Benny, siempre Benny

Benny, siempre Benny

  • ¡Qué suerte, qué fortuna cultural el nacimiento en la isla de Bartolomé Maximiliano Moré en 1919!
    ¡Qué suerte, qué fortuna cultural el nacimiento en la isla de Bartolomé Maximiliano Moré en 1919!

Benny Moré es la máxima figura de la música cubana, el mayor exponente vocal  de sus géneros. Su manera de interpretar o decir  el son, el bolero, la guaracha, todo, elevaba su arte a planos de impresionante belleza y expresividad.

 A tantísimos años de su muerte (1963), ahí está, recordado, vivo en La Habana y en toda Cuba porque, sin dudas, el artista lajero está vivo en la memoria, en el imaginario de toda la isla y, también, en una discografía de inconmovible vigencia.

Además de enorme talento vino al mundo con un aparato vocal que domesticó en los más disímiles sitios y desde edad muy temprana y, a la sombra de viejos maestros porque, donde quiera se cantaba bien, ahí estaba Benny todo oído y todo devoto, no en balde se rendía ante un Miguelito Cuní cuando, yendo a su casa de La Cumbre, por pura inspiración, detenía su automóvil, entraba a un bar con victrola y lo seleccionaba en la muy variada pizarra de cantantes y repertorios.

“Nunca he estudiado música. Yo lo que tengo es un gran oído y le pongo a las cosas el ritmo que me corre por la sangre”. Explicó una vez.

Con tales tesoros recibidos de la naturaleza, ni un solo momento dejó de crecer como artista tanto en La Guinea, Pueblo Nuevo, Santa Isabel de las Lajas que lo iluminó para siempre con lo hispánico, lo africano, lo franco-haitiano tan presente por las inmigraciones traídas allí por las plantaciones de la caña de azúcar.

El torrente de tradiciones populares, el fuerte sincretismo sonoro lo envolvió y protegió para siempre, basta verlo bailar en algunas películas mexicanas para comprobarlo.

Como los negros norteamericanos con el jazz, Benny Moré fijó en la médula de su sangre, la magia y las esencias del son; podía cantar y danzar con maestría cualquier ritmo pero, en su armoniosa, continua y envolvente coreografía, asomaba el son. El proteico son.

El son era parte de su médula, el son era la base  de esa fascinante mistura e hibridación musical de su arte.

En el Panteón de los Grandes está Benny Moré con García Caturla, Amadeo Roldán, Ernesto Lecuona, Bola de Nieve, Obdulio Morales, Arsenio Rodríguez, Chano Pozo,  Bebo Valdés, Pérez Prado, Machito, Mario Bauzá, Niño Rivera y otros muchos.

Él vive, se eterniza cada vez que lo escuchamos con Mucho corazón, Encantado de la vida, Ensalada de mambo, Me voy pa’l pueblo, Santa Isabel de las Lajas, Pachito e’ che, Romper el coco,  Bonito y sabroso. O lo escuchamos acompañado por las orquestas de Mariano Mercerón, Arturo Núñez, Dámaso Pérez Prado, Ernesto Duarte, y, por supuesto, con su amada banda o, mejor, su tribu (debuta el 3 de agosto de 1953 en CMQ Radio) que formó inicialmente con Cabrerita, Miguel Franca, Santiago Peñalver, Roberto Barreto, Virgilio Vixama, Chocolate Armenteros, Rigoberto Jiménez, Domingo Corbacho, José Miguel, Alberto Limonta, Chicho Piquero, Tabaquito, Fernando Álvarez y Enrique Benítez.

Dios, cuántos genios juntos al mismo tiempo y en las manos del Genio Mayor y, afuera, escuchando, como bobos y colmados de admiración y respeto: sus colegas de la Riverside, Conjunto Casino, Hermanos Castro, Sonora Matancera, Chapottín, Fajardo y sus Estrellas, Arcaño, América, Aragón, Melodías del 40.

¡Qué suerte, qué fortuna cultural el nacimiento en la isla de Bartolomé Maximiliano Moré, el 24 de agosto de 1919!

Felicidades Cuba por tu Benny Moré.