Eva Rodríguez vivirá eternamente en la memoria de la teleaudiencia insular

Eva Rodríguez vivirá eternamente en la memoria de la teleaudiencia insular

  • Eva Rodríguez siempre regalaba esa amplia sonrisa que la caracterizaba ante las cámaras.
    Eva Rodríguez siempre regalaba esa amplia sonrisa que la caracterizaba ante las cámaras.

La eminente locutora, presentadora y conductora Eva Rodríguez Morejón (1930-2017), Premio Nacional de Televisión, y ser humano excepcional, ya duerme el martiano sueño de los justos en los amantísimos brazos del espíritu universal; leitmotiv en la obra poético-literaria y periodística de José Martí, referente ético en que la también Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) estructurara su labor artístico-profesional en el campo de la locución, percibida como arte y técnica, fundidos en apretado abrazo, y como fuente nutricia de humanismo, patriotismo y espiritualidad.

Conocí a Eva en la pequeña pantalla, concretamente en el circuito CMQ Radio y Televisión, propiedad de los señores Abel y Goar Mestre, cuando animaba emblemáticos espacios musicales que salían al aire con una frecuencia semanal, para beneplácito de los amantes de la buena música cubana, la verdadera, la auténtica. En estos espacios, participaban agrupaciones charangueras, de jazz band y conjuntos soneros, hoy lamentablemente invisibilizados en los medios.

Desde esa lejana época, admiro y respeto la calidad técnico-artística de la cálida voz que Dios y madre natura le concedieron, y que la academia perfeccionó al máximo. No es posible hablar de Eva sin mencionar su frase paradigmática: «Saludos amigos», con la cual le daba la más cordial bienvenida a la audiencia y hacía vibrar de emoción a los asiduos telespectadores que sintonizaban los programas musicales que dejaron una impronta en el archivo mnémico de los fieles consumidores del arte de combinar —magistralmente— los sonidos y el tempo.

Eva Rodríguez era fundadora de la Televisión Cubana y miembro ilustre de la sección de Locución de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), donde nos encontramos en reiteradas ocasiones, tanto en los eventos teóricos Caracol, como en el espacio mensual Moviendo los caracoles. En esos contextos, me le acercaba para elogiarla y expresarle lo bien que se mantenía, no obstante haber llegado a edad de la sabiduría y la paciencia. Con sencillez y humildad —rasgos esenciales que identifican al genio verdadero, en cualquier medio— me daba las gracias y esbozaba esa amplia sonrisa que la caracterizaba ante las cámaras.

La última vez que vi a Eva fue cuando el director Julio Pulido y el locutor y periodista Julio Acanda la invitaron al espacio televisivo Entre amigos. ¡Qué alegría tan grande me produjo verla de nuevo en un programa que goza de la preferencia del público cubano! Esa fue su despedida del medio al que tanto prestigio le confirió durante su fecunda existencia terrenal.

¡Descansa en paz, Eva Rodríguez, porque tu inmaculada obra la puedes mostrar al cielo con legítimo orgullo!