Poeta “Protestante”: Carlos Augusto Alfonso

Poeta “Protestante”: Carlos Augusto Alfonso

Cierro el cuaderno y quedo pensando en lo diverso que es el mundo de la poesía. “Protestante” de Carlos Augusto Alfonso (Ediciones UNIÓN 2014) es un libro lleno de intrincados y espléndidos versos en los cuales se hace un uso del idioma que enfrenta al lector a acepciones inesperadas y a construcciones de impensable etimología.

Un libro que transita sin prejuicios por el juego verbal erudito lo mismo que por ciertas jergas de la especificidad. Es así que, libre de ataduras y correctivos, lo que nos propone Carlos Augusto Alfonso es también el territorio de un habla corrupta en el que las innumerables alusiones a lo público edifican, a su modo, la forma política de una intimidad. Siendo así, pareciera que los poemas de “Protestante” no describen sino una forma mentis, por lo que el conjunto deviene un viaje lleno de sobresaltos por los vericuetos de una lengua cuasi privada.

En un libro como este la historia no es protagonista sino en lo esencialmente crucial. No ha sido reinventada sino recontextualizada, y asumida desde una lectura en la que los mismos lugares, personajes y símbolos, son entrevistos desde una percepción aguzada y, en rigor, atenta a los accidentes de su corrupción constitutiva. Todos ellos enredados, trabados unos con otros hasta formar una amalgama de imágenes y figuraciones que dan lugar a los deslumbrantes tropos de Carlos Augusto Alfonso que, desde su primer libro hasta hoy, han tenido la misma tónica. Esto constituye una fidelidad, una consecuencia ante la poesía y, por demás, una certeza de ser portador y dueño de la autoridad de un estilo.

Quizás por eso, leer a Carlos Augusto es viajar, ya bien por el tiempo, o por el espacio. Siempre resulta placentero, para un lector de poesía, entrar en el universo discursivo de un autor que se desgarra, que cuestiona su entorno y su época y que descompone los ordinarios modos del lenguaje y las latitudes del sujeto escribiente en una manera muy particular de ver y decir la vida.

A veces, en los versos de Carlos Augusto se despliega todo el dolor contenido por una ciudad que corre el peligro de la despersonalización:

“EL DÍA DE SANTA BÁRBARA”

Le habían puesto más carros a la dos.

El chofer otomano con su color cetrino natural

Desparasita y mata con su actitud...

 

“LAS MUCAMAS DEL HILTON”

En el Hilton Guitart, antes que me despierten yo las veo:

A esas limpiadoras como a las carboneras

Gastándose en el río, chinas pelonas;

Cómo retienen líquido y aguantan una depilación en cera.

 

ESPADA

En la calle Aramburu están los nichos

De la colocación de un salmo lejos.

Porque ya me quedé en campo santo,

En carreras de sacos, sin relevo,

En una encrucijada sin poder.

Pero Carlos Augusto es un poeta cuyo universo referencial es vastísimo y que en sus versos gusta de hacer rechinar los anacronismos con el mismo placer que otros proponen acrósticos y crucigramas. En todo momento aparecen locaciones, hechos y personajes de todas las épocas, geografías y literaturas como: Pascasio Speek, La cola del pan, Lezama, Albear, el Carbono 14, Roma, Jerusalén, Pi y Margall, Sun City, Cintio y Fina, El Diluvio, Las Cruzadas, Constantino y hasta Eduardo Chibás.

Asoman también referencias musicales que nos revelan a un melómano y amante de nuestro acervo. Es por todo eso que los poemas de Carlos son verdaderas galerías, muestrarios de las monstruosas e informes maravillas de lo que llamamos la Historia, el arte y la literatura. Leerle constituye entonces un ejercicio de buen gusto y un placer muy peculiar.

“Protestante” quizá porque propone una mirada sin intermedio entre Dios y el lector, un camino de extraña fe ante la vida y una nueva lectura para la historia, la escrita y la que no se ha escrito aún. Carlos Augusto Alfonso persiste y perdura en su poesía. Resiste: “no todo colabora pero sigo / esperando no obstante que me hablen”. “PROTESTANTE” al fin.