Para ser más consecuentes con nuestra política cultural

Para ser más consecuentes con nuestra política cultural

  • Lo que sí es política cultural es educar y no asesinar el idioma. Foto tomada de Internet
    Lo que sí es política cultural es educar y no asesinar el idioma. Foto tomada de Internet

Ya hace 25 años del significativo Fresa y Chocolate que supuestamente, debió marcar un antes y un después; 12 años que Rolando Pérez Betancourt presentó en La séptima puerta, Brockeback Mountain, con su apasionado e histórico beso entre dos hombres; casi dos años de otro beso en televisión, no menos histórico por mostrarse en una telenovela brasileña de las de mayor audiencia en el país y para toda la familia; estos entre otros muchos hitos y logros (anteriores y posteriores) de la más genuina y urgente Revolución, que yo mismo he aplaudido desde estas páginas y en otras tribunas. Una de ellas ha sido la transmisión hace ya varios años, de una de las mejores series de televisión de que podemos disfrutar los amantes de las artes y los defensores de la justicia social: El Coro (Glee) en la que tampoco fueron escamoteadas las escenas de besos sexuados dentro del mismo sexo, y que también aplaudí que se exhibieran, si bien ciertamente, esta actitud liberada ha sido muy irregular y no siempre consecuente, y en no pocos casos ha sido evidente la infeliz censura moralista y (en este caso) homofóbica desde los medios y por supuesto, sus decisores, no todos implicados, claro está, sino por momentos.
Recientemente los debates sobre la Constitución demostraron la urgencia de fortalecer la educación sexual en Cuba, con las actitudes de desafiante orgullo homofóbico, como si fuera una virtud; no obstante, por amplia mayoría hemos aprobado una Constitución que condena y prohíbe todo vestigio de discriminación, incluida aquella por opciones o (como le llaman) orientación sexual. Su violación debiera ser objeto de demandas y pleitos judiciales. Aun más, estamos (también hace años) en una sociedad donde los más “macho men” ya se besan; claro que no son besos sexuados, pero besos que antes eran absolutamente condenados, como se condenaba incluso el beso entre un padre y un hijo, o entre hermanos varones. Ya no… por fortuna, ya no, y se alienta el camino al amor sin prejuicios.
Por eso quedé atónito el sábado 9 de marzo de 2019 cuando disfrutando una vez más de la serie El Coro (cierto que es una repetición, pero mucho más atinado repetir joyas así en vez de tanta bazofia y hasta veneno con que se embute a la población en tantos países, estrenos o no) la escena en que el homofóbico Karofsky se desenmascara besando en la boca apasionadamente, al “open gay” Kurt, al que tanto perseguía, bullyng que ha sido otro triste pero muy común episodio en nuestra sociedad, motivo de más para re-educar contra tales actitudes. Este era un punto de giro crucial en la historia, que apuntaba allí, a esa auto-represión causante de tanto odio; sin embargo…. apenas Karofsky afincó sus manos en el rostro de Kurt y acercó sus labios… la pantalla del televisor quedó oscura breves segundos, pero suficientes para que al esclarecerse, no se viera más que la reacción atontada de Kurt, incrédulo ante lo que a nosotros, televidentes cubanos, no nos dejaron ver.
Es importante recalcar 2019, a casi 30 años de que la homosexualidad fue eliminada oficialmente como una enfermedad, lo cual derivaba también de toda una tradición de luchas anti-homofóbicas en muchos países que se remonta al menos a 1897, cuando el judío polaco-alemán Magnus Hirschfeld fundó el Comité Científico Humanitario para defender los derechos homosexuales; lo que obviamente ignoraba un crítico del llamado “Primer Mundo” cuando criticó a la excelente serie El alienista que se puso en nuestra pantalla, por la defensa inusual de su protagonista de tales derechos antaño… sin reparar que era un intelectual y ya había movimientos así en el mundo, y con antecedentes.
Y cabe preguntarse, ¿cómo es posible que esto esté pasando en nuestro país en marzo del 2019, con todos los antecedentes y explícitas necesidades de más valiente, sistemática, rigurosa y comprometida educación sexual que ya cité? Ya hace décadas que se explicita que la sexualidad no está en lo absoluto “contra la Revolución”, y se trata de rectificar esa mala interpretación con que tanto dañaron los homofóbicos de los años 60, 70, 80… y se demuestra más reciente, inclusive, y que tanto han dañado a la propia Revolución al actuar impunemente desde ella misma y a su nombre. ¿Cómo es posible que esto suceda desde instituciones eminentemente estatales, como lo es la televisión cubana, contradiciendo así el más elemental discurso oficial por el que se aprobó nuestra Constitución? Hay que re-educar que “no es nada malo”, pero lo traicionan si lo mantienen en la invisibilidad y es obvio que ocultan el beso gay frente a tanto sexo heterosexual gratuito, cuando en realidad habría que exhibir ya El celuloide oculto, aún 24 años después y cuyo único intento, falló.
Queda en tela de juicio nuestra Revolución por esta, como por toda discriminación; un grande de la televisión cubana como José Ramón Artigas me comentaba (y me entristecía) cuando fue cuestionado en busca de más jóvenes, como si el talento tuviera edad, cuando ni siquiera puede entenderse acríticamente la edad como madurez o experiencia: todo es casuístico.
Lo que sí es política cultural es educar y no asesinar el idioma, y aun “aportes” de invitados (en este caso del transporte, que también deben ser re-educados para hablar en los medios) muchos profesionales repiten palabras como aperturar y aperturamientos, o en “la cajita” escriben “celebrativo”. Ya no se promueven competencias; solo se promocionan “competiciones”. Se mal emplea “visualizar”, y peor aún “visionar”. Apunté de “la cajita” el sábado 16 de junio de 2018 al reseñar el filme Equipaje mortal, “un tipo” que cruza la frontera… ¿cómo explicar a un aspirante a la Universidad que lo suspendemos en español por coloquialismos, frente a tales ejemplos? O la expresión “de gratis”, que he comprobado inducida hasta en profesores de español en universidades; o capacidad “innovativa” (ahora por funcionarios de biología con la farmacéutica en el Noticiero del martes 17 de julio de 2018); mi estimada colega la Dra. Yareira Puig agregaba haber oído “riquera”, “repitancia”, “respetancia”, “gozancia”… y aún no sabemos qué es “sotangló”; si el vocablo existe, ha de explicarse; a fines de abril escuché una comentarista que para desacreditar más, condenaba las “mentiras falsas”. Por fortuna, el viernes 28 de septiembre la periodista Maura Suárez habló del abuso perjudicial del mal llamado lenguaje de género; al menos eso, debieran retomarse los tan instructivos, amenos y acertados spots sobre el idioma, entre otros.
Suele haber malas traducciones de aprendices extranjeros de tan complicado idioma que es el castellano, o de nativos que no conocieron bien su idioma materno, o que lo han tergiversado con la práctica cotidiana de otros idiomas en otros países; es una buena hipótesis, pero lo educativo de la televisión no debe limitarse a dos canales y a sus nombres, y mucho menos a censurar besos entre dos hombres, censura que mal educa y es base de intolerancias y odio, antesala al bullyng agresivo e incluso, a homicidios.
En otros renglones, en el espacio para adolescentes Quédate conmigo (Cubavisión, 6 a 6:30 pm, lunes 18 de junio de 2018) se dedicó a la recreación y la ruralidad, término que surge como contraposición de urbanidad pero no contextualizaron; apuntaron que en lo rural el hombre (con tanto discurso seudo-feminista, aquí sí cabría muy bien decir “el ser humano”) tiene mucha más relación con la naturaleza, ignorando la naturaleza y “lo natural” en cada contexto urbano, que tanto urge re-educar, y los daños y anti-natural que también sufren contextos rurales, más allá de que la realidad trasciende con creces a lo urbano y lo rural; por no detenernos en que “lo cubano nace del campo” y es donde sí vive “gente buena”… ¿y aquellas villas, y las ciudades, cada vez más habitadas? En vísperas de los 500 años de La Habana en el norte y festejando por más de un lustro tantas otras ciudades cubanas, ¿no merecen que se disminuyan las dosis vejatorias y el regionalismo que tanto ha dañado nuestra historia? La homofobia degrada a todos, pero también todo esto, y sí es de la política cultural ponerle freno, y darle vuelco atrás.