Titón de Festival en su aniversario 90

Titón de Festival en su aniversario 90

  • De familia acomodada progresista, a Titón ya se le adjudican cortos en 1947. Foto tomada de Internet
    De familia acomodada progresista, a Titón ya se le adjudican cortos en 1947. Foto tomada de Internet

En estos días, el habanero Tomás Gutiérrez Alea, más conocido como Titón, estaría cumpliendo 90 años de edad, pues nació el 11 de diciembre de 1928; pero falleció en su ciudad natal con 67 años el 16 de abril de 1996, y fue enterrado en el Cementerio de Colón. Con toda justicia, a él está dedicado el corriente Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en su edición40, ya que de este fue muy influyente precursor, pionero y protagonista con más de 20 largometrajes, documentales y cortos que escribió y dirigió, representativo de ese movimiento de los años 60 y 70 llamado precisamente, “nuevo cine latinoamericano”; según otros también, “cine libre” o “cine imperfecto” contra la “perfección” comercial hollywoodense ni el “cine de autor” europeo, sino para el cambio social y político, priorizados sobre la estética por sus bajos recursos, para un espectador participante activo que integrara la trama del filme.

De familia acomodada progresista, ya se le adjudican cortos en 1947 (La caperucita roja y El faquir) y en 1950 (Una confusión cotidiana, basado en novela de Franz Kafka) cuando se graduó de Derecho en la Universidad de La Habana en 1951, y del Centro Sperimentale di Cinematographia en Roma en 1953 con toda la impronta de aquel neorrealismo italiano tan avanzado y en boga entonces que trascendería al futuro cine cubano, y donde filmó con su coterráneo Julio García-Espinosa (Il sogno de Giovanni Bassain, 1953), con quien en 1955 también co-dirigió en Cuba el documental El Mégano (además junto a Alfredo Guevara, José Massip y otros), el documental La toma de La Habana por los ingleses (1958) y en 1959 fundarían el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) para lograr en efecto un nuevo cine cubano revolucionario al que ya aporta sus documentales Esta tierra nuestra (1959; el primero del naciente ICAIC, centrado entonces sobre todo en documentales y noticieros), Asamblea General (1960, 14 minutos), Muerte al invasor (1961, 16 minutos) y de ficción la primera del ICAIC: Historias de la Revolución (1960, 81 minutos), y luego Cumbite (1964, 82 minutos).

También de entonces son sus emblemáticas comedias Las doce sillas (1962, 97 minutos) y La muerte de un burócrata (1966, 85 minutos), suerte de homenaje a la historia de la comedia cinematográfica con alusiones directas a Buster Keaton, Laurel & Hardy (El gordo y el flaco), Luis Buñuel, y muchos más, donde un joven vaga confundido por oficinas burocráticas para intentar exhumar el cadáver de su tío que había sido enterrado con su tarjeta de identificación, sátira penetrante contra la burocracia del Estado, en época en que la consigna era contra la burocracia. Genuino revolucionario, su mayor apoyo al proceso que le tocó vivir, estriba en el análisis crítico y valiente en toda su obra de aquella realidad sin soluciones entonces previsibles.

Memorias del subdesarrollo (1968, 97 minutos), para muchos su obra maestra y entre los 100 mejores filmes de todos los tiempos según la Federación Internacional de Clubes de Cine “por su profundidad, sus innovaciones a nivel del lenguaje cinematográfico y la riqueza de las interpretaciones…” entre lo épico y lo íntimo, adapta de la novela de Edmundo Desnoes y aporta el antihéroe con la ambigüedad que según algunos, le identifica; fue esta la primera película cubana exhibida en los Estados Unidos desde 1959: un burgués en La Habana de 1961 desdeña y se pierde en aquella Cuba, según el propio Titón “collage… con un poco de todo”, con secuencias narrativas de estética documental, enfoques fijos de cámara en mano, montaje de agitación que evoca cineastas soviéticos tempranos como Eisenstein, fotos inmóviles, imágenes de archivo y muchos noticieros, discursos grabados de Fidel y de Kennedy, clips de filmes de Hollywood con que contrasta su aparente desorden para activar y desarrollar actitudes críticas.

Además de Maestro de las nuevas generaciones, continuará con películas de distintos momentos de la Cuba colonial con sus contradicciones e hipocresía más allá de religión y esclavitud: Una pelea cubana contra los demonios (1971-1972, 130 minutos) y La última cena (1976, 120 minutos) y un documental: El arte del tabaco (1974, 7 minutos); Hasta cierto punto (1983-1984, 88 minutos), cuento semi-autobiográfico del amor entre un documentalista y una obrera, interpretada por su esposa otra descollante entre las actrices cubanas, Mirtha Ibarra. Enfermo en los años 90 co-dirigió con su amigo Juan Carlos Tabío Fresa y Chocolate (1993, 110 minutos), primera película cubana nominada a los Óscar y primera que protagoniza un homosexual asumido, muy serio conflicto en la sociedad cubana, canto a la diversidad y a la aceptación; y Guantanamera (1995, 101 minutos), que vuelve al humor negro contra la burocracia renacida y pujante.

También concluyó De cierta manera que dirigía Sara Gómez cuando ella falleció y le había aportado su dramaturgia con Julio García-Espinosa (1974-1977); otra comedia de humor negro: Los sobrevivientes (1978-1979, 130 minutos); se le han reconocido también Cartas del parque (1988, 88 minutos) y Contigo en la distancia (1991, 27 minutos); no menos importante es su ensayo Dialéctica del espectador (1982, ediciones UNIÓN), donde preconiza la misión del director para ayudar al espectador entre la identificación y el distanciamiento para un “espectáculo socialmente productivo”.

Y se acumula una bibliografía en torno a Titón en otros países: De compañero a contrarrevolucionario. La Revolución cubana y el cine de Tomás Gutiérrez Alea (Joan del Alcázar Garrido y Sergio López Rivero; Publicacions de la Universitat de València, 2009); Cinema and social change in LatinAmerica: Conversations with filmmakers (Julianne Burton; Austin, Universidad de Texas, 1986); The Cuban image (Michael Chanan, London, 1983); Tomás Gutiérrez Alea (del cubano José Antonio Évora, 22 Festival de Cine de Huesca. Instituto de Cooperación Iberoamericana, Huesca 1994); Les Cinémas d’Amerique Latine (Guy Hennebelle y Alfonso Gumucio-Dagron -Hrsg-, París, 1981); Memories of Underdevelopment. The Revolutionary Films of Cuba (de Titón con Edmundo Desnoes, Myerson, Michael -Hrsg.-, New York 1973); Tomás Gutiérrez Alea: Os filmes que não filmei (Silvia Oroz (Anima Produçoes Artísticas e Culturais, Rio de Janeiro 1985); Le Cinema Cubain (Paulo Antonio Paranagua, Centre Georges Pompidou -Hrsg.-, Paris 1990); 10 Años del Nuevo Cine Latinoamericano (Teresa Toledo, Cinemateca de Cuba, Verdoux Quinto Centenario -Hrsg.-, Madrid, Habana 1990); y Jahnke, Eckart; Lichtenstein, Manfred: Kubanischer Dokumentarfilm. Staatliches Filmarchiv der DDR (Hrsg.), Berlin 1974; además del documental sobre su vida y obra, Titón, de La Habana a Guantanamera que dirigió Mirtha Ibarra.