¡Arriba el telón del Teatro Martí!

¡Arriba el telón del Teatro Martí!

  • Portada del libro. Foto: Ismara Álvarez
    Portada del libro. Foto: Ismara Álvarez

El Teatro Martí forma parte de las más interesantes piezas de la arquitectura e historia teatral del siglo XIX y de buena parte del XX. Esa premisa constituye el punto de partida para el libro Teatro Martí. Prodigiosa permanencia de la arquitecta cubana Nancy González Arzola1.

Para su investigación sobre este sitio emblemático de la cultura cubana, la autora se nutre de publicaciones de informaciones periodísticas y literarias, junto a grabados, documentos diversos, testimonios, ilustraciones, fotografías, llevadas al tratamiento digital de imágenes por el escritor Sigfredo Ariel--, sobre los artistas de la época, sus públicos, los innumerables sucesos históricos vinculados al teatro, las biografías de los dueños y las crónicas de Julián del Casal, entre otros elementos de interés.

Uno de ellos revela que:

 “El 24 de Febrero de 1899, en La Lucha, el periodista Aniceto Valdivia, escribe: “Hizo el General en Jefe Máximo Gómez su entrada en la Ciudad de La Habana al frente de una brigada mambisa. Primer aniversario de esa fecha en Cuba independiente de España. El 25 de febrero, el Generalísimo y sus acompañantes y los jefes de escolta, se trasladaron a la Quinta de los Molinos, lugar que les dieron por residencia (…) Al día siguiente jefes y oficiales asistían invitados al Teatro Yrijoa, hoy Martí, aplaudiendo a Benito Simancas y a la bailadora del zapateo, La Camagüeyana, que con otros artistas vernáculos trabajan en la compañía de bufos de aquel teatro”.

Este es uno de los fragmentos de Teatro Martí. Prodigiosa permanencia, título que me atrevería a calificar de extraordinaria lectura, dirigido no sólo al lector más avezado en lo concerniente al contexto de las tablas, sino también al considerarlo de valiosísima contribución para la historia social de la cultura nacional, al partir del surgimiento y desempeño profesional y artístico de un coloso de la arquitectura teatral del siglo XIX español, de sus continuos cambios de administración durante los diferentes períodos de transformaciones político-sociales (Colonia, intervención norteamericana, República, Revolución) ocurridos en el país, hasta su actual restauración y reapertura.

De importancia en el libro, gracias a la prolífica investigación de su autora, es uno de los textos en el que subraya, dentro del marco histórico, lo referido “al inventario del teatro y la totalidad de los enseres, realizado el dos de mayo de 1891 por parte de la Secretaría de Hacienda del gobierno colonial, al siguiente día de que el dueño original —Ricardo Yrijoa, nacido en Galicia, España, quien no era un hombre rico, sino un modesto y osado luchador por la supervivencia de su familia—, devenido administrador del inmueble desde 1887, permitiese celebrar en su interior el Día del Trabajo, el Primero de Mayo.

“(…) En ellos se describe la organización espacial arquitectónica original del interior del teatro: el piso móvil de la sala, que permitía colocar la platea en posición horizontal, así como elementos constitutivos tales como escalinatas, columnas, mamparas, vidrieras teatinas con vidrios coloreados, que cerraban los palcos grillés hacia la sala; puertas y ventanas; muebles (tipo y color); elementos decorativos como jarrones, espejos, lámparas…señalando en cada caso el estado físico en que se encontraban”.

Así, del lenguaje conceptual de “teatro provisional de verano”, propio de la arquitectura teatral del siglo XIX español: “en que sistema constructivo y materiales empleados, permitían armarlo y desarmarlo en sitios diferentes de la ciudad, dejando sus fachadas exteriores en pie, lo que propiciaba su aprovechamiento ulterior”. Con el tiempo, el Martí llega a ser un espacio de/para constantes propuestas, entre ellas, la celebración de la Primera Asamblea Constituyente de la República. 

“Con su restauración se rescató la historia de Cuba. El Teatro Martí es una forma de ser, de estar, de escenificar un país. El Teatro Martí merecía no morir”, dijo el escritor Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura durante la presentación de esa obra en la sede de la Casa de las Américas. Ciertamente, a lo cual podríamos añadir que la historia del Teatro Martí es el triunfo del virtuosismo y la perseverancia en los tiempos críticos, o como bien afirmara aquel que lleva su nombre, nuestro José Martí: “Son los tiempos como ondas del aire que entre sí se comunican y extienden las glorias de los que se cobijaron a su sombra”.

¡Arriba el telón por siempre para gloria del Teatro Martí!

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Nota:

1Nancy González Arzola: Teatro Martí. Prodigiosa permanencia. Primera Edición: Ediciones Unión, La Habana, 2016. Segunda Edición: República Dominicana, 2016.