¿Con qué cristal nos miras María Elena Llana?

¿Con qué cristal nos miras María Elena Llana?

  • Cubierta del libro. Cortesía: Ediciones La Luz
    Cubierta del libro. Cortesía: Ediciones La Luz

El cristal, con su talla exacta y su capacidad de refractar la luz,

es el modelo de perfección que siempre ha sido mi emblema,

y esta predilección resulta más significativa desde que se sabe

 que ciertas propiedades del nacimiento y crecimiento de los

 cristales se asemejan a las de los seres biológicos más elementales,

constituyendo así casi un puente entre el mundo mineral y la materia viviente.

Ítalo Calvino

 

Conozco de la obra de María Elena Llana desde que en la universidad me leí varias veces ese libro que significó otro descubrimiento: Casas del Vedado (Ed. Letras Cubanas, 1983). Desde el título me recordaba otra dama de la literatura cubana-habanera-y del Vedado; y una de mis autoras preferidas: Dulce María Loynaz. Por supuesto, después del descubrimiento, comencé la conquista de los territorios recientemente conocidos y me lancé a la búsqueda de otras parcelas. Así recorrí desde Castillo de naipes (Eds. UNIÓN, 1999), Ronda en el Malecón (Eds. UNIÓN, 2005), En el limbo (Ed. Letras Cubanas, 2009) y Tras la quinta puerta (Eds. UNIÓN, 2015), todos ellos me ofrecieron claves que permiten acceder —a lo que para mí significa— culminación de la ironía, el juego, lo intertextual en una prosa limpia y que conmueve por la humanidad que poseen estos personajes, que aparecen en las páginas de El cristal con que se mira (Ediciones La Luz, 2016).

Muchas veces se ha dicho, que la historia es casi argumento para una película, porque el séptimo arte nos ofreció la posibilidad de ver en imágenes los fragmentos de la vida real, de la historia, de los seres humanos que somos todos, pero que reconocernos en otros, produce en uno, el reconocimiento del yo. Así es la narrativa de la Llana, sin que podamos asegurar que es llana, sino aguda. Porque agudeza le sobran a sus personajes para que actúen movidos por esos resortes de búsqueda, de contraponerse a los esquemas, de no cejar ante nada.

Creo que dentro de la narrativa de María Elena Llana podemos distinguir como recurso el uso de la ironía y este volumen se convierte en la coronación al mismo, una manera de reverenciarlo, porque es el hilo en común entre estas narraciones, donde las situaciones suelen ser disparatadas, y los sujetos no hacen otra cosa que complicar aún más su alrededor y su futuro.

Pero el resultado puede parecer fácil conseguirlo, sin embargo, todos sabemos que tan cara aspiración para la literatura solo se logra con dos aspectos que la Llana maneja a la perfección: experiencia (tiempo recorrido en la vida que nos permite concebir una visión de mundo suficiente) y talento (que es el don con el que nacen unos pocos). Y en la narrativa cubana, podemos ubicar a María Elena Llana como una talentosa experimentada, porque con sus dos cartas de triunfo ha logrado vencer esa carrera contra el tiempo, contra el olvido, contra la apatía que circunda en buena parte del público hacia la literatura. Para lograrlo, tampoco ha renunciado a nada, no ha bajado el perfil, pero ha sabido conjugar la cotidianidad con los valores universales. Eso hace que sus historias sean perfectamente creíbles, reconocibles en cualquiera de nuestros cercanos. Pareciera que logra captar con su catalejo la visión de mundo que nos falta.

Estas son algunas claves que advierto en su narrativa toda, aunque me he detenido, sobre todo, en los personajes que aparecen en El cristal…, pudiera referir otros aspectos de su obra, pero entonces el estimado lector dirá que este principiante de crítico le ha dejado sin ganas de leerse el libro, porque ha escrito tantas cosas del mismo que le atiborra su sentido personal, su posible juicio sobre un volumen que puede leerse de una sentada y lo mejor, usted se quedará con ganas de buscar el resto de su obra.