La gran amplificadora musical

La gran amplificadora musical

La radio sigue siendo en Cuba una gran difusora  de la música nativa y la foránea. Es notable como pone música a la cotidianidad. Es suficiente hacer un recorrido por mercados populares, barberías y peluquerías, ferias, por las noches de los custodios para comprobarlo.

Y no solo ocurre en “el campo” como llaman algunos al resto del país fuera del perímetro capitalino. En La Habana  también se escucha  y existe una relación con los oyentes que atentos a sus programas favoritos llaman para pedir piezas musicales, felicitar a familiares y amigos, a los artistas que admiran. Y lo hacen por el correo tradicional o mediante las nuevas tecnologías.

Hay quienes creen que esas son costumbres provincianas, fuera de época, pero en realidad resultan nexos, formas de sentirse parte,  familiaridades que dan noticias del lugar que ocupa la radio en su existencia desde los más recónditos rincones, donde tienen que usar el radio de pila, hasta los centros urbanos más notorios en los teléfonos móviles.

Las emisoras nacionales cuentan con grandes espacios dedicados a la música. Unos especializados y otros, como las discotecas, donde se pueden escuchar todos los géneros. Y ese es un aspecto importante en un país con las precarias condiciones económicas del nuestro.

Los que no están en condiciones de adquirir cualquier tipo de equipo reproductor de música,- realmente a precios prohibitivos en la mayoría de los casos-, pueden oír la música preferida gracias a la radio, medio que cuidan y tratan de mantener porque inexplicablemente no hay radios en las redes comerciales, lo cual es un reclamo no atendido y del que tanto el ICRT, el Ministerio de cultura y la propia UNEAC deberían hacerse eco para influir en la solución del asunto.

Hay anécdotas curiosas y valiosas que forman parte de las leyendas radiales, como la del campesino en lo intricado de la Sierra Maestra que era un conocedor de la música clásica y el bell canto porque la única emisora que lograba sintonizar su radio, por un desperfecto en el dial, era CMBF, radio musical nacional.

Pero lo cierto es que moviendo el dial justamente, se puede encontrar todo tipo de música, desde la tradicional cubana a la tradicional latinoamericana, desde los ritmos más delirantes  a las canciones que han hecho época en todos los tiempos, las baladas, desde la llamada época prodigiosa a las más recientes fusiones en moda.

La cantidad de emisoras de alcance nacional, provincial o municipal que abarcan todo el país permiten una gran variedad difusora y también medidas de por donde andan los gustos, las tendencias porque hay espacios que llevan los records de preferencias y van estableciendo los lugares que ocupan ejecutantes y géneros.

Los jóvenes tienen espacios dedicados a sus inquietudes, pero con la garantía de ciertos niveles de calidad que ofrecen lo más reciente huyendo de lo más vulgar que lamentablemente se escucha en grabaciones de fiestas no sólo privadas, sino hasta en las escuelas. Y a juzgar por cartas, correos electrónicos o llamadas telefónicas esos programas juveniles tienen audiencia.

Es cierto que a todos gusta tener los medios más modernos para escuchar música porque es la moda, para estar en onda, para estar en la última pero es muy importante que mientras no se tenga esa posibilidad la radio en todo el país propicie mantener la memoria musical y difunda la actualidad como gran difusora de la variedad.