Esculturas dinámicas de Tony Cragg

Esculturas dinámicas de Tony Cragg

  • El artista y de fondo una de sus obras. Foto tomada de Artnet
    El artista y de fondo una de sus obras. Foto tomada de Artnet
  • Una de las piezas dentro del arsenal creativo del artista. Foto tomada del blog de Cragg
    Una de las piezas dentro del arsenal creativo del artista. Foto tomada del blog de Cragg

Las formas orgánicas del muy destacado artista Tony Cragg, quien es parte de los nuevos escultores británicos surgidos hacia los años ochenta, pueden ser vistas en su exposición personal abierta en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana. Esta muestra retrospectiva es representativa de la diversidad de formas escultóricas de su repertorio. Comprende desde los años noventa del pasado siglo hasta lo que va del 2000. La exposición incluye algunos de los dibujos realizados al aguafuerte que le han servido de estudio preliminar, sin por eso trasladarlos de un modo directo a la escultura. Sus obras son de una innegable calidad artística dentro del exigente mundo europeo.

Sus materiales más acostumbrados son la madera, la piedra, el metal plateado muy pulido y el bronce fundido coloreado. Cualquiera de los materiales empleados los somete artísticamente a la intención de dar la sensación de movimiento, de mudar su semblanza, de imprimirle el sentido de la no perpetuación y fijeza definitiva de las formas, de ser el resultado consecuente de un flujo, sustentado como un principio vital del cual son expresión. Tiene un profundo afán de investigación sobre las cualidades intrínsecas de las propiedades físicas y químicas de los materiales, debido —en parte— a su formación científica anterior, la cual le permite comprender y explorar ventajosamente con miras a encontrar nuevas posibilidades formales y expresivas en la escultura. Ama las esculturas que dan una sensación perceptiva blanda a los materiales duros, una de las constantes de su arte.

Las formas introducidas por este artista en el campo de la escultura internacional semejan los brotes de un magma viscoso, tal si procedieran de la acción de fuerzas telúricas en los procesos de erupción de lava del subsuelo. Dada la flexibilidad sugerida en el tratamiento del material, adopta formas no definitivas, inflándose, retorciéndose, girando unas veces sobre un eje interior a manera de columna, que en algunas formas le sirve de soporte y marca la dirección de su esfuerzo ascensional; o bien se expande y repliega, curvándose y retorciéndose continuadamente a nivel del suelo.

Dan la impresión de una gran libertad en esa etapa de un magma en el momento de brotar de la tierra, reformulándose los elementos reblandecidos del material, los cuales, una vez puestos en interacción con la atmósfera, parecieran adquirir la solidez. Dan la impresión de obedecer a fuertes impulsos a nivel propiamente de estados inconscientes actuantes en el seno de la naturaleza que el artista ha reasumido, recreándolos a partir de los comportamientos de la realidad tectónica de la tierra, lo cual le confiere a su obra un interés especial.

En ese procedimiento del artista, resulta que la acción espiritualizada de lo incorpóreo es como si ejerciera una acción sujetadora notable sobre las indomables fuerzas de la naturaleza, pues el aire en su alrededor, ese ente ligero, casi intangible, signo metafórico de la no pesantez ni densidad de lo espiritual, demuestra en las formas empleadas un poder simbólico muy activo y modificador sobre esa masa de magma, porque puede actuar con una fuerza inusitada sobre su densidad material infinitamente superior a su casi intangible densidad. Indicio conceptual de cuán decisivo e influyente es lo espiritual, para él y para muchos, en relación a las cosas del mundo. A la vez, es una indagación de alcance filosófico sobre cómo las fuerzas del caos pueden ser domeñadas a pesar de estar dominadas por un enérgico ímpetu al emerger.

Sus obras parecen erupciones emanadas de la tierra, en algunas en la forma de desbordamientos ascensionales, sufriendo o no una inclinación hacia un lado por efecto de la pesantez del engrosado volumen superior. En otras, el material fluido se retuerce y crea dobleces al avanzar sobre el suelo. Ambas direccionalidades son sus preferidas en los derrames de material que conforman sus obras. Y digo derrames con toda intención porque presentan el aspecto de un fluido de magma espeso, detenido apenas un instante en cualquiera de los materiales empleados, sea bronce, madera o acero, para permitir al espectador contemplarle en toda su dimensión. Y proseguir cambiando tras esa pausa, cual si solo fuese un lapso, ya que sus esculturas son dinámicas, ajenas al estatismo, como lo atestiguan sus constantes ascensos, ondulaciones y repliegues.

Los retorcimientos y estiramientos provocados por los impulsos mecánicos de las simbólicas fuerzas actuantes en sus piezas parecen impulsar chorros de fluidos densos, emanados hacia una u otra dirección, algunas veces notoriamente zigzagueantes, generando de conjunto el manejo efectivo de las fuerzas contrapuestas en sus distintivas formas escultóricas. Las formas de Cragg escapan de una dirección única, pues el movimiento va fracturándose en capas irregulares superpuestas, cual si la obra estuviese sometida en su transcurrir temporal interior a diferentes ritmos en sus movimientos y giros.

Me parece ver en esto la representación artística de la lucha permanente de alcance cósmico, metafísico, entre las fuerzas desencadenadas del desorden y las fuerzas modeladoras del orden; a la manera antigua de considerarse los vínculos antitéticos entre lo dionisíaco y lo apolíneo, los cuales más allá de sus oposiciones eran concebidos bajo una gran unidad. Ese conflicto es un traspaso al lenguaje plástico de las inquietudes reflexivas del artista, quien proyecta la salida del impulso indómito de propia energía y a la vez ejerce la remodelación material de lo primario emergido, para sin perder esa vitalidad genuina inicial, acomodarse a los propósitos expresivos de una direccionalidad que encause expresivamente esas fuerzas estallantes. Se puede sospechar sea este uno de los núcleos capitales alrededor del cual centra su penetrante e inquieto pensamiento artístico, de donde mana el caos de densidades desiguales de sus esculturas, resultado de la disposición que hace de las masas corpóreas y las fuerzas de empuje presentes en muchas de ellas. Eso le otorga una distinción y trascendencia dentro del marco europeo e internacional.

Las suyas son esculturas dinámicas, en transición, modificándose ininterrumpidamente en el acto de creación, produciendo una situación de no fijeza, de ser solo un momento de tránsito, al no representar el arribo a formas definitivas, estabilizadas…

La imagen ofrecida por sus esculturas revela ser la captación de un proceso continuo aparentemente detenido, en el cual están inmersas. Instante aletargado con el fin de ser objeto de la contemplación estética y continuar luego indiferente frente al público en su camino inmanente de transformaciones, dejando a la imagen escultórica observada en la condición de ser solo un momento que con posterioridad habrá de cambiar y devenir fugaz. Lleva consigo entonces, a mi juicio, el estar abierta a la idea de la permanente creatividad, a no quedar encerrada en una forma conseguida de una vez y para siempre. De ahí que sus esculturas disten de esos propósitos acostumbrados de fijeza al ser significativamente solo un punto temporal y material de cambio, de tránsito y movilidad en su continuado devenir, donde la forma estática adoptada es apenas un momento entre los cambios internos por proceder. Cada una de sus esculturas está impregnada de una constante energía, encaminada en su vitalidad a alcanzar nuevas formas no visibles, aun por imaginar.

Los cambios de forma obedecen a los adoptados por el material. Es este quien adquiere un verdadero protagonismo en sus obras. Son las cualidades físicas de los materiales empleados las que posibilitan la aparición de aspectos del ser de lo escultórico mostrado. El material da indicios formales de estar vivo, impregnado de una energía vital que lo hace predispuesto a la condición de mutar sus aspectos, sin prever cuál podría ser el resultado final. Porque en su marcha potencial evolucionarán sus esculturas como un organismo vivo en permanente modificación. Esa es la singular expresión visual que lo caracteriza.

Muchas de sus obras presentan un movimiento diferenciado por un especial giro que le insufla una progresiva ascensión. A tenor de este giro adoptan numerosas proyecciones curvas, por ejemplo, en Contradicción (2014), realizada en piedra. Me llamó la atención el uso abstracto de direccionalidades opuestas proyectadas en la estructura compositiva de esta soberbia pieza expuesta. Son fuerzas en tensión con diferentes momentos angulares que provoca esa diferenciación escalonada del material en esta y otras de sus esculturas. Las expansionan lateralmente y fracturan el movimiento sugerido, sometido a diferentes ritmos. Esos impulsos centrípetos generan una concentración de las masas con formas curvas en los bordes que recuerdan poderosamente los trazados geométricos de elipsoides con diferentes momentos angulares, obtenidos al disponer los volúmenes escultóricos en un movimiento circular o en zigzag. Su dominio científico personal de las propiedades de los materiales que estudia con sumo cuidado le hace vislumbrar la conformación de esas configuraciones en elipsoides.

Sus esculturas apuntan a la hibridación de las cualidades de lo natural tectónico y lo humano en múltiples perspectivas conceptuales y formas. Lo sorprendente es cómo introduce posibles perfiles de rostros humanos en esos giros. Al hacerlo, los contornos abstractos dejan percibir recurrentemente esos perfiles subyacentes en sus formas, como en la pieza expuesta Eliptical column (2009), en acero inoxidable, dejando pautada una referencialidad no necesariamente obligada, pero si evocada, dada la predisposición humana de percibir en manchas o bordes los detalles de figuras reconocibles de la realidad. En este es perfectamente identificable el perfil del rostro, pero basta avanzar, dar un pequeño giro en su alrededor y se borra de golpe la naturaleza delimitada del rostro al hacerse fugaz, equívoca. Visión rápida esta que escapa a la fijeza acostumbrada en el tratamiento del tema del retrato. Eso le da cierta ambigüedad intencional adscribiéndola a su dominante condición abstracta, pero deja abierta la comprensión de lo abstracto a no necesariamente una ausencia total de referencialidad.

Ocurre otro tanto en Bent of Mind (2002), bronce, 120 x 80 x 70 cm., cuyo título deja entrever ese carácter curvo, en el sentido elíptico de la mente de perseguir ideas preconcebidas en lo perceptivo porque en uno de sus ángulos de rotación se define claramente un perfil humano que al continuar girando en su cercanía desaparece y la imagen se torna totalmente abstracta.

Exige invariablemente del público circunvalar a sus obras en correspondencia con las formas en giro que estas adoptan, convirtiéndolas en verdaderos organismos, susceptibles de percepciones mutantes, evadiendo decisivamente toda frontalidad. En Constructor (2007), al ser de acero inoxidable, su abrillantada superficie reflectante multiplica la presencia de los visitantes y los convierte en una parte fluida de su imagen que resbala continuamente haciéndola variable, introduciendo de ese modo la presencia humana de una manera fluida y cambiante en ella. Como si pretendiera significar que la abstracción y los materiales, cualquiera que estos sean, no dejan de traslucir la evocación de la condición de ser productos creativos realizados por el hombre cuya huella queda inscrita en ellos.

Sus formas biomórficas llegan a adoptar las propiedades inherentes a los cromosomas como ocurre en esas formas básicas nucleares de la vida aplicadas en Formulation (Stance), bronce y Formulation (2000) en bronce rojizo, en donde aparecen números y letras moldeadas en sus superficies, indicando cuánto de informaciones fijadas, codificadas, son portadores los cromosomas. Reforzada y ampliada esta idea poética en el dibujo realizado en acuarela precisamente con el título Chromosomes (2005), dibujo hecho a la acuarela. Estas estructuras que son la base de la vida adoptan en estas piezas formas humanoides. De modo que, de manera muy íntima e indisociable, en la poética de este deslumbrante artista inglés aparece confluyendo y consustanciándose la vida en todas sus formas.

No puede hablarse de la naturaleza en términos de este artista sin referirse a la humana que la acompaña en parte de su larga historia. Ambas son fuerzas constructoras, creadoras —dejemos a un lado el carácter también destructor de ambas que no es objeto evidente de consideración por este artista—. Lo natural y lo artificial se tocan en sus obras, por eso resulta significativo que bajo sus formas de apariencia de magmas tectónicos conformadores de los estratos de la tierra, se transparenten las formas de perfiles humanos, identificando de ese modo a ambos, haciéndolos confluir, encontrando el reflejo de uno en el otro. Eso para mí es grandeza de pensamiento.

En el conjunto escultórico Minster (Catedral) (1992), evoca las formas catedralicias a partir de simples piezas de tornillos, roscas y discos usados anteriormente en la industria, reutilizadas por este artista para conformar empinadas agujas, que en su condición abstracta lo mismo hacen referencia a centros religiosos de la cultura occidental que a la del Oriente, en un ecumenismo que hace tabla rasa de las diferenciaciones entre ellas, porque en todos los casos son expresión de lo más elevado del espíritu. Muy posiblemente, a nivel filosófico, la ciencia, la tecnología y el arte no son en modo alguno unas dimensiones separadas en la creación escultórica de Tony Cragg.

El procedimiento de utilizar piezas encontradas, extraídas de la realidad común y utilizarlas con fines de creación artística respondió a una etapa de su carrera. Esta pieza es representativa de ese periodo de su creación. El valor estaría en esa fase creativa suya en mostrar su ingeniosidad para desde recursos muy simples y nada costosos, tomados de deshechos de la industria, realizar obras de impacto y belleza de una sencillez sobrecogedora. Da en la sencillez de su elaboración una muestra de cuán poderosa es la capacidad de creación humana en cualquiera de sus manifestaciones, aspecto de importancia capital en su ideario estético.

Puede observarse cuan interesante es su método de concebir lo escultórico a partir de una ascendencia de estirpe minimalista, aun cuando recurra a formas visuales orgánicas y no tecnológicas. Lo suyo es la sencillez y la destreza de las formas, pero sin el afán de inscribirse en la corriente conceptualista. Mas, al hacerlo, demuestra los amplios y diversos caminos que la creación artística encuentra cauce en el mundo contemporáneo.