Cuentos fríos en ambientes canadienses

26 Feria Internacional del Libro de La Habana

Cuentos fríos en ambientes canadienses

  • Diseño de cubierta.
    Diseño de cubierta.

El hecho de que cada año las distintas ediciones de la Feria Internacional del Libro se dediquen a un país, permiten que su literatura nos llegue como un aluvión de páginas. En el caso de Canadá, escogido como país Invitado de Honor en la presente edición, la fuerza de las letras nos llega como una ventisca que sorprende al lector en medio de la desolación y no le queda de otra que encontrar el calor entre las páginas de un libro.

A pesar del título que refiere la pertenencia a esa eterna estación: Desde el invierno. Veintitrés cuentos canadienses (Ediciones Unión, 2016) nos permea el cuerpo con su calidez narrativa. Los cuentos que la integran son narraciones fuertes, marcadas por los destinos de una nación amplia, multicultural y de una diversidad de estilos y discursos que invitan a recorrer esta estación de la naturaleza y la cultura.

Preparada por Margaret Alwood y Graeme Gibson, la selección fue publicada en el año 1997 y regresa como una reedición, con la cual la casa editorial de la organización de vanguardia del arte y la cultura cubanas, celebra las jornadas dedicadas a este país. Como se apunta en la Introducción al volumen, la obsesión de la imaginación del continente americano es el Espacio y esta selección es muestra de que los discursos narrativos canadienses se centran en la configuración de un mapa espacial de la nación y sus conflictos.

En defensa de sus códigos narrativos, en pugna por la enorme influencia norteamericana, estos cuentos logran ser “tan canadienses como es posible dadas las circunstancias”. En un país donde aún se hablan cincuenta y dos lenguas aborígenes y se emplean otras tantas es difícil concebir una historia de la nación. Sin embargo, estos cuentos recreados en distintos espacios, intentan conformar un diapasón de la literatura canadiense escrita en inglés con los autores contemporáneos.

Desde la primera narración: «El Chmarnyk» se demuestra la perti(e)nencia a un ambiente pueblerino, marcado por los augurios de una familia, los que descubren una terrible verdad: no es la tierra la que está maldita, sino ellos, sobre todo, el papá. La situación en el pueblo es terrible, cada vez más la sequía deja grietas más profundas en los rostros de los habitantes y en la propia tierra. Como la leyenda que contaba la mamá: “En Galicia, la Sequía es una mujer hermosa que persuade a un campesino joven para que la lleve a sus espaldas. Por dondequiera que va el joven, las cosechas de marchitan y mueren, los estanques se evaporan, las aves con los trinos atragantados, caen muertas de los árboles. Horrorizado, el joven trata de zafarse de las cinchas de las piernas de mujer alrededor de su cintura, de las garras de sus manos aferradas al cuello. Al final, para librarse de su carga, salta desde un puente. La sequía agota inmediatamente el río y, al chocar contra las rocas, el joven campesino se rompe la cabeza en dos”.

El segundo capítulo lo compone el cuento «El fracaso del labrador» donde Atwood recrea las aventuras de dos exploradores: “Cualquiera de los dos hubiera sido capaz de echar una parrafada muy precisa al estilo de Kipling sobre los atractivos de los sitios inexplorados y el desafío de lo desconocido”. Estos viajeros muestran un ímpetu de semidioses griegos, porque: “Saben que van hacia el peligro, pero también saben que son inmortales”. En ese afán les va la vida y ellos se arriesgan sin miedo.

La «Hacienda St. Mary» es la prueba de la memoria. Del paso del tiempo y los recuerdos acumulados en una niñez feliz y libre. Es volver a los lugares donde se fue feliz y regresar con el pesar del tiempo transcurrido. Es el viaje de regreso a lo que fuimos, al espacio donde soñamos. Desde la invención de la nostalgia, se remonta a un tiempo que no volverá. La construcción de una historia que se repite a lo largo de los siglos. Dionne Brand ha fabricado un mosaico de la historia familiar, con las consabidas distancias que se establecían entre el espacio para los blancos y el dedicado a los Jordann, hijos y nietos del mayoral.

Mientras el relato «Mirar la luna» de Bonnie Burnard, se adentra en las relaciones que establecen desconocidos en cabañas cercanas. Por un lado, Marg, entrada en años, separada busca la tranquilidad y el reposo. Por su parte, la pareja integrada por Rob y Rebeca, exploran las maneras de acercarse a quien les resulta misteriosa pero atractiva, hasta que su figura se les pierde en el agua en una noche donde el pacto de compañía estaba hecho.

«La reina de negro» de Barry Callaghan es uno de los cuentos más breves, sin embargo, posee la riqueza de la historia apresada en su brevedad. Descripción de una pareja de hombres consumidos por el tiempo, una colección de sellos y la compañía que se reprochan. “Ambos estaban inquietos en su fuero interno por lo viejo que de repente se habían puesto, por la flacidez de sus muslos, y por los pies, que cuando se duchaban en la mañana, se veían más huesudos, los dedos más largos, las uñas amarillas y duras”.

Otro tema cardinal para Canadá es la emigración. A lo largo del tiempo ha recibido la influencia de culturas diversas. La situación que refleja «Se oían tañer las campanas» de Austin Clarke es clave para entender desde la ficción una historia que es común para los emigrantes: el hecho de que en cualquier momento puedes ser deportado. El encuentro entre tres asentados en Canadá pero que provienen de las islas del Caribe es el pretexto para desatar la imaginación, la memoria, el amor y conceptos esenciales al ser humano como patria y nación, todo mientras se escuchan himnos que tocan las campanas. Esta vez, las campanas también tocan por ellos.

A partir de los seis primeros cuentos, el lector puede hacerse una idea de los temas, conflictos y personajes que aparecen en las siguientes páginas. Los relatos referidos permiten emitir un juicio a priori, relacionado con la diversidad temática y estilística de las cuales hace gala Desde el invierno… La lectura de los demás relatos me tentaba a escribir sobre ellos, pero una dosis de sorpresa debe guardar el lector para descubrir por sí mismo las claves de estos cuentos.