El Principito: 75 años de luz

El Principito: 75 años de luz

  • Para aliviar su tristeza realizó largas cartas a sus amigos, en las que dibujó al hombrecito de tirabuzones rubios, que decía con voz de niño lo que el adulto callaba. Imagen tomada de Internet
    Para aliviar su tristeza realizó largas cartas a sus amigos, en las que dibujó al hombrecito de tirabuzones rubios, que decía con voz de niño lo que el adulto callaba. Imagen tomada de Internet

Hace más de diez años conocí al Principito en una de mis lecturas que cambió mi vida para siempre. Adentrarme en las páginas de esta novela, la más célebre de Antoine de Saint-Exupéry, es una de las mejores cosas que me han pasado en materia literaria.

Una vez escuché decir a un fraile cubano en el diplomado de Humanismo y Sociedad que ofrece el Centro Fray Bartolomé de las Casas, de la Iglesia San Juan de Letrán de La Habana, que el libro debería enseñarse tanto como La Biblia. Y tiene razón. Ese pequeño de cabellos dorados conquista con su ingenuidad a cualquier lector sin importar credo, raza, profesión o idioma.

Lo más conmovedor del título es la sencillez de su escritura, así como el poder del autor para establecer un viaje por varios mundos en los que contempla —a través de distintos personajes— situaciones y fenómenos característicos de nuestro accionar. Un perfecto retrato sobre cómo se concibe y entiendela vida.

Por ejemplo: el Aviador es un adulto que razona y se comporta como un niño, pero sabe que no lo es. Ha perdido su inocencia y quiere recuperarla. En un pasaje del textoeste personaje lo deja bien claro cuando expresa: “Si les decimos a las personas mayores: «he visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado, jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: «He visto una casa que vale cien mil francos»”. 

En tanto, el Avariciososimboliza la vanidad y el egoísmo, mientras que el Farolero hace alusión a los trabajadores que se sin importar días y noches se dedican a su empleo.

Por su relevancia la Rosa y el Zorro merecen una explicación aparte. Acerca de la primera varios críticos afirman que representa la esposa de Saint-Exupéry. Para él es perfecta. Pudo haber conocido a otras flores, pero “lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has pasado con ella”. Deja un valioso consejo sobre las diferencias entre el querer y amar para los que confunden estos sentimientos. “Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Asimismo, el protagonista comprende el valor de la amistad con el Zorro, quien le pide que lo haga suyo, lo domestique. Aquí hay una marcada intención de ofrecer, mediante este lazo fraternal, una poderosa lección de aprender a dialogar con el otro, a entenderlo, a crear una unión que trascienda fronteras.

En la pasada edición de Feria Internacional del Libro vi una hermosa edición española de El Principito, la cual me hizo volvera la niñez, sentirme tan preciada como una rosa, y advertir en una ilustración a una serpiente boa que se tragó un elefante.Ha pasado el tiempo y la historia conserva el mismo brío de hace 75 años, cuando se publicó por primera vez el 6 de abril de 1943. Ha sido traducida a 250 idiomas y es el título en francés con mayores ventas.

Uno de los orígenes de la novela está dado por el hecho de que Saint-Exupéry tuvo que salir de Francia por el rumor de haber colaborado con Alemania. Para aliviar su tristeza realizó largas cartas a sus amigos, en las que dibujó a hombrecito de tirabuzones rubios, que decía con voz de niño lo que el adulto callaba.

Hoy en día, El Principito no hubiera podido escribirse, el correo electrónico no admite dibujos ni garabatos, salvo insertar emoticones y complementos de la información. La poderosa tecnología nos hubiera privado de uno de los mejores relatos de todos los tiempos.

De esta obra aprendí dos lecciones que llevaré conmigo siempre: “es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio, y “caminando en línea recta uno no puede uno llegar muy lejos”.

Por un instante cierro los ojos e imagino a un caballerito que se acerca y me susurra con una voz inconfundible: “será necesario que soporte dos o tres orugas, si quieres conocer las mariposas”, una de las disímiles moralejas del libroque conservo como el más preciado de los tesoros.