Para salvar la trova tradicional

Para salvar la trova tradicional

  • Trío Matamoros, ícono de nuestra cultura musical.
    Trío Matamoros, ícono de nuestra cultura musical.

La trova tradicional, ese juglaresco género al que en Cuba le debemos no pocas piezas antológicas que han marcado en buena medida las esencias de nuestra cubanía puede, sencillamente, morir.

Sé que no pocos estarán en contra de esta terrible aseveración y que podrá tal vez tildárseme de  catastrófico, de animal de mal agüero, en fin.  Pero la verdad es que hay mucho que hacer para preservar y promover a los creadores más puros de la trova tradicional más pura. Y me refiero la de Sindo, Corona, Teofilito, Pepe Sánchez, Matamoros, porque la llamada nueva trova, heredera de aquella, va por buen camino a pesar de que “puede que algún machete se enrede en la maleza…”

El asunto estriba en que los más viejos exponentes del género, los más fieles, radicados de por vida en cualquier provincia del país no disfrutan de la suficiente promoción intencionada ni de adecuados beneficios remunerativos subsidiados por las instituciones pertinentes. No tienen los mejores espacios para sus presentaciones ni la necesaria visibilidad en la televisión y otros medios de comunicación.

Podrá aducirse que ello tiene que ver con el mercado, la aceptación de segmentos —entre ellos el turismo— que prefiere la guaracha y el son para echar un pasillito o con los vaivenes del gusto popular, pero lo cierto es que he visto morirse casi en el olvido a grandes como Pancho Cobas, fundador del Cuarteto Patria o Daniel Castillo o Zaida Reyter, por solo citar algunas verdaderas reliquias de la trova tradicional con más penas que gloria.

Creo que se han hecho algunas acciones: he ahí, por poner un buen ejemplo el rescate —tardío por cierto— con esfuerzo nacional de una figura como Eva Griñán que se añejaba en la oscuridad de un pertinaz olvido, pero aún hay muchos por los que hacer sin esperar que alguien de afuera venga a descubrirnos nuestros valores musicales más genuinos. (Recordar a Laíto y al Buena Vista S.C.)

El asunto es que hay que hacerlo pronto y bien. Y digo bien porque hace unos años, abultados de buenas intenciones, un grupo de jóvenes de la capital quiso instaurar un día —no recuerdo cuál— como día de la trova cubana, desconociendo que el 19 de marzo, en homenaje a  Pepe Sánchez, hace más de medio siglo había sido declarado ya como el día del trovador.

Corresponde, a mi juicio, en primera instancia, a las provincias cuidar su patrimonio, atender como se debe a los trovadores de más recia estirpe, promoverlos y situarlos en el justo altar donde debieran estar. Protagonizar la sobrevida y el desarrollo de estos pilares de la cultura de la nación.

Gracias a personas como Lino Betancourt, el que más sabe de trova tradicional en el mundo, la trova tiene otro bastón en su vejez. Pero para que no muera hará falta una revisión a fondo de lo que necesitan, por propio mérito, alcanzar sus hacedores.