CUBA POST-SOVIÉTICA: un descubrimiento

CUBA POST-SOVIÉTICA: un descubrimiento

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Hay libros que no solo se aprecian por su grata lectura, también por el mundo que develan ante nuestros ojos. Algunos te muestran caminos, secretos históricos o perspectivas diferentes de una misma situación. Y esto último,  me sucedió con  CUBA POST-SOVIÉTICA: un cuerpo en clave de mujer,  de Mabel Cuesta. (Editorial Cuarto Propio, 2012.)  La información encontrada en estas páginas despierta resortes dormidos y/o muertos, que nos traen de vuelta a una tremendísima realidad. En algunos momentos de la lectura, sentí como si llevara años dormida y de pronto, me dieran unas cuantas palmadas en la cara para avivarme bruscamente.

Este volumen provocó un impacto en diversas zonas de mi mente y mis desempeños sociales. Como lectora, escritora y cubana. Antes de continuar debo aclarar que fui marxista. Punto importante para reflexionar acerca de la información y los fundamentos que la autora nos ofrece.

Este acertado ensayo analiza la obra de doce autoras cubanas sin distinción de residencia ni ideología: Sonia Rivera-Valdés, Marlyn Bobes, Zoe Valdés, Mylene Fernández Pintado, Enna Lucía Portela, Anna Lidia Vega Serova, Mariela Varona, Odette Alonso, Teresa Dovalpage, Jacqueline Herranz-Brooks, Karla Suárez y Wendy Guerra.

 La investigación incluye a algunas de las autoras denominadas por la crítica isleña como las novísimas que comenzaron su producción literaria con el boom narrativo de mujeres en la década de los noventa.  Momento de aguda crisis económica en Cuba como consecuencia de  la caída del Campo Socialista, denominada eufemísticamente Periodo Especial, cuando simultáneamente salen a la luz un gran número de obras escritas por mujeres, a pesar de que la crisis económica se extendía a las editoriales y al país en su totalidad. Sin embargo, por el fenómeno narrativo suscitado, esta etapa forma parte de la historia de la literatura cubana.

Comenzando la lectura recibí un fuerte encontronazo con la visualización detallada del primer logo de la Federación de Mujeres Cubanas[i]. Desde que escribí mi novela Marx y mis maridos, vengo haciéndome preguntas sobre la realidad de aquella emancipación que nos distinguía como mujeres de la Mayor de las Antillas. Dudé, indagué, pero no pude dar la amplia y fundamentada respuesta que Mabel Cuesta ofrece en estas páginas. Por tanto: me quito el sombrero y hago una reverencia a su sabiduría.

La autora, sitúa el primer logo de la FMC y expresa:

“El ícono con que quedaron identificadas las mujeres insiste en la idea de una posible lucha armada que se alienta hasta nuestros días a pesar del fin de la Guerra Fría. Se trata del exacto enemigo norteño a quien las federadas han de combatir, mano a mano con los soldados, aunque para ello deban arrastrar a sus hijos al campo de batalla…”

“…Siendo más incisivos aún, no podemos eludir la identificación que se proponen en el logo con la imagen masculina del soldado. El traje de guerrilla verde olivo, la paradigmática boina de Guevara, el fusil y finalmente las botas-que no vemos aquí pero podemos constatar en las fotografías que ilustran las marchas del pueblo combatiente-… “

Las primeras páginas de esta obra nos introducen en la paradójica disyuntiva de una emancipación femenina con grilletes patriarcales, constituidos dentro y por, el propio gobierno revolucionario, que inevitablemente conllevarían a la mujer a plegarse a la figura masculina. Sin embargo, los discursos dirigidos a las mujeres de nuestros tiempos fueron convincentes y liberadores al anunciarnos que se trataba de lo opuesto.

La autora, además de despertar esa llama investigativa en los lectores.  Hace un exquisito recorrido por la obra de estas autoras desde una perspectiva única, apropiándose para su análisis en los personajes femeninos en tiempo de crisis, y moviendo los finos hilos que conectan sus cuerpos al desafío que implica el intento de liberación de un cuerpo censurado que al mostrar la sexualidad en todas sus dimensiones expresa nuevos códigos que se desajustan a los cánones morales impuestos por la sociedad. Decodificando con ello, no solo el mito moralizador sino confiriendo un mensaje cuyo significado  trasciende las posturas formales ante la sexualidad. Exponiéndonos  un sentido subversivo,  que distingue la literatura femenina,  ya sea como búsqueda de una expresión propia o como ruptura de las concepciones patriarcales.

Considero que este volumen adquiere un mayor significado no solo por el minucioso trabajo investigativo que siempre se agradece, también por poner ante nuestros ojos el desplome de dogmas políticos condicionados a falsos idealismos sociales. Ofrecido en nombre de un quimérico sentido de colectividad absolutamente discordante con la sensación de libertad producida por la pincelada de un eros que refuta creativa y cabalmente ser amaestrado. Es un grato estudio que recomiendo como indispensable libro de consulta para los estudios de género y de la narrativa femenina cubana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[i] Pág. 18