Entre las horas finales y Truman Capote

Entre las horas finales y Truman Capote

  • The Finest Hours (Craig Gillespie, 2016). Fotos tomadas de Internet
    The Finest Hours (Craig Gillespie, 2016). Fotos tomadas de Internet
  • Capote (Bennett Miller, 2005). Fotos tomadas de Internet
    Capote (Bennett Miller, 2005). Fotos tomadas de Internet

Cuando el deber llama…

Basado en hechos reales —el asombroso rescate en el mar de Wellfleet, Massachusetts, en 1952, de los sobrevivientes de un petrolero partido en dos en medio de una tormenta por cuatro miembros de la Guardia Marítima estadounidense—, un filme como The Finest Hours (Craig Gillespie, 2016) no se sustenta sobre los presupuestos que suelen caracterizar otros filmes donde un desastre –sea cuál sea– componga parte de la trama.

La película no supedita lo violento —apenas vemos una víctima mortal— a lo humano. Si bien son impactantes las imágenes de la tormenta en alta mar, el colapso del Pandleton y el trayecto de los rescatistas para evadir un banco de arena y llegar hasta ellos, esa violencia visual se pone a disposición de los valores que “desea” portar una película así. Craig Gillespie parece decirnos que a él lo que le interesa mostrarnos es el valor de ciertas decisiones por y para el otro, y el espíritu que ha ido formando a una Nación.

Bernie Weber (Chris Pine) se enamora de Miriam —una joven poco usual para la que parece ser una protestante y conservadora Wellfleet, interpretada por Holliday Grainger— y antes de pedirle a su jefe en la Guardia Marítima permiso para casarse con ella, una formalidad, saben todos, pero aun así Bernie prefiero seguir los pasos establecidos, este lo envía a rescatar a los sobrevivientes del petrolero naufragado. Antes, intuimos, no pudieron rescatar otro barco y quedan recelos entre algunos familiares.

El jefe sabe que hay escasas posibilidades de regresar con vida: vientos huracanados, mar enfurecido; si llegan quizá no queden sobrevivientes en el petrolero… Por otra parte, en una mitad de buque partido (la otra se fue al fondo del mar) los marineros se organizan al mando de Sybert (Casey Affleck) y deciden encallarlo en un banco de arena para así esperar y dar tiempo a que los rescaten. Si bien en ambas historias hubo antagonismos al inicio, prevalece el papel de cada líder, ese que de manera natural se ha ido forjando con los principios de la razón.

Bernie y su equipo esquivan el banco de arena, encuentra lo que queda del buque y deciden, aun cuando no pueden soportar tanto peso, rescatar a los 32 sobrevivientes del desastre. Cuando logra comunicarse con tierra, su jefe le ordena regresar a alta mar donde los espera otro barco. Pero Bernie ­—primera vez que contradice una orden de sus superiores— decide buscar la costa aunque no tenga brújula, pues cuando una decisión personal, por compleja que sea, salva a la mayoría, esta parece estar permitida.

El pueblo —han puesto los autos en fila para alumbrarles el camino— los espera, nadie puede creer que esos hombres han regresado sanos y salvos, la impaciente Miriam también…

Buenos efectos especiales, adecuada fotografía, actuaciones en su mayoría convincentes, aunque el hecho —sabemos que tiene bases reales— de querer “subrayarnos” las virtudes y valores de los personajes, el abnegado trabajo de la Guardia Marítima, la pureza de la relación entre Bernie y Miriam, la comprensión, el perdón, el esfuerzo en equipo, la importancia del líder, el valor de las decisiones, aún más cuando se lucha por la vida, el regreso feliz que todos esperábamos, conociéndolo el espectador desde antes, resulta uno de los defectos desequilibrados de The Finest Hours.

A Truman Capote le gustaba escribir a sangre fría

Quien vea Capote (Bennett Miller, 2005) encontrará aproximaciones y lejanías en relación con A sangre fría, la famosa novela que abrió los senderos de la non fiction novel, escrita por el norteamericano Truman Capote en la que está inspirada parte del filme.

Los paisajes casi impresionistas de cielo azul y “las elevadas llanuras trigueras” del pueblo de Holcomb, en el oeste del Kansas estadounidense, aunque filmada en Manitoba, Canadá, nos anticipan a un Truman Capote vanidoso, genial y perceptiblemente homosexual, interpretado de forma magnífica y paradigmática por Philip Seymour Hoffman (1967–2014), lo cual le valió un Premio Oscar como mejor actor.

Capote, biopic basado en Capote, una biografía, de Gerald Clarke, es más un intento biográfico bien logrado que un acercamiento a la novela-reportaje con la que iniciaba en los Estados Unidos una manera diferente de escribir y de mezclar ficción con realidad: nacía el nuevo periodismo, que brindaba al escritor-periodista la posibilidad de mezclar ambas técnicas y formas de aproximarse a la escritura. Junto a Capote se destacan, además, como exponentes del género nombres reconocidos en ambos mundos, entre ellos Norman Mailer, Hunter S. Thompson y el recientemente fallecido Tom Wolfe.

Su objetivo, sabemos, no es versionar el libro, sino narrar parte de la vida del famoso y polémico escritor estadounidense, relacionada con la creación de su obra cumbre, la que sería bautizada por el propio Capote, pionera y provocativamente, como una non fiction novel.

Aunque el personaje central es el propio Truman, narrador omnisciente en el libro, el filme —nominada a varios Oscar, entre ellos mejor película, director, actriz de reparto y guion adaptado, además de recibir nominaciones a los premios BAFTA y los Globos de Oro— muestra recurrentes aproximaciones al discurso narrativo y conceptual de A sangre fría (1966).

Capote (Truman Streckfus Persons, Nueva Orleáns, 1924-Los Ángeles, 1984) tomó el apellido literario de su padrastro Joe García Capote, de origen cubano. Desde muy joven fue una celebridad literaria cuando publicó, con solo veintitrés años, Otras voces, otros ámbitos, novela calificada por la crítica de “gótica introspectiva” y “narración al estilo de Poe”. Luego seguirían, entre otros textos importantes, todos asociados a la novela neorromántica de perfil psicológico: El arpa de hierba, Música para camaleones, Y se oyeron las musas, Desayuno en Tiffany y claro, su exitosa A sangre fría, con la que rompe de alguna manera patrones anteriores en su propia escritura de ficción.

In Cold Blood —nombre con que apareciera el libro en 1966— narra de forma exhaustiva los sucesos relacionados con el asesinato de la familia Cluntter, hecho que investigaba Truman como reportero del The New Yorker. En compañía de la escritora Harper Lee, interpretada por Catherine Keener, convivió con los habitantes de la comunidad rural de Holcomb e hizo amistad con los asesinos: Perry Smith (Clifton Craig Collins, Jr.) y Dick Kickock (Mark Pellegrino).

Capote se centra en los dos criminales, perfectamente perfilados, sin juzgarlos en ningún momento, quizá tratando de humanizarlos —aunque es imposible el distanciamiento y la neutralidad tanto en la labor del periodista como del escritor y eso Truman bien lo sabía—, pero con cierta atracción hacia Perry: al final los detestas o los llegas a comprender, parece decirnos Capote, quien declaró que los conocía “tan bien como a mí mismo”.

Además de Capote, hay varias versiones cinematográficas de lo ocurrido con la familia Clutter el 15 de noviembre de 1959, entre ellas A sangre fría, de Richard Brooks, estrenada en 1967, un año después de la aparición del libro, e Infamous, escrita y dirigida por Douglas McGrath en 2006. El extremo realismo se convierte en una obsesión para el autor, demostrando que no todo es tan simple como podría parecer. Había sido esta una experiencia traumática que marcaría el resto de su vida, pues establecía un dilema moral: la publicación del libro dependía de la ejecución de los asesinos; para Truman “escribir el libro no resultó tan difícil como tener que convivir con él”.

Truman Capote murió dormido con solo 60 años. Moría “de vida, de vivirla demasiado plenamente”, diría entonces el director de orquesta Artie Shaw. Sin dudas, como él mismo decía, Truman fue un genio. Dejaba en su obra el reflejo de los límites que llevan a una persona a olvidar su condición humana y ser, por un momento, una bestia.

Establecía la compleja radiografía de una brecha real y poco tratada en un país con dos mitades: el seguro y protegido mundo de los Clutter y el país amoral y desarraigado de los asesinos, ofreciéndonos una novela estremecedora, a caballo entre la literatura y el periodismo, o en tren, como entonces era común en Holcomb, escenario de los sucesos: una obra con un alma imposible de llevar del todo al cine, pero sí al menos acercarse certeramente, como lo logró la bien realizada Capote de Bennett Miller, autor, además, de los filmes The Cruise, Thompson, Moneyball, The Question y Foxcatcher.