Buena escuela, relevo seguro

Buena escuela, relevo seguro

  • El saxofonista Joe Lovano, invitado a interpretar varias de sus obras con la genial sinfónica, quedó sorprendido con los jóvenes concertistas a su espalda. Foto del autor
    El saxofonista Joe Lovano, invitado a interpretar varias de sus obras con la genial sinfónica, quedó sorprendido con los jóvenes concertistas a su espalda. Foto del autor

Entre los diversos aciertos de la recién terminada edición XXXIII del Festival Internacional Jazz Plaza, estuvo la visibilización, en un escenario magno como este, de las escuelas de música.

Se logró mostrar, además, el quehacer y potencial desarrollado por el sistema de enseñanza artística cubana, de probada eficiencia y referente mundial.

Uno de esos momentos excelsos e inolvidables fue la actuación de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Amadeo Roldán y la Joven Jazz Band, ambas dirigidas por el maestro Joaquín Betancourt en la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba.

Sabemos, como dice la voz populi, que en nuestra tierra se dan los músicos con solo sacudir una mano, pero no alcanzamos a ver esa verdadera dimensión hasta que uno enfrenta un concierto como el escenificado por estos jóvenes pero ya portentosos talentos.

Recuerdo la ya clásica entrada de los primeros músicos. Resulta que el primer violín era un muchacho que apenas rozaba 1,40 metros de altura. Pequeña estatura física pero de gran estatura musical, al deleitarse y deleitarnos con su interpretación y la de sus compañeros.

Más de una treintena de jóvenes integrantes de esta extraordinaria orquesta, dejaron atónitos a los presentes. Se les vio virtuosos, académicos, capaces de leer en el pentagrama la más exigente pieza; a la vez tempestuosos y pródigos en la improvisación.

Interpretaron música popular y clásica. Parten de esta última como base de sus estudios generales, lo cual le garantiza una sólida base teórica y práctica. Las exigencias del género clásico quedaron pequeñas, con qué seguridad se les vio tocar sus instrumentos…

El saxofonista Joe Lovano, invitado a interpretar varias de sus obras con la genial sinfónica quedó sorprendido, no daba crédito a lo que sus ojos veían, observaba a los jóvenes concertistas a su espalda, se trasladaba hasta sus atriles y junto a estos descargaba sin salir de su asombro por lo que acontecía musicalmente: cualquiera de esos jóvenes era capaz de interpretar la más difícil de las piezas.

Por su parte, la Joven Jazz Band ya está consolidada, se le ve fuerte. Y eso es un triunfo, es una carta ganada ahora que el facilismo y lo banal invade, es paliativo contra lo burdo que intenta apropiarse de la música.