Un analfabeto peligrosísimo

Un analfabeto peligrosísimo

  • Bolsonaro, el zocotroco. Foto tomada de internet
    Bolsonaro, el zocotroco. Foto tomada de internet

A Brasil, como dice el pueblo, le cayó la sarna.

Sí, un energúmeno total para la presidencia, quien declara que la dictadura militar que allí mandó debió matar a treinta mil brasileños más. O que le responde, a una periodista que había formulado alguna pregunta problemática, que a ella nunca la iban a violar, porque estaba muy mala.

Algunos dicen, de seguro con razón, que es un hijo putativo del inquilino de la Casa Blanca. O sea, una  especie de “trompito”. 

Pero hay un horripilante asunto, que a nosotros, nos toca. Porque la emprendió contra nuestra adorable legión de las  batas blancas, poniendo en descampado médico a millones de sus compatriotas.

Les exige nada menos eso que llaman un “examen de reválida”.

Claro, además de un degenerado, es un ignorante total.

Desconoce que, desde hace mucho, muchísimo tiempo, la medicina cubana es el espejo donde se han mirado las  escuelas de  esa ciencia, incluidas las europeas.

Él no sabe que hubo un camagüeyano singularísimo llamado Carlos Juan Finlay y Barrés (1833-1915), galardonado con la Legión de Honor Francesa en 1908 y que fue postulado siete veces al Premio Nobel de Fisiología y Medicina. (Postulaciones a las cuales se opusieron las autoridades médicas estadounidenses, quienes favorecían en el hallazgo a Walter Reed, un vulgar ladrón en cuanto al hallazgo científico).

O no recuerda que nuestros médicos estaban aquí aplicando las vacunas contra la viruela y la rabia muy poco después de que el británico Edward Jenner y el francés Louis Pasteur obtuviesen esos productos.

Ni que en el siglo XIX, el galeno habanero Manuel González Echeverría, experto mundial en epilepsia, iba a ser convocado por Roma, para que fuese el médico del papa Pío IX, quien padecía de ese mal.

O que nuestro doctor Joaquín Albarrán y Domínguez (1860-1912) se enseñoreó de la urología mundial

Ahora este cavernícola le exige a nuestros muchachos —receptores de aquella copiosa herencia médica— que se sometan a exámenes de calificación..

Claro, pedirle a ese señor que tenga información sobre tales asuntos es… bueno… en demasiado pedir, para semejante zocotroco.

En él se dan maridaje la mala fe y la imbecilidad.