Una procesión en Cuba para los Reyes Magos

Una procesión en Cuba para los Reyes Magos

  • Peregrinación por la Habana Vieja en el Día de los Reyes Magos. Fotos: Pepe Cárdenas
    Peregrinación por la Habana Vieja en el Día de los Reyes Magos. Fotos: Pepe Cárdenas
  • Peregrinación por la Habana Vieja en el Día de los Reyes Magos. Fotos: Pepe Cárdenas
    Peregrinación por la Habana Vieja en el Día de los Reyes Magos. Fotos: Pepe Cárdenas
  • Peregrinación por la Habana Vieja en el Día de los Reyes Magos. Fotos: Pepe Cárdenas
    Peregrinación por la Habana Vieja en el Día de los Reyes Magos. Fotos: Pepe Cárdenas
  • Peregrinación por la Habana Vieja en el Día de los Reyes Magos. Fotos: Pepe Cárdenas
    Peregrinación por la Habana Vieja en el Día de los Reyes Magos. Fotos: Pepe Cárdenas

El colorido de la plaza San Francisco de Asís es policromo. Vistosos y típicos trajes de época, de los más variados colores pululan en el adoquinado asfalto. Se aglomeran bailarines y músicos. Público local y foráneo se preparan para encender sus cámaras. Alegría desbordada en los rostros de algunos, asombro ante la fastuosidad para otros.

Comienzan las manos a percutir los tambores, junto al ritmo de los “palos” sobre la sartén. Trompetas y trombones lanzan al viento las notas de las melodías: está formada la conga, ¡a arrollar!

Así daba comienzo el pasado 6 de enero, la celebración del Día de los Reyes Magos con la salida y procesión del cabildo, otrora costumbre que hoy, en cortejo a la tradición, rememora el pasado.

Se organizó con motivo del XXX aniversario del museo Casa de África y la celebración del XX Taller Científico de Antropología Social y Cultural Afroamericana que organiza dicha institución, iniciativa de retomar la centenaria tradición, comenzada en igual fecha pero de 1996 en ocasión de celebrarse el X taller de nombre homónimo.

Pero hay más, hay más en esta tarde soleada sobre la plaza, cercana al convento que acogió la Orden Franciscana —conocida como los frailes franciscanos— en la villa de San Cristóbal, primer territorio en América en acoger esa congregación que pretendía evangelizar a todos sus pobladores. Hay más que hombres y mujeres ataviados con ropa de época y danzando al compás de una música irrenunciable al cuerpo.

Me resulta imposible separar este bello cuadro naif que mis ojos advierten sobre la calle de Los Oficios. Quiero tratar de estar todo el tiempo en este popular pedazo de suelo cercano al mar, testigo mudo de este lugar; sobre él un impresionante crucero de más de 1000 metros de eslora, ejerce su mirada atónita sobre la muchedumbre.

Ya no advierto solamente el lienzo que constituye esta amalgama de personas, observo vitrales con las más caprichosas figuras. Quiero estar aquí y ahora, en pleno siglo XXI pero un portal temporal se abre ante mí y me traslada a 1683 cuando, aprovechando las festividades del día de Reyes Magos según pasaje bíblico, a los esclavos se les “regalaba” una aparente jornada de libertad; jornada que “intentaba” borrar cepo y cuero, muerte y esclavitud; jornada en que las mulatas a lo Cecilia Valdés, ataviadas con sus mejores ropas renegaban su color dado que el paradigma del colonizador español dictaba desprecio y sumisión para la tez oscura; jornada para adorar a dioses que no les pertenecía a aquellos negros arrancados de África y que veneraban a Olofi, Zambi y Abasí.

La intención era demostrar a los foráneos y observadores de la época una imagen distinta del cruel proceso de la esclavitud, pero, ¡cuidado! a foráneos y observadores del momento, no vean únicamente a una muchedumbre enaltecida por la música y el baile, a mulatas lindas y trajes exóticos, detrás existió mucho dolor y sufrimiento.

Se cierra el portal, nuevamente estoy en la calle Los Oficios. Infinidad de destellos sobre la mar de gente, propician los flashes.

Continúa la procesión, son varios los grupos folclóricos aquí reunidos, así como también comparsas típicas de las barriadas habaneras, entre ellos Componedores de batea, Marqueses de Atarés, Compañía danzaria JJ, Proyecto socio-cultural Cabildo Quisicuaba y los Sanqueros de la Habana Vieja. 

Llegamos al Templete. Allí la Ceiba sagrada, de su matriz brotó la Villa de San Cristóbal de La Habana, según la leyenda. Allí varios Iremes de la sociedad secreta Abakuá —inmersa también en los 180 años de fundación en igual fecha—, mal llamados diablitos por las hordas segregacionistas, veneran el árbol fundacional al compás de los tambores Sese, Ekueñon, Mpegó y Nkríkamo.

A mi memoria, los 5 negros de esa hermandad africana acribillados a balazos en las aguas del malecón habanero el 27 de noviembre de 1871 por la defensa de uno de los 8 estudiantes de medicina fusilados en igual fecha por la supuesta afrenta a la tumba del periodista español Don Gonzalo de Castañón. Sin embargo, por mucho tiempo permanecieron en el olvido esos cinco hermanos.

La Plaza de la Catedral, una de las más barrocas de Latinoamérica, ve llegar la procesión. Es demasiado fuerte el asombro y el empuje de la música. Se suman más personas.

La calle Mercaderes, también se hace testigo de la cruzada musical y danzaria. La calle en que por siglos se vendía el sustento de muchos habaneros. Hoy, dirige su mirada a la comercialización de un producto cultural que no siempre resulta el más evidente de nuestra gran riqueza artística, más bien cierto folclor banal y superfluo, es mostrado al turista.  

El clímax es alcanzado al llegar a Plaza Vieja. Alcanza niveles increíbles el placer, o “gozadera” como se dice en buen cubano. Sin embargo, se me hace obstinado el recuerdo.

Sé que hoy, es distinto el presente pero no debemos olvidar el pasado. Aquellos negros en procesión se les permitían llegar al antiguo palacio de los Capitanes Generales para recoger aguinaldos. Hoy no es así, hoy se recoge dignidad, principios y conceptos. De eso también debemos hacer gala, ahora que los tiempos pueden confundir al que no tenga claro la mirada.

No puede existir una mirada folclorista que banalice nuestras tradiciones. Que las nuevas generaciones sepan sobre el rigor, sufrimiento y dolor que se erigió el presente, muchas veces olvidado y no referenciado. Los amigos foráneos, ahora que una avalancha de ellos se torna en vuelta a nuestro país, deben conocer nuestra realidad. No se trata de ser expertos en el conocimiento de nuestra historia pero tampoco debemos regalar el pasado, que sepan que fue erguido en el dolor fraguado por nuestros ancestros.