El jovencito Dámaso Pérez Prado

El jovencito Dámaso Pérez Prado

  • Dámaso Pérez Prado, Rey del mambo.
    Dámaso Pérez Prado, Rey del mambo.

Mucho antes de ser el Rey del mambo, Dámaso Pérez Prado, cuando aún era un vivaz y guapo mulatico en su danzonera y natal Matanzas—de lo cual se sabe poco—, el inquieto y disciplinado estudiante de piano, alumno del eminenteRafael Somavilla—padre—, por nada del mundo se perdía la actuación de una de las entonces buenas y abundantes orquestas locales y, mucho menos las visitantes habaneras en el Casino, el Liceo Artístico y literario, la Sociedad Filarmónica y otrossalones de la capital yumurina… Fascinado, bobo, miraba a los músicos y repetía a su hermano Pantaleón: ¨Algún día yo estaré en esa orquestas tocando el piano… ¨El hermano, burlón, respondía:¨Tú estás loco, Damasito¨…

En la Isla la músicacomenzaba a enriquecermucho más el ajiaco sonoro sazonado con toda esa gran tradición llegada del cercano siglo XIX y del presente aportando nuevos ritmos norteamericanos que, en Matanzas incorpora—como recomendaba el visitante pianista de Nueva Orleans Luis MoreauGottschalk, maravillado con la riqueza musical afrocubana esparcida por toda la ciudad matancera—derivada de culturas negras (yorubas, ararás, bantúes, abakuás) y blancas europeas, madre del fuerte y rico híbrido que poco despuéssería danzón, padre y abuelo del mambo y el chachá.

Damasito muestra desde muy temprano especial interés por los motivos sincopados desplegados en los teclados, le arrebatan las cosas que hacen Anselmo Sacasas, Belisario López, Cheo Belén Puig y otros veteranos y, sobre todo, esa mezclade células sonerasproyectadas sobre improvisaciones de la flauta.

En la cercana Habana —su meta— otros jóvenes aprendices del piano como Bebo Valdés y René Hernández ya se aventuran con esas endiabladas células de la sincopa pero, van más allá porque, siguiendo a un tresero llamado Arsenio Rodríguez —y, como ya lo piden los ambientes bailables— la síncopa se sazona con conga, guaracha, tumbao, jazz, guajeos, swing, danzón, son, diablo del propio Arsenio y, todo lo que brille y suene.

Damasito, por otra parte, tiene cerca esa gran academia que son los barrios Simpson y La Marina, paraíso de rumberosmatanceros y, allí va, porque lo que aconseje el profesor Somavilla es palabra santa para él y sus propios padres(Pablo Pérez y Sara Prado)que le dicen: ¨Damasito, hijo, atiende bien los consejosdel profe…¨.¨Sí, rumberos de Simpson y La Marina pero, también Mozart y Beethoven¨ le reitera Somavilla, formado el mismo por ilustres músicos y pedagogos extranjeros asentados en la ciudad como el belga Oscar Verweire y el vasco Justo Oranguren.

Desde la temprana década de 1920 las jazzband estilo norteamericano se adueñan de La Habana: Miramar, Le Batard,Hermanos Palau,Cosmopolita, Anacaona,Riverside, Eddy Lester,Happy-Happy,Quintana MelodyBoy´s y, la de sus sueños, la de su meta, la Casino de la Playa y, pasados unos años, a la banda delmaestro Sacacas llega el joven tecladista matancero pertrechadocon ese rico arsenal que trae en la valija y enla cabeza.

No le cuesta mucho a Damasito ingresar a la escena musical de la capital (1942), lo catapultea su inicial trabajo en el Cabaret Pennsylvania, El Kursal, de donde pasa rápidamente a la charanga danzonerade Paulina Alvarez, acompaña a cantantes en grabaciones de discos (Panart, Maype y RCA Víctor) pero, con la mente obsesivamente puesta en la Casino de la Playa porque, además, ese jazzband suena cubano, su onda es cubana, aborda todos los géneros cubanos, incluso,se enrola en algún jamsesion de jazz.

Esa fue la base en la que se afirmó el pianista, compositor y orquestador Dámaso Pérez Prado para, poco tiempo después (1950), en la capital mexicana lanzar al mundo el mambo, Qué rico el mambo… ese masa de montunos sincopados impregnado de toda esa sabrosura rítmica del pueblo cubano que, hasta hoy, no cesa de preguntar:¿Quién inventó esa cosa loca?