Danza Barroca en La Habana

Danza Barroca en La Habana

  • New York Baroque Dance Company.
    New York Baroque Dance Company.

Quienes tuvieron la oportunidad de asistir a la presentación del New York Baroque Dance Company, el pasado mes de febrero en el teatro Martí, pudieron contemplar un espectáculo fascinante, en su función única en La Habana. Fue una muestra de un alto rigor artístico, buen gusto, calidad extraordinaria y solidez interpretativa que no puede ser pasado por alto y debe haber un permanente recordatorio. Resultó una deliciosa novedad en el espacio cultural cubano, con la obra Los placeres de la danza barroca. Bailes de salón y teatro de los siglos XVII y XVIII, bajo la dirección de Catherine Turocy y Walter Reiter. El programa abarcó en una primera parte las danzas de salón, y en una segunda, las danzas de teatro. Formó parte de la programación del siempre sorprendente Festival de Música Antigua Esteban Salas, organizado por la Oficina del Historiador de La Habana, esta vez en su XII edición.

Esta afamada compañía norteamericana de Nueva York, fue secundada en Cuba por instrumentistas del Conjunto de Música Antigua Ars Longa y de la Orquesta del Instituto Superior de Arte, adjunta al Lyceum Mozartiano de La Habana. De seguro esta presentación será recordada como uno de los grandes hitos musicales de 2017 y de las numerosas ediciones realizadas por este Festival, prueba de los denodados esfuerzos organizativos que cada año realiza este evento cultural, por traer a Cuba a los mejores intérpretes internacionales del repertorio mundial de la música antigua y de las artes asociadas.

Es deseable destacar que hacia la primera mitad del siglo XVIII, cuando se iniciaban ciertas formas arquitectónicas de influencia arquitectónica barroca en La Habana colonial, la danza barroca en las cortes europeas ya había dado muestras de una larga historia durante el siglo XVII y en el primer tercio del XVIII, en sus múltiples formas de expresión. De ahí la importancia de acceder a este conocimiento que el New York Baroque Dance Company, vino a nosotros para traernos ese mundo danzario-musical europeo, y mostrárnoslo en la viveza sostenida del valor imperecedero de su esplendor.

La compañía norteamericana fue fundada en 1976 por Catherine Turocy, una estudiosa muy experimentada en las danzas históricas, con una práctica desde entonces de notable alcance internacional. Su compañía se caracteriza por un riguroso trabajo de reconstrucción de las danzas barrocas del XVII y del XVIII. Pese a la antigüedad de las danzas de esos siglos, es posible reconstruirlas, atendiendo a la documentación conservada en un sistema de anotación, creado con ese fin en Francia en 1700. Método muy descriptivo de esas formas danzarias. Dicho sistema de anotación ha permitido a los estudiosos de diversas partes del mundo, conocer con un alto grado de presumible exactitud, mediante ejercicios tenaces de erudita reconstrucción epocal, cómo deben escenificarse los movimientos coreográficos barrocos.

Por su parte, la presencia del desbordado talento del intérprete y director del músico inglés Walter Reiter, hizo gala en esta presentación habanera, de una admirable actuación, casi performativa, por su maestría escénica en el ejercicio de la dirección musical. Reiter, graduado de la Real Academia de Música, con estudios de especialización en Alemania y Tel Aviv, es un apasionado de la música de esos dos siglos de oro en la sonoridad barroca. En su carrera internacional, ha participado como director y solista en connotadas orquestas barrocas de diversos países. También ha desempeñado una notable labor en importantes conservatorios en el mundo, en la enseñanza técnica de los instrumentos de cuerdas utilizados en ese periodo. E impartido clases en Cuba, como profesor invitado de violín barroco, en el Instituto Superior de Arte.

La danza barroca posee excelencias cuya interpretación exige el pleno dominio de una minuciosa técnica. Responde a un momento epocal de gran deslumbre artístico en Europa. Tiene una singularidad: se caracteriza por la esbeltez de los gestos de los bailarines. En el baile, las parejas salen al centro del salón y saludan muy ceremoniosamente, Con elegantes maneras forman graciosas figuras coreográficas. Sus movimientos son simétricos, sobrios, sometidos a un estricto refinamiento, donde el cuerpo permanece muy erguido. Los  bailarines se desplazan de izquierda a derecha y de adelante hacia atrás, creando una trayectoria en forma de zigzag. Manos, brazos, piernas y pies, ejecutan movimientos muy controlados.

Sus respectivos giros, personalmente nos hicieron recordar con mucha certeza las proyecciones geométricas espaciales de los matemáticos, esas que de algún modo incidieron profundamente durante los siglos XVII y XVIII, los mismos del Barroco, en la creación epistemológica de un mundo ordenado racionalmente, asentado en el saber y la meditación científica de las formas geométricas y los números, llevados al arte danzario, como ocurriera al arte de la arquitectura.

Se buscaba normalmente en las ejecuciones barrocas, permitir una visión amplia de los asistentes sobre el escenario, de manera que las personas pudiesen apreciar los pasos desde diferentes puntos de observación donde estuviesen situadas. El dominio del cuerpo se fundaba en el movimiento controlado de un modo racional, de los brazos y los pies, mientras el torso permanecía rígido. La movilidad de las piernas y los brazos era independiente del torso, porque este permanecía severamente disciplinado, sujeto a la posición vertical. Los brazos alcanzaban una notable amplitud en sus desplazamientos, contribuyendo al equilibrio. Los giros de brazos, pies y manos, creaban —no nos cabe duda alguna, como se nos hizo en una impresión emocional e intelectual muy fuerte—ciertas figuras en el espacio. De representarse estos movimientos proyectados sobre un plano de una manera abstracta, estamos seguros se revelaría la configuración de formaciones geométricas tridimensionales, mediante los movimientos regulados de los pies, los brazos y las manos. En las ejecuciones de los pies se tenía mucho cuidado en buscar el ángulo adecuado para mostrar los tacones de los zapatos.

Con el tiempo, las formas de la danza barroca se estabilizaron en convenciones. Crearon un mundo singular asociado de imágenes y sonoridades, para complacencia de los bailarines y de quienes los observaran. Alcanzar la perfección y el virtuosismo en sus ejecuciones eran componentes primordiales. Propiciaba el apego a las destrezas en lo musical y lo danzario, acordes al aliento refinado de ese periodo histórico, tan dispuesto a una estética ornamentada, de variaciones y habilidades ejecutorias. Ese deleite por el sometimiento a un control como principio ordenador general, se daba a varios niveles: a nivel del individuo, de la estructuración de la sociedad y de las formas artísticas. Aun donde parecieran tener un alto grado de libertad la improvisación y la experimentación de nuevos caminos.

El sucesivo traspaso de las danzas bailadas en los salones a las frecuentes celebraciones y festividades presentadas al público de manera teatralizada, permitió la inspiración creadora de grandes artistas en la música y el baile, propiciando un despliegue imaginativo en los procedimientos de su ejecución técnica. Son varios los tipos de danzas barrocas, cada uno con sus propios pasos.

El vestuario empleado dejaba ver las peculiares formas adoptadas en el hombre y la mujer. La indumentaria masculina estaba constituida básicamente por tres piezas: el calzón, la chaqueta y la casaca. Esta última con grandes bocamangas, más entallada en la parte superior y la cintura, abierta en dos faldones. En la mujer, la falda era amplia, con la cadera muy ajustada. Los pesados trajes empleados provocaban rigidez corporal, porque resaltados a modo de genuina elegancia, atenuaban los desplazamientos en los pasos de baile, impidiendo una mayor soltura. En ambos, en el hombre y la mujer, la disposición del cuerpo y del vestuario, creaba maneras de la gestualidad, conformadoras de un lenguaje codificado, artificioso, sumamente grato para la época.

A la posibilidad de la reconstrucción de esas danzas han contribuido las investigaciones de las imágenes de numerosas ilustraciones, en dibujos, grabados y pinturas de la época, que trascienden por su valor artístico, y su altísimo valor documental. Estas permiten precisar y corroborar los datos aportados por el sistema de notación referido. Tarea que exige un portentoso estudio y erudición para quienes se aventuren en las danzas barrocas desde el punto de vista interpretativo e investigativo.

Si nos detenemos a analizar el repertorio de danzas barrocas mostrado en el programa habanero, están acompañadas de la música especialmente compuesta para ellas por los compositores más afamados del periodo barroco en piezas de fines del siglo XVII y primeras décadas del XVIII. En consecuencia, el programa presentó obras de:

Jean Baptiste-Lully (1632-1687), con tres de sus afamadas: Marche pour le Cérémonie des Turcs de “Le Bourgeois Gentilhomme” (1670); Bourré Dauphine de “Le Triomphe de L’amour” (1681), coreografía publicada en 1748; y La Royale, del Ballet de la Naissance de Venus (1665), publicada en 1713. La carrera de Lully dio evidencia de sus grandes dotes, comenzadas a mostrar a los 20 años cuando entró al servicio de Luis XIV como bailarín de ballet y violinista. Después se encargó de dirigir una de las orquestas reales. En 1662 resultó nombrado director musical de la familia real. Sobresalió como violinista, director y compositor. Su fama se extendió por Europa. En su habilidad dentro de la complicada y exigente vida cortesana, logró conservar siempre el favor del exigente y temperamental monarca francés Luis XIV, el Rey Sol.

De George Friedrich Händel (1685-1729) se interpretaron los Minuets I y II, de “Water Music” (1717), coreografía especialmente recreada por la directora de la compañía, Catherine Turocy. El minué es una forma de la danza barroca, introducida con el nombre de minuet por Jean-Baptiste Lully (1673). La corte real francesa la incluyó en sus óperas y ballets. Se convirtió pronto por sus diminutos pasos, en una danza de ritmo lento y ceremonioso que suscitó una verdadera pasión de la moda. Este prolífico compositor alemán, nacionalizado inglés, dejó un legado de obras de valor universal que lo sitúan en la cima del Barroco musical.

Del creador francés Jean- Philippe Rameau (1674-1748) se presentó su Danse du Grand Calumet de Paix Exécutée par les Sauvages, de la ópera-ballet conocida por Les Indes Galantes (1735), que algunos consideran su primera obra maestra. Rameau, es uno de los grandes del Barroco. Conservará hasta el final de su vida el rango de compositor oficial de la corte. También incursionó en la teoría musical. Probablemente Les Indes Galantes sea una de las obras escénicas más conocidas de Rameau y una de las cumbres del género. Simboliza la recreación fabulada de una época despreocupada, refinada, dedicada a la galantería en la realeza y la corte, en un escenario imaginado de las Indias, un tanto mitificadas. Puede que tal vez coquetee, en ambiente un tanto exótico e idealizad, rozando el rococó, en la modelación de las aspiraciones de estar siempre ansiosos los aristócratas en permanecer inmersos en una vida hedonista, pletórica de placeres.

Su relevante influencia como compositor le permitió diferenciarse de la corriente precedente, establecida por la gran figura de Jean-Baptiste Lully, a quien respetaba. Quería convertirse en el compositor dominante de la ópera francesa. Siguió desde muy temprano el espíritu científico de su tiempo, en la voluntad de hacer de la música no solamente un arte, sino también una ciencia deductiva, a imagen de las matemáticas. Ideales que debieron proyectarse hacia la conformación de movimientos regulados en los pasos y cadencias de los bailarines, basados en la cientificidad y el orden, al punto que por momentos nos hizo pensar en los sometimientos de los cuerpos danzantes a un supra-ordenamiento regulador, que actuaría de fuente potenciadora en la capacidad expresivo-emocional de las obras, y tendría un papel relevante en la percepción visual y emocional de quienes observasen esas ejecuciones.

Del compositor francés André Campra, (1660-1744), se interpretó Aimable Vainqueur, de “Hesione” (1700, publicado en 1704) y La Bretagne (passe-pied/rigaudon) de “Télémaque” (de 1704, con coreografía publicada ese mismo año). André Campra está situado cronológicamente entre Jean-Baptiste Lully y Jean-Philippe Rameau. Participó en la renovación de la ópera francesa, considerándosele heredero del arte de Lully. Estimaba igualmente mucho a Rameau. En 1730 pasó a la función de director de la Ópera de París, después de haber ocupado el de maestro de la Capilla real. Fue uno de los creadores de la comedia-ballet. El passe-pied representado es la denominación de un baile muy común en otro tiempo en España —de ahí el sonido escuchado de las castañuelas— pero originario, según dicen, de Bretaña. Es un estilo de carácter jocoso y alegre, con resalte del brillo sonoro. El rigaudon se baila entre dos o más parejas, formando una variedad de figuras. Al convertirse en una forma danzaria de moda en la corte francesa en el siglo XVII, se incorporó a los espectáculos escénicos de Lully, y luego de Rameau. Los pasos se efectúan en el lugar, sin avanzar, retroceder ni ladear, por más que las piernas ejecuten muchos movimientos.

De Georg Philipp Telemann (1681-1767), compositor alemán del Barroco, se presentó Overture to Wassermusic (1723). Telemann era más bien autodidacta. Aprendió a tocar diversos instrumentos musicales, casi sin ayuda, a la flauta dulce, el órgano, el violín, la viola da gamba, la flauta traversa, el oboe, el trombón bajo, entre otros. A partir de 1740 se enfocó en escribir tratados teóricos. Fue contemporáneo de Johann Sebastián Bach y amigo de toda la vida de Georg Friedrich Händel. Autor muy prolífico desde su juventud, su fama se extendió por su país. El interés por la obra de Telemann renació a principios del siglo XX, junto con la recuperación de los instrumentos musicales barrocos y la renovada atención depositada internacionalmente sobre la música de cámara. Actualmente, numerosos conjuntos en todo el mundo interpretan su música y la de otros grandes autores.

Una grata sorpresa fue encontrar entre los bailes de salón, a Allemande, de “Le Devin du villaje”, del siempre distinguido y reconocido casi exclusivamente como uno de los grandes filósofos europeos, pero también incursionó en la música, a Jean-Jacques Rousseau, bailado en este caso por la Compañía, en coreografía de M. Joly, publicada en 1762.

De Henry Purcell (1659-1695), uno de los más grandes compositores ingleses, poseedor de un estilo distintivo de música barroca, se presentaron Chaconny in G Minor; y Dance for a Chinese Man and Woman Chaconne, de “Fairy Queen”. (Coreografía de Catherine Turocy, basada en notaciones de la época).

Para el grandioso cierre del espectáculo general, se reservó el Concerto Groso, No.12 in D Menor, del italiano Francesco Geminiani (1687-1762), compositor, violinista, teórico y pedagogo musical, basado en “Follia” del italiano Arcangelo Corelli (1653-1713), a partir de la recreación de la Compañía sobre anotaciones de la época. Como si ese gesto final de selección, fuese un auto homenaje que se tributaba a sí misma la Compañía, por estar dedicada con mucho celo esta agrupación norteamericana, radicada en la ultramoderna y cosmopolita ciudad de Nueva York, al estudio y la escenificación de las formas danzarias del gran periodo Barroco, y a proclamar mediante un ejercicio altamente profesional y académico, el valor histórico y estético de las mismas.

A quienes acudimos a esta presentación en el teatro Martí nos será muy, muy difícil olvidar, durante mucho tiempo, la extraordinaria oportunidad de haber presenciado en vivo, la representación de todo un programa dedicado a la música y a la danza del Barroco, con tanta calidad y maestría en los intérpretes. Prueba deliciosa, que la Música Antigua puede tener un significado y un enorme poder de impacto emocional e intelectual para el mundo contemporáneo, aunque nos montemos en aviones, y nos movamos navegando inmersos en el omnipresente mundo digital.