Celebra Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso aniversario 180

Celebra Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso aniversario 180

  • Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Foto: Alfredo Cannatello
    Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Foto: Alfredo Cannatello

El Gran Teatro de La Habana es la más antigua institución teatral en activo de Latinoamérica y fue inaugurado el 18 de febrero de 1838, con el nombre de Gran Teatro de Tacón. Muy pronto, gracias a la magnificencia de su sala de espectáculos y la celebridad de los artistas que en ella se presentaron, su fama trascendió las fronteras geográficas de la mayor isla de las Antillas.

Después de varias reformas, tanto en el exterior como en el interior, el edificio fue remodelado para dar paso a su forma actual. En su historia, ha tenido otros nombres, como Gran Teatro Nacional, Teatro Estrada Palma y Teatro García Lorca.

En 1915, reabrió sus puertas con una temporada de ópera ofrecida por representantes paradigmáticos del arte lírico de la época. En la actualidad, constituye uno de los más suntuosos exponentes arquitectónicos de La Habana, Ciudad Maravilla.

Desde su fundación, han desfilado por sus escenarios las más prestigiosas figuras y agrupaciones foráneas de la danza, la ópera y el drama. Entre ellas, las bailarinas Fanny Elssler y Ana Pávlova; las actrices Sara Bernhardt y Eleonora Duse; los cantantes Enrico Caruso, Titta Rufo, Victoria de los Ángeles y Teresa Berganza; el Ballet Kirov de Leningrado y el Ballet del Siglo XX de Maurice Béjar, así como el gran mimo francés Marcel Marceau.

Relevantes personalidades de la música como Serguei Rachmáninov, Arthur Rubinstein y Daniel Barenboim; el cellista Pablo Casals, el violinista Jascha Heifetz, y el guitarrista Andrés Segovia, han contribuido al prestigio de su extensa trayectoria. Además, han actuado las más famosas luminarias del arte nacional, de los más diversos géneros: Ignacio Cervantes, José White, Ernesto Lecuona, Alicia Alonso y Rita Montaner, entre otros.

Desde 1965 es la sede permanente del Ballet Nacional de Cuba (BNC); por feliz iniciativa de la eximia ballerina, el edificio completo se denominó Gran Teatro de La Habana, y se reservó el nombre de García Lorca para su sala principal.

Desde 1960, el Gran Teatro de La Habana ha sido principal escenario de los Festivales Internacionales de Ballet de La Habana, prestigioso encuentro de danza donde han participado bailarines de todos los continentes.

El 8 de septiembre de 2015, el Consejo de Estado de la República de Cuba acordó agregar a su nombre el de ese mito viviente de la danza universal, por lo que —a partir de ese momento— se nombra Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

A tono con esa celebración, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, y el BNC llevará a las tablas de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana (GTH) Alicia Alonso una gala especial, que dio inicio este 15 de abril a los festejos por los 180 años del emblemático Coliseo de La Habana Vieja, uno de los más longevos de Hispanoamérica.

El programa artístico está constituido por tres obras que, dada su trascendencia, fueron incluidas en el Libro de Honor del GTH en el 2016: Cygne, con coreografía de Daniel Proietto y música de la maestra Olga Wojciechowska. Invierno, con coreografía de Ely Regina Hernández y música del maestro P. I. Chaikovski. Y Oscurio, con coreografía de Anabel López Ochoa, Premio UNEAC de Coreografía 2014, y música del maestro Raime Michael Gordon.

Completa el programa Un concierto en blanco y negro, con coreografía del maestro José Parés y música del maestro: Franz Joseph Hayden.

Los papeles protagónicos son interpretados por los primeros bailarines Sadaise Arencibia, Anette Delgado, Viengsay Valdés y Dani Hernández, así como por la bailarina principal Ginett Moncho, y los bailarines Daniela Gómez, Ariel Martínez, Analucía Prado, Glenda García, Maureen Gil, Daniel Barba, Patricio Revé y Raúl Abreu, entre otros, secundados por los integrantes del cuerpo de baile de una de las mejores compañías del orbe danzario.

Esas figuras insignia de la danza cubana y mundial convencen a los amantes insulares del arte de las puntas y a los colegas de la prensa especializada que, en las aulas, en la barra, en los ensayos, así como en los escenarios locales y extranjeros donde han dejado una huella indeleble, no solo han interiorizado, sino también incorporado a su forma única e irrepetible de bailar, que para alcanzar el virtuosismo técnico-interpretativo en esa manifestación artística, es requisito indispensable intelectualizar y espiritualizar los movimientos corporales en que se estructura, tanto el ballet clásico como el ballet contemporáneo.

A este cronista no le asiste la más mínima duda de que esos talentosos bailarines han crecido, “ (…) como las palmas (…) como los pinos”, desde los puntos de vista artístico-profesional, humano y espiritual, y en consecuencia, han alcanzado —como el águila— la cima de la montaña.