Cómo el autor enfoca la religión

Parte III

Cómo el autor enfoca la religión

  • Diseño interior del libro. Foto: Internet
    Diseño interior del libro. Foto: Internet

En la obra, Cuando la sangre se parece al fuego, de Manuel Cofiño las consideraciones acerca del mundo religioso y sus prácticas, se expresan desde diferentes ángulos, donde se halla una formulación ateísta, que se manifiesta en relación a la significación conferida a estos credos y su proyección en el ser humano y la sociedad.

Como por ejemplos: miedo, ignorancia, pobreza y violencia.

El miedo, esta perspectiva se expresa de forma precisa, mediante la demencia de la hermana, suceso del que se deduce, cómo estas creencias pueden conducir a la pérdida de la cordura, tal como le sucedió a Teresita, personaje cuyo desenlace es la reclusión definitivita en un Hospital Siquiátrico, sitio al que será conducida por haber perdido el contacto con el mundo real.

Otro ejemplo ilustrativo es la descripción del altar:

“…primero la comida de ellos y después la de nosotros. A veces miraba la manzana ofrecida a Santa Bárbara, y sentía deseos de morderla, pero nunca me atreví. Era bueno que no faltaran velas, porque Teresita y yo le teníamos miedo a la oscuridad. Teníamos tanto miedo que de noche todo se convertía en fantasmas. Entrabamos en el cuarto con el temor de encontrar algún dios. A Teresita cuando dormía la pellizcaban y le hacían correr escalofríos por la espalda. Abuela decía que era de carne miedosa. Pensábamos que ese dios de la abuela se nos iba a aparecer para pedirnos candela o chiflarnos al oído”. [i]

Estas imágenes expresan cómo desde la mirada infantil, puede interpretarse lo concerniente al panorama espiritual, al mismo tiempo que introduce, los motivos que argumentan la locura de Teresita cuyo origen puede ser provocado en la infancia, por la práctica y uso de los atributos correspondientes a estos cultos.

La ignorancia, es otro de los ángulos por donde es encauzada la religión:

“La fe de quien gime ante el destino, de quien solloza por su condición y se evade en la silvestre pureza de la ignorancia. Vivió, sufrió y odió en tinieblas. Vivía en la sombra, tanteando como ciega. No tuvo culpa. No sabía más. Fue fiel a lo que supo. Siempre con miedo a los castigos, pendiente de sus dioses, pidiendo permiso a sus santos y a sus matas, preguntando a sus caracoles, a sus cocos...[ii]”.

El ejemplo anterior, define explícitamente la posición del personaje dentro de la historia, el cual aporta los elementos acerca del comportamiento de la abuela, permitiéndonos valorar, las razones, negativas todas, que intervienen en el religioso mundo de la santera. Parlamento que justifica, y atenúa sus “erradas acciones”. Y perfila, conductas como su terquedad en negarle asistencia médica a Aimé, ofreciéndose ella misma bajo el poder que le inspiraban sus dioses, transponiendo su delito criminal al fanatismo producido por la ignorancia. Trocándose su situación de victimaria a víctima. Corroborándonos su pobreza y marginalidad:

“…No tenía nada y quienes no tienen nada, tienen sus dioses. Es lo menos que pueden tener”.

Al mismo tiempo que, expresa, otro de los enfoques religiosos propuestos en esta obra: la miseria. Sucesos que vinculan la pobreza a la santería, y emiten un mensaje ejemplarizante mostrado a través de estas nefastas historias, que advierten cómo pueden repercutir las religiones de origen africano en el individuo y su proyección en la sociedad: en la locura como Teresita, en la muerte, como Aimé y su hijo; en la frustración, la mísera y el suicidio, como la abuela cuya terrible existencia no culmina con su fallecimiento envuelto en el misterio y la soledad y la decepción, sino que va más allá de la muerte, cuando han pasado los años al abrir el sepulcro encuentran una tinaja en el lugar donde debían estar sus huesos y queda el supuesto que salió de la tumba o que robaron para hacer ñangas, prendas judías, amuletos. El personaje de Cristino se compadece por el final de su abuela “que ni sus huesos tuvieron descanso”.[iii] Desenlace este que advierte, según la perspectiva del autor, cómo pueden ser las consecuencias de una vida y una muerte consagrada a la santería.

La pugna entre religión y ateísmo es una perspectiva general, se fusiona todo lo concerniente a la cosmovisión religiosa, la que es negada en todas sus expresiones: la santería representada por la abuela, mediante el antagonismo de la figuras: abuela-santera, y Ángel-ateísmo. La abakúa, encarnada en el personaje de Cristino identificada con la violencia

“Aquel sonido ronco, insoportable, penetrante, fortísimo, era la voz de Tanze, el pez sagrado de Abasí, de Dios. La voz de dios me entraba por la cabeza para quedarse dentro de mí como un rugido de furia”.[iv]

La violencia se representa a partir del “rugido de furia” incorporado dentro de Cristino en el momento de su iniciación como abakúa, y claramente expresado en el texto siguiente:

“…una reunión de las plazas mayores del juego erigidos en tribunal para juzgar a un monina, que había violado las leyes secretas abakuás. El tribunal podía condenar desde la aplicación de cañazos o varazos, que debía contar el propio ajusticiado, hasta sentencia de muerte por Wamba Kantión, o sea, veneno. Fue condenado a muerte. Aquello me impresionó. El monina fue juzgado en ausencia pero la sentencia se cumplió. Lo envenenaron con la sabia de una planta que se llama Kuramagüey y que disuelta en agua o en otro líquido no altera su sabor, color ni espesor. La muerte se produce en forma violenta y a los médicos les es muy difícil encontrar la causa por lo que el certificado de defunción se extiende por infarto, colapso o para cardiaco. En todos nuestro montes abunda esta planta peligrosa”. [v]

Imágenes que no solo tienen una propuesta de lectura dirigida hacia el temor y la violencia, también hay una denuncia explicita a estas prácticas. El autor se arriesga al sacar a la luz los estatutos secretos de los miembros, y con ello, además de acusar el ejercicio ilegal de este tribunal, y a sus miembros, muestra una visión cultural y no religiosa del ñañiguísmo, criterio que coincide con uno de los principios instaurados en las Tesis y Resoluciones del I Congreso de PCC, en las que se les concede a estas prácticas un valor únicamente “cultural-folclórico y por consiguiente se pronuncian a llevarlas abiertamente a los museos:

“Los valores culturales-folclóricos-música, danza, instrumentos musicales, etc. que aporten las etnias representadas en estos grupos, deben asimilarse, depurándolos de elementos místicos, de manera que la utilización de sus esencias no sirva de mantenimiento de costumbres y criterios ajenos a la verdad científica”.[vi]

 Donde se expresa que esta ideología instaurada en la sociedad, armoniza con el pensamiento del autor de “Cuando la sangre se parece al fuego”.

El enfoque clasista, estará marcado en esta obra, lo mismo que los preceptos sociales de entonces:

“Agustín lo eligieron presidente de la Asociación de Comerciantes de la Víbora. Se pasaba el día fuera del comercio con amigos, dándose tragos. No era el mismo de antes. Había cambiado”. [vii] Desde el norte los aviones venían a incendiar cañaverales. Empezaron los sabotajes. Agustín comenzó a ir todos los domingos con Azelma a la iglesia de los Pasionistas. Yo cada día comprendía mejor la Revolución. Iba sintiendo que era mía, y Agustín que no era de él…[viii] Ángel me dijo: “yo amo a la gente y no quisiera hacer sufrir a nadie, pero no es posible ser sentimental, como tampoco es posible ocultar la verdad. Hay que acercarse a la vida y cambiarla, a la fuerza si es necesario. Agustín se convertirá en nuestro enemigo, si no lo es ya. Ángel tenía razón. A los dos meses, sorpresivamente, Agustín y Azelma abandonaron clandestinamente el país”.

Lo anterior (de)muestra, cómo eran vistos los católicos y marca la diferencia entre las consideraciones acerca del catolicismo y la santería. Agustín y Anzelma son personajes blancos, lo cual se comprende, por oposición, al hacer notar el color de la piel de Cristino, Teresita, la hermana, Aimé la de “la piel color tinaja” y la abuela.

Elementos con los que Cofiño, va a dar otra información en cuanto al ideario social sobre las religiones y sus estereotipos: santería: religión de negros. Catolicismo: religión de blancos. Esta última fue vinculada a la burguesía como consecuencia de los conflictos políticos entre la iglesia y el proceso revolucionario en que se hallaba inmersa la isla:

“Con abierto cinismo, los anticomunistas de ayer y de hoy se han presentado como defensores del derecho de los ciudadanos a profesar sus creencias religiosas y, con el mismo cinismo, han acusado a los comunistas de ser enemigos de ese derecho”.[ix]

“En lo que concierne específicamente a la iglesia católica, debe señalarse que usa su casi bimilenaria experiencia de adaptación para acomodarse en lo posible a las circunstancias, sin renunciar totalmente a la fidelidad de clase a la que la empuja su propia condición de potencia financiera”.[x]

El enfoque ateísta de la política imperante en la época, el cual dominaba en las artes, la educación y la cultura en general. Criterio que va a aparecer a lo largo de la novela de formas diversas, ya sea desde el punto de vista simbólico (la imaginación del personaje subiendo los peldaños de la escalera) en la trama y el discurso de los personajes, en concordancia con la ideología oficial contenida en la Plataforma programática del Partido Comunista de Cuba:

“…se trata de la actitud ante la religión como ideología, como una forma de conciencia social en que el reflejo de las condiciones materiales acerca de la naturaleza y la sociedad aparece, en la mente del hombre, tergiversado, fantástico y sobrenatural. Nacida inicialmente, de la ignorancia (Fuente: Rojas, 1978.) y de la impotencia del hombre ante las fuerzas ciegas de la naturaleza, al surgir la división de la sociedad de clases…”.

Se puede constatar que hay dos mensajes clasistas muy bien definidos:

  1. Las religiones de origen afrocubano se describen como propias de los negros. Notorio en la descripción del color de la piel de Cristino, la hermana, la abuela y su familia en sentido general.
  2. El catolicismo, como propio de los blancos, descrito a través de los personajes como Agustín y Anselma.

Las de origen africano se estereotipan dentro de las zonas marginales correspondientes a los pobres, a los ignorantes. El catolicismo se vincula a la burguesía.

La religión de origen africano se relaciona con la ignorancia, lo cual se advierte en la utilización de la escalera como símbolo de ascenso a un lugar superior del ser humano, el conocimiento que alcanza el personaje central y sus valores morales al dejar atrás sus creencias religiosas.

Se denuncian las prácticas religiosas de origen africano, con la acusación de la muerte de Aidee y su hijo, debido a los ritos realizado por la abuela de Cristino, cuya finalidad es provocada por la ignorancia. Y lleva implícito la violencia como uno de los enfoques otorgados a los practicantes religiosos. Sentido hallado en la religión abakúa, manifiesto en la ceremonia de iniciación y el tribunal de sentencia secreto para condenar a sus miembros. Y con ello muestra además, que comprende la religión, únicamente desde un sentido cultural, en concordancia con la política oficial del momento.

Se evidencia, el uso didáctico que la obra ofrece al conducir a los lectores hacia el ateísmo, doctrina imperante en la época.

La usanza “evangelizadora”, la novela es además, una herramienta que cumple una función predicadora, ya que a través de esta literatura se hace proselitismo en dirección hacia la irreligiosidad. Se condenan las prácticas religiosas con el fin de estimular la filosofía marxista-leninista y su credo dominante: “ateísmo científico”.

Se invierten procedimiento y significación: religiosos versus ateos, a través de símbolos y conductas de los personajes. Los nombres religiosos, Ángel y Cristino, se utilizan en sentido inverso.

El lado correcto está en el “no-creyente” y los comportamientos serán medidos con la misma vara, las denominaciones cristianas fundamentan las conductas y valorizan a los personajes:

El personaje Ángel es ateo y representa el ser humano superior. Cristino, es ñáñigo, representa el sufrimiento, la liberación y con ello alcanza la supremacía: la conversión al ateísmo. Conductas equivalentes a Cristo.

Por otra parte, se verifica la satanización de las religiones afrocubanas, mediante la historia y conducta del personaje que la práctica: la abuela y sus rituales oscuros y fallidos. En sentido general, en esta obra las religiones son relacionadas con la ignorancia, la pobreza, la marginalidad, la violencia. Vinculadas a las conductas pequeño burguesas del gobierno precedente. Por tanto, son negadas por comprenderse como una ideología del pasado que afectarían a la, entonces naciente, Revolución Cubana representada a través del personaje Ángel, con características que sugieren bondad, generosidad e inclinación científica, entre otras virtudes halladas en el perfil de un personaje, que idéntico a la doctrina oficial, esta pugna con las creencias religiosas, y se debate entre el pasado y el futuro que se intenta construir.

Esta obra muestra un sentido didáctico hacia el ateísmo y una denuncia a las prácticas religiosas. Y con ello la valentía de un autor, que aunque en la línea oficialista de la época, se las agenció para investigar y tratar un tema tabú en la sociedad de ese momento. En la que, mitología y religión representaban un peligro fundado o no, pero que Cofiño empeñado en su tesis, consigue demostrar a lo largo de esta obra.

Notas:

[i] Cofiño, Manuel: “Cuando la sangre se parece al fuego”. Editorial Letras Cubanas, 1979, p. 211

[ii] Ibídem. P-77

[iii] Ibídem.p-230

[iv] Ibídem. P-84

[v] Ibídem. P-135

[vi] Rojas, Ernesto A. Primer  Congreso del PCC. Tesis y Resoluciones.  Sobre la política en relación con la religión, la iglesia y los creyentes. Ciudad de La Habana. Editorial Ciencias Sociales. 1978. P-2927-323

[vii] Cofiño, Manuel. “Cuando la sangre se parece al fuego”. Editorial Letras Cubanas, 1979,  p.-11

[viii] Ibídem. P-212

[ix] Rojas, Ernesto A. Primer Congreso del PCC. Tesis y Resoluciones. Sobre la política en relación con la religión, la iglesia y los creyentes. Ciudad de La Habana. Editorial Ciencias Sociales. 1978, p-12.

[x] Ibídem.