El mundo impúdico de Bad painting (II)

El mundo impúdico de Bad painting (II)

  • En este texto la autora también narra el interior del ser humano.
    En este texto la autora también narra el interior del ser humano.

El análisis profundo de la autora se retoma en parlamentos del relato “La violinista verde, según Chagall”:

“se sentaron en el Malecón y le pasó la mano por los hombros”.

“Se asomó y nos saludó preguntando: “Habrá quimbombó en el agro”

“De ese sí averiguamos que era músico. Toca en un grupo que ensaya en la Casa de la Cultura y ha viajado cantidad.”[1]

donde se evidencia un cambio en el espacio narrado. A partir de este momento, el libro se fragmenta placenteramente y los personajes se deslizan en otros ambientes, algunos descritos en espacios cerrados como “Escultura de Caballo azul con cuerno, enfocado más en el estado de ánimo de la protagonista que en la historia y las conductas circundantes.

Los seres vivientes también caminan por el escenario cubano:

Esta perspectiva también aparece en el relato “Aquel-que-está-encerrado”. Narrado desde la voz de un niño ciego que conversa consigo mismo. Sus pensamientos son lo más importante del relato. A través de ellos se da a conocer, los temores y sufrimientos, sentimientos de culpa, de los personajes. La sensación de miedo es el elemento descollante que le da vida al relato.

La historia se mantendrá dentro de un espacio cerrado, ajustándose con precisión a la caracterización del personaje que solo puede distinguir a las personas y los objetos por el olor:

“Siento un fuerte olor a crema de afeitar, periódicos y cigarros populares”[2]

Y que muestra, además los elementos que delatan el ambiente cubano.

Esta fragmentación a la que hemos aludido indica dos vertientes de la obra: el ethos y el pathos. En la primera parte del libro los protagonistas y sus conflictos se proyectan hacia el exterior.

La autora se concentra en la historia y la expresa a través de la conducta de los personajes. Dibuja la personalidad de los mismos con todos los matices sicológicos indispensables para incrustarlos en una vida carente de sentimientos. En la que con rápidas pinceladas se crea ese mundo deprimente. Sin emociones:  

“Él la convencía de que no creía en el amor, pero no podía vivir sin el sexo, y ella murmuraba algo parecido” [3]

Así se expresan los personajes del relato “Instalación con Basura”. Uno de los que conforman esta primera parte de la obra en la que se vislumbra lo que los críticos han denominado como “estatismo emocional”.

La segunda, se abre a las emociones, Vega Serova a partir de este momento narra el interior del ser humano. Sus conflictos más íntimos. Sus emociones y sentimientos. El amor es expresado desde el desamor, el abandono.

Este punto de vista se percibe en uno de los relatos tres últimos relatos de la obra, “La violinista verde, según Chagall”, la narradora describe el desconsuelo de la protagonista cuando descubrió que su amante se había marchado:

“Ella viró sonriendo y canturreando con dos jabas enormes del agro. Quisimos ayudarla pero dijo: “No me pesa”. Y era como si de verdad no le pesara. Flotaba en vez de andar.

"Tocó la puerta, esperó y todavía sonriendo abrió con la llave. Caminó pesadamente con las jabas mirando por los rincones. Cuando vio el papel, los tomates, naranjas y demás rodaron por la sala.

"Nos daba pena de verdad y queríamos ayudarla, pero no nos abrió. Algunos miraron a ver qué hacía. Ahí estaba sentada entre las frutas. Dicen que no lloraba”.[4]

En los siguientes relatos este cambio de perspectiva es notorio en los cuentos, “Escultura de caballo azul con cuernos” [5] narrado en primera persona por un personaje involucrado en la historia, recurso que la autora utiliza con frecuencia.

El comportamiento de una adolescente con retraso mental, provoca en el rechazo de los jóvenes de su entorno, discriminándola. Brotan en esta historia los sentimientos de culpa y temor:

“Me miró calmada y me dijo: ¿Qué se hace cuando alguien muere? ¡Qué sé yo! Tembló de pronto y empezó a llorar. Única vez que la vi rompiendo el equilibrio. Me asusté, me acobardé, huí. La dejé sola en la noche con su dolor, sus miedos, sus enigmas”[6]

El cierre del libro nos seduce con otro cuento sobre el sufrimiento, Aquel-que-está-encerrado[7] en el cual se develan los sentimientos de culpa de la madre por la ceguera de su hijo, las emociones del protagonista por su propia cegara, su sufrimiento existencial:

“Mi odio hacia ella lo convierte en odio suyo hacia, que no es más que mi odio hacia mí mismo. Al comprender eso un relámpago a traviesa mi mente, y….

…..grito, grito como si recobrara al fin la voz para gritar…mientas mi mamá intenta atraparme. Lucho resbaloso contra su olor a pena, a dolor, a culpa. Estallan los recuerdos del castigo por entrar al cuarto prohibido, cuando estalló el mundo en mil pedazos, como aquella cosa que acabo de romper, como aquel espejo que rompió ella cuando yo los vi, como aquel último arcoíris de cristales que se clavaron en mi piel, en mi córnea, en mi garganta, en mi alma. Grito desde la oscuridad, batiendo las manos, revolcándome…”[8]

Por lo que, en esta segunda etapa o fragmentación de la obra, están presente las emociones, el desenfreno pasional, percibiéndose un “dinamismo emocional” en contrastante con el “estatismo emocional” de la primera parte. Elementos que nos permiten disfrutar de dos momentos diferentes en una misma obra en la cual se denuncia la discriminación física, sin embargo, ninguno de sus personajes son descritos por su raza, el referente discriminatorio sugerido por la autora es el cuerpo humano y la inteligencia en un universo marginal proclive a la exclusión.

En su obra se hace referencia a la religiosidad la cual está exenta de etiquetas. No se asocia la etnia con la religión ni los roles domésticos a la feminidad. Como sucede con otras autoras de la época,  que vinculan la mulata con la santería y la marginalidad, el catolicismo con la persona blanca y culta. Por solo mencionar algunos de los estereotipos hallados en la narrativa cubana.

La religiosidad aparece dislocada ente el asunto y apunta hacia formas diversas de espiritualidad. Como: fantasmas, magos, budistas, astros, ángeles, flores, Hadas y presentimientos:

“el Mesías fue el que trajo al Poeta, y con el otro poeta me acusaba de romper intuiciones[9]

Muestra con ello la necesidad de devoción, de abrazarse a una fe, cuando está presente el sufrimiento y la injusticia a las que es sometido el ser humano. Además de establecer una ruptura en cuanto a los referentes a la religiosidad, rasgo característico de los escritores noventa, que en relación con la generación anterior, inscriben de formas diversas en la literatura, lo concerniente al mundo espiritual.

Temática que había sido intocable en otros períodos, como en el denominado por el escritor Ambrosio Fornet, como “El quinquenio gris” en el cual imperaba el ateísmo, en las letras cubanas.

La sexualidad es otra de los elementos descollantes de su obra en general. Octavio Paz plantea que “cuerpo y mundo se acarician o se desgarran, se reflejan o se niegan”10 (Paz, 1969: 129). Vega Serova no describe el cuerpo humano, aun refiriéndose a las relaciones sexuales. Tampoco menciona palabra alguna que lo represente. Quedan fuera de la obra referencias a la vagina, el pene y el clítoris. Ni ninguna relacionada con los órganos sexuales.

Sin embargo, hay muchas referencias a la sexualidad, vinculadas a la violencia, (Performance de Navidad) lo escatológico, (Instalación con basura) el salvajismo (Niña con perro, según Picasso o el más dulce de los cementerios) (elemento latente en la obra desde varias perspectivas), la promiscuidad (Triple escorzo).

La presencia de estos elementos han dado de qué hablar. El escritor Víctor Fowler comentó en cierta ocasión:

“Apenas con dos libros ha ido diseñando uno de los universos personales más

inquietantes de la narrativa cubana del momento; su tratamiento de lo expresionista, monstruoso y grotesco, así como lo rutinario de la violencia y sordidez que habitan sus personajes, carece de paralelos entre los escritores de hoy.11

La autora nos conduce mediante su obra a este mundo sombrío y execrable, y lo hace de forma directa, sin sutilezas que tiñan la crueldad a la que está expuesta el ser humano. Muestra a modo de galería, como obras pictóricas, el arte de las culturas e ideología marginales afroamericana e hispanoamericana.

“Band painting es un término referido a la plástica, lo cual nos sugiere, además un estilo de vida de algunos artistas: “los cuentos de Bad Painting recrean el ambiente de los artistas plásticos y poetas: aún aquí hay una sociedad clánica vinculada por la actividad generosa (o egoísta) del arte por el arte. Y de la droga y de la promiscuidad sexual, lo cual parece formar parte inherente de los ambientes artísticos, se trate de New York, San Petersburgo o La Habana.12

Al llegar a este punto, en que otros autores críticos han mencionado como un mundo ingénito de ciertos “ambientes artistas”· Conviene preguntarse ¿A qué convoca Vega Serova con estos relatos? ¿Denuncia este ambiente? ¿Pudiera comprenderse como: un llamado al orden, incitación a la cordura? O es acaso un mundo pletórico de ficción, donde solo la imaginación mueve los hilos de estas historias. Ninguna de estas preguntas será respondida con la suficiente exactitud. Tampoco hace falta contestarlas. De alguna manera, estos personajes forman parte de la imaginación sinuosa del más convincente creador de ficciones. Con una lectura hoy desde la mirada atenta e incansable de sus lectores, es suficiente.



[1] Ibídem. Pág. 40-41

[2] Ibídem. Pág. 49

[3] Ibídem. Pág. 29

[4] Ibídem. Pág. 41

[5] Ibídem. Pág. 42

[6] Ibídem. Pág. 45

[7] Ibídem. Pág. 47

[8] Ibídem. Pág. 54

[9] Ibídem.

10 Paz, Octavio (1969), Conjunciones y disyunciones, México, Joaquín Mortiz.

11 Fowler, Víctor (2001): Historias del cuerpo. La Habana, Letras Cubanas.

12  Ruffinelli, Jorge (2008): “Anna Lidia Vega Serova: De San Petersburgo a La Habana, de las artes plásticas a la escritura”, Nuevo Texto Crítico, vol. XXI, 2008, nº. 41-42, pp. 43-50.