatogénicas que configuran la personalidad de una mujer que presenta un embarazo de este tipo.

Fue un intercambio enriquecedor con los primerísimos actores Verónica Lyn y José Antonio Rodríguez, así como con los artistas Miguel Fonseca y Sheila Roche, quienes integraban el elenco artístico de ese clásico del teatro estadounidense y universal, llevado a las tablas de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana (hoy Alicia Alonso), y que generó una crónica que salió al éter por las ondas nacionales de Radio Reloj y las ondas internacionales de Radio Habana Cuba

La última vez que vi con vida a José Antonio Rodríguez ya lamentablemente había perdido sus facultades mentales. No olvidaré nunca que lo saludé con el afecto y el respeto que siempre le profesara. La reacción que le provocara ese saludo fue mirarme con detenimiento, y con la ingenuidad propia de un niño, preguntarme: « ¿quién tú eres». Esa interrogante me llegó al alma, ya que, en ese instante, caí en la cuenta de que la actuación cubana había perdido a uno de los gigantes de las artes escénicas de todas las épocas y todos los tiempos.