El nido de la serpiente o una narrativa que se muerde la cola

El nido de la serpiente o una narrativa que se muerde la cola

  • Diseño de cubierta.
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Es sabido que la obra de Pedro Juan Gutiérrez ha sido una de las más reconocidas en los últimos años en el panorama editorial cubano. Desde la publicación de Trilogía sucia de La Habana por la editorial española Anagrama en 1998 hasta la fecha, se ha convertido en un suceso, un best seller, el fenómeno Pedro Juan. Representante de un realismo sucio que aprovecha las potencialidades de una Cuba profunda, como diría María Zambrano, los personajes que desarrolla —sobre todo el protagónico: Pedro Juan—, hace(n) gala de un tránsito por zonas marginales por donde desfilan todo tipo de personas.

La novela que aparece como parte de las novedades de Ediciones UNIÓN para la presente edición de la Feria Internacional del Libro: El nido de la serpiente (2016), forma parte de ese recuadro ante el cual se sitúa Pedro Juan personaje, pero esta vez, la historia es parte de las memorias del hijo del heladero, como la subtitula, a partir de que revela pasajes de una etapa comprendida entre los 15 y hasta los 20 años en Matanzas. Lo que sirve de antecedente o prologo narrativo a la referida Trilogía… que se desarrolla en los años 90´del pasado siglo en Centro Habana.

Este desplazamiento del personaje en distintas locaciones, además del lógico envejecimiento de Pedro Juan, hace que la trama gane en descripciones, que se nutra de las formas de cada una de ellas, hasta conformar un mapa por el cual ha transitado el protagónico y donde va dejando su huella.

Como destacan las palabras de contracubierta a este volumen: (Pedro Juan) “Es un joven impetuoso, insolente y un poco alocado, que atraviesa esta novela a la velocidad de un torpedo”. Velocidad que le imprime al tempo narrativo, y al lector no le queda otro remedio que montarse en esta cuerda y querer leerse el libro de un tirón, informarse de todas las peripecias, de todos los viajes y el paso del tiempo, cuestiones que van marcando los días de Pedro Juan. Aquí se da muestra de la habilidad narrativa de Pedro Juan (autor) para lograr que cada capítulo empuje al lector para el siguiente, de esta forma se manifiesta cierto encabalgamiento de uno hacia otro, lo que permite entender cada capítulo en su lógica interior y como parte de la lógica del libro.

El nido… mantiene esa influencia del realismo sucio, tendencia en la que se enmarca, a partir de lo cual sirve de exergo una frase de Bukowski: “La esclavitud no ha sido abolida, solamente se ha expandido para incluir a nueve décimas partes de la población. En todas partes. Santa Mierda”. Desde el principio de la novela, Pedro Juan se revela ante el destino que se le ofrece: “Yo quería ser alguien en la vida y no pasármela vendiendo helados” (p. 9), desde este inicio en conflicto con el contexto que se le presenta, la obra mantiene una actitud de disidencia ante la realidad, y él es consecuente con esta búsqueda de un espacio para sí.

Desde la segunda página se presenta el lugar donde se desarrolla la obra: “Yo vivía en la calle Magdalena, a una cuadra de La Marina, el barrio de las putas, en Matanzas. Lo habían cerrado hacia dos o tres años. Todo cerrado: bares, burdeles, billares, casinos, clubes. Todo. Casi no había marineros por allí. El puerto de pronto se quedó semiparalizado y la atmosfera comenzaba a ponerse insípida y confusa. Era el año 1965”, (p. 10).

Desde el primer capítulo comienzan las aventuras: conoce a Dinorah, una de las viejas que había sido prostituta a lo largo de su vida y ahora comenzaba a ponerse fláccida, con las tetas caídas y la piel sucia. Por esta aventura, comenzaron a llamarlo: El chupaviejas, Carroñero o La tiñosa, motes que se le quedaron por largos años.

La conquista de Dinorah sobre él ocurrió en un parque, poco después de presenciar un acto de amor y fidelidad de una mona a su compañero, devorado por unos leones hambrientos, la ley de la selva. Este suceso le pareció a Pedro Juan divertido, como él mismo reconoce: “No entendía nada de amor, ni de boleros, ni de muerte y sensaciones de perdida. Nada de nada. Y por tanto era cruel, despiadado, ignorante y feliz. El hombre habitual. Es decir, un imbécil perfecto”, (p. 12).

En un pasaje del capítulo 2 ironiza en el lenguaje de un empleado de Lacra Social, la tendencia de nombrar compañero a todo el mundo, uno de los residuos que la Revolución rusa dejó instaurada en el vocabulario cubano. Debido a la visita de Dinorah a la casa, la madre lo llama carne de perro, recurso intertextual con uno de los títulos publicados en el año 2012 por UNIÓN.

En el epígrafe 3 ironiza en la forma que ésta marcó su vida al situarla como Antes de Dinorah (ADD) y Después de Dinorah (DDD), a partir de su decisión de irse del país. Resulta también una descripción de la época que relata la novela, al mencionar los ejemplos de desviación ideológica que se tomaban en cuenta en ese entonces: “Era mal visto tener brújulas, hablar inglés y escuchar a Los Beatles. Desviación ideológica. Tampoco se podía andar pelú y con los pantalones apretados. Eso era cosa de maricones. Y ser maricón también era desviación ideológica. Había que ser macho. Y demostrarlo”, (p. 37).

El viaje, visto como uno de los temas fundamentales de toda novela, en esta se manifiesta a partir de una invitación que recibe Pedro Juan de hacer un negocio en Caimanera. Este viaje significa la aventura y esta descrito en las páginas que pertenecen a los capítulos 4 y 5; y el 6 es la fuga, el viaje de regreso. En 8 se inaugura con una alusión autorreferencial al título del propio libro y sigue con un largo listado de los libros que leyó en el periodo, que transitan desde Truman Capote hasta a Hemingway. En el 9 muestra a un Pedro Juan espectador, animado por una serie de películas. Para el 10 se reserva la historia de Consuelito. El 11 es de tránsito o invitación a los siguientes, donde la trama se concentra en la etapa en el servicio militar. Las hazañas que realiza en esa temporada.

Este recuento por la vida de Pedro Juan a lo largo de casi cinco años es el centro narrativo de la novela.

La lectura de El nido… le permitirá al lector encontrar guiños a libros publicados anteriormente, pero que continúan en el tiempo la saga de este personaje. El autor ha logrado crear un mapa de la vida de Pedro Juan y hacernos cómplices en ese viaje.