La guerra por causa de un cerdo

La guerra por causa de un cerdo

  • Nadie aclara si en bellas Islas la libra de carne de cerdo se mantuvo a 10 dólares o a 100 como aspiraban los ingleses.
    Nadie aclara si en bellas Islas la libra de carne de cerdo se mantuvo a 10 dólares o a 100 como aspiraban los ingleses.

¡No deje de leer! Nada que ver con los agro-mercados ni la tan mal llevada noticia de los precios del cerdo. Esta carne que según los arqueólogos, los antropólogos e incluso algún que otro arriesgado dietista antillano, se empeñan en tildar como la más digestiva, no es el objetivo de mi comentario.

Pero hagamos un poco de historia. Se dice que su domesticación se inició en la región sudoeste de Asia hace unos 13.000 años. Se han encontrados sus restos óseos en el neolítico europeo, sin negar que en Europa también se domesticaron jabalíes salvajes.

El 15 de junio de 1859, Lyman Cutlar, granjero norteamericano que vivía en las Islas San Juan, se percató que un cerdo estaba comiendo sus tubérculos. No era la primera vez. Tan enfadado estaba que de un disparo mató al infeliz animalito. Charles Griffin, inglés, contratado por la Compañía de la Bahía de Hudson, era su propietario.

Ambos granjeros habían vivido en paz. Cutlar ofreció $10 a Griffin para compensar el cerdo, pero Griffin no estaba satisfecho con la oferta y demandó $ 100. Cutlar se quejó:-

—Se come mis papas—.
—Depende de ellas para vivir—. Respondió Griffin.

Esta simple discusión de vecinos comenzó a tomar calor.

Las Islas San Juan geográficamente se sitúan entre la isla de Vancouver y el continente de América del Norte. Sin embargo en 1846 había cierta incertidumbre acerca de la geografía de la región, por lo que tanto Estados Unidos como Inglaterra reclamaban su soberanía. Gran Bretaña convirtió la isla en un rancho de ovejas, a la par que una veintena de colonos americanos se establecieron en el lugar.

La cosa era que las islas, por su posición, significaban un estratégico punto militar para ambas potencias. Cuando las autoridades británicas amenazaron con detener a los pobladores americanos, el General Brigadier William S. Harney, al mando del Departamento de Oregón, envió 66 soldados para impedirlo. Los británicos, fiel a su idiosincrasia, respondieron con tres buques de guerra bajo el mando del Capitán Geoffrey Hornby.

—Vamos a hacer un Bunker Hill de ella—. Al mando de los americanos el Capitán George Pickett desafió al enemigo, logrando con ello colocarse en el centro de la atención nacional.

La escalada —como la del precio del cerdo en nuestros mercados—continuó en aumento. Agosto de 1859 los Estados Unidos, con tropas al mando del coronel Silas Casey acudían en auxilio del fanfarrón Pickett. El más mediocre estratega sabría que a 66 soldados estadounidenses con solo 14 cañones se le haría “algo difícil” oponerse a cinco buques de guerra británicos, con capacidad para 2140 hombres.

Pero a pesar que el gobernador de la colonia de la isla de Vancouver, James Douglas, ordenó a los ingleses desembarcar, el contralmirante británico Robert L. Baynes se negó, y decidió que: "Dos grandes naciones en una guerra por un cerdo era una tontería”.

—Defiéndanse a sí mismos, pero absolutamente no disparen primero— habían indicado los comandantes locales de ambos mandos.

Durante varios días los soldados adversarios intercambiaron insultos, no obstante primó la disciplina. No hubo un solo disparo.

Cuando las noticias, a diferencia de hoy que llegan apenas en segundos, se conocieron en Washington y Londres, los sorprendidos funcionarios calmaron lo que amenazaba en convertirse en un incidente internacional.

En septiembre el presidente de EE.UU. James Buchanan envió al general Winfield Scott a negociar con el gobernador Douglas y resolver la crisis. Ambas partes acuerdan reducir sus fuerzas a un número simbólico de no más de 100 hombres hasta que una solución final fuera alcanzada. Las pequeñas unidades británicas y norteamericanas mantuvieron una muy amistosa vida social, visitándose mutuamente en los campamentos para celebrar sus fiestas nacionales.

En 1871 Gran Bretaña y los Estados Unidos firmaron el Tratado de Washington, que buscaba, entre otros intereses, la decisión de resolver el conflicto de San Juan. Una comisión de arbitraje de tres hombres que se reunió en Ginebra decidió el 21 de octubre de 1872 a favor de los Estados Unidos. En noviembre de ese mismo año los británicos retiraron su campamento militar, y los estadounidenses lo hicieron más tarde, en julio de 1874.

Sin embargo, la tradición se ha impuesto a los intereses de la política. Hoy en día los guardaparques de las Islas izan a diario la bandera británica junto a la estadounidense, convirtiéndose este en uno de los pocos lugares sin status diplomático en que los empleados del gobierno de EE.UU. elevan regularmente la bandera de otro país.

A decir de los visitantes, los guardaparques cuentan que la mayor amenaza a la paz en aquellos tiempos fue "la gran cantidad de alcohol disponible", cuyos principales clientes fueron los honorables miembros de ambas unidades militares “en pie de guerra”.

Lo que nadie nos aclara es si en las bellas Islas el precio de la libra de carne de cerdo se mantuvo a 10 dólares como querían los americanos o a 100 como aspiraban los ingleses.


1Los registros históricos indican que los cerdos domésticos asiáticos fueron introducidos en Europa entre los siglos XVIII Y XIX, mezclándose con las razas europeas.