Exposición de iconos post-bizantinos griegos y rusos en el Museo Nacional de Bellas Artes (I)

Exposición de iconos post-bizantinos griegos y rusos en el Museo Nacional de Bellas Artes (I)

  • Obras: La Santísima Trinidad y La Virgen como fuente de agua viva.
    Obras: La Santísima Trinidad y La Virgen como fuente de agua viva.
  • Obras: San Basilio, San Nicolás y San Atanasio y El bautismo de Jesús.
    Obras: San Basilio, San Nicolás y San Atanasio y El bautismo de Jesús.

La colección de iconos que posee el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana corresponde al periodo post-bizantino. Son obras de finales del siglo XVII hasta principios del siglo XX. A las terminaciones de la presente exposición titulada Iconos post-bizantinos griegos y rusos se seleccionaron por el museo veinte piezas representativas, en número equitativo de diez griegas y diez rusas. Entre esas dos vertientes iconográficas que conforman la tradición de iconos post-bizantinos del museo, existen numerosas interrelaciones. También hay matices diferenciadores, pero no son tan determinantes como para abismales separaciones. De modo que se ha tenido el cuidado en su presentación museográfica de activar la capacidad de observación del público para que sin extremo didactismo sean los propios visitantes quienes atraídos por la temática y las formas de esos iconos puedan ir encontrando en su observación, esos rasgos que visualmente los acercan y los separan.

Por tratarse de una iconografía especial, no manejada de antemano por el público dado el pertenecer a un horizonte cultural muy diferente al nuestro, emplearé el recurso informativo general de referirme a la temática, la identificación de los personajes representados y el tratamiento compositivo de las obras mostradas, con el fin de auxiliar, de manera preliminar, a quienes acudan a visitarla después de haber leído las dos partes de este artículo, o ampliar algunos informaciones a quienes la hayan visto con antelación. E incluso, a los que sin haber podido ir, puedan de este modo tener un primer acercamiento al tema y después por sí mismos indagar en otras fuentes de consulta especializada.

Para un mejor entendimiento he dedicado la primera parte del artículo a los iconos de procedencia de las escuelas griegas, y la segunda parte a los de procedencia rusa. Deberán buscarse por tanto de manera complementaria ambas partes para alcanzar esa visión de conjunto que la curadoría misma ha tenido bien en proponerse resaltar.

Entre las piezas de procedencia griega expuestas, sobresale el icono La Santísima Trinidad (Escuela griega, Asia Menor, siglo XVIII), realizada en la técnica de temple sobre madera, 35 x 27 cm.)

En ella las figuras de Dios Padre, Dios hijo y Espíritu Santo, ocupan el área principal de la composición sin otros detalles. Los colores utilizados, como es propio del sistema visual de los iconos griegos —ocurre también con los de procedencia rusa— responden a una norma artística estabilizada por muy largo tiempo. De entrada, el público debe saber algo sobresaliente de los iconos. Generalmente hay una ausencia de intención en representar a los personajes en un contexto arquitectónico muy preciso, dejándolos ver aislados, al reducir esa contextualidad a un carácter espacial simbólico para crear un espacio abstracto, irreal, así como a la no incorporación de la disposición en perspectiva que sitúe a las figuras de un modo ordenado, delante o detrás, distantes o cercanas entre sí con un grado de profundidad, porque se caracteriza la pintura de iconos en sentido general por una insistencia a la bidimensionalidad, esa que conduce a una carencia o aplanamiento de la profundidad espacial.

En La Virgen como fuente de agua viva (Escuela griega, Constantinopla, siglo XVIII, en temple sobre madera, con una cubierta metálica, 48,5 x 36,2 cm.) se traducen ideas de origen pagano muy antiguas, asimiladas y traducidas a formas cristianas acerca de la fertilidad y del agua como fuentes nutricias de la vida. pués de haber leído las dos partes de este artículo, o ampliar algunos informaciones a quienes la hayan visto con antelación. E incluso, a los que sin haber podido ir, puedan de este modo tener un primer acercamiento al tema y después por sí mismos indagar en otras fuentes de consulta especializada.

Para un mejor entendimiento he dedicado la primera parte del artículo a los iconos de procedencia de las escuelas griegas, y la segunda parte a los de procedencia rusa. Deberán buscarse por tanto de manera complementaria ambas partes para alcanzar esa visión de conjunto que la curadoría misma ha tenido bien en proponerse resaltar.

Entre las piezas de procedencia griega expuestas, sobresale el icono La Santísima Trinidad (Escuela griega, Asia Menor, siglo XVIII), realizada en la técnica de temple sobre madera, 35 x 27 cm.)

Esa fuente es la representación simbólica de los beneficios de quienes se acerquen a satisfacer su sed espiritual en la fuente eterna de la fe cristiana. El cáliz metálico deviene una transposición del seno materno de la fecundidad de María, quien se abriera a recibir del cielo el fluido sagrado de Dios, del cual nace Cristo niño, anunciador de la alborada a un nuevo mundo. Brotará de la Virgen y el niño una fuente inagotable de agua viva, la de la Nueva Vida surgida, resultado del misterio de la gestación sagrada de Cristo, destinado a traer a la tierra la verdad de una fe universal.

Desde un punto de vista técnico, el trabajo metálico de orfebrería en relieve integrado a la pintura, genera un carácter híbrido en las técnicas adoptadas por algunos iconos como ocurre en este, las cuales compiten en cuanto al área visual ocupada, al valor lumínico, a la textura y el color. En este icono se enfatiza en la separación de lo celestial y lo terreno y los modos de mediación entre ellos. Esa agua extraída en cántaros de la fuente como se deja ver en la imagen tiene la virtud de poder expulsar a los demonios, de liberar de los tormentos del cuerpo y del alma a quienes han caído víctimas del pecado.

En el icono identificado por San Jorge y San Demetrio (Escuela griega, anónimo popular, Grecia, siglo XIX, temple/madera, 28,7 x 21,3 cm.), se colocan en igualdad de proporciones a San Demetrio (santo patrón de Tesalónica, Grecia; nacido hacia el 270 d.C.) y San Jorge (Capadocia, Anatolia central, actual Turquía, nacido hacia el 275 ó 280). 

Los dos personajes coinciden en haber sido sobresalientes militares del ejército romano, martirizados por sus ideas religiosas a comienzos del siglo IV, van unidos en la defensa de la fe. Ejemplifican los ideales a promover entre los fieles, especialmente en los jóvenes en ser honestos, virtuosos, valientes y convencidos de la fortaleza ideológica de su ideario cristiano.

San Demetrio era considerado uno de los más importantes patronos militares ortodoxos. Es poco adorado en Occidente pues responde al mundo cristiano del Oriente. Su jerarquía puede aquilatarse en la existencia de una basílica edificada sobre la tumba de Demetrio en Tesalónica, construida en la época en que esa ciudad era la segunda mayor del Imperio bizantino, la cual con el tiempo se ha convertido en un importante centro de peregrinación. A menudo se le asocia a la imagen de San Jorge, de ahí lo representativo de este icono.

San Jorge de Capadocia aparece con mayor frecuencia de manera aislada en las pinturas religiosas en lucha contra las fuerzas demoniacas, como ocurre en otra pieza expuesta en esta muestra, bajo el título atribuido de San Jorge matando al dragón (Escuela de las Islas Jónicas, Grecia, siglos XVII-XVIII. Temple/madera, 35,5 x 29 cm.), la cual es un fiel testimonio de ese tratamiento singularizado del santo. (Capadocia, Anatolia central, actual Turquía, nacido hacia el 275 ó 280). 

Se acostumbra a representar a San Jorge en la hagiografía cristiana, en el momento dramático decisivo del combate contra un dragón, en medio de un paisaje endurecido de elevaciones, escenario alegórico al eterno combate entre las fuerzas del Mal y del Bien por el destino del mundo. Representa asimismo la Verdad y la Falsedad enfrentadas, nociones que responden a la colisión ética y gnoseológica de dos campos alegorizados, concebidos profundamente antitéticos, ad eternum.

El culto a San Jorge se difundió por el Imperio Romano de Oriente durante el siglo IV. Ya en el siglo V su popularidad había llegado a la parte occidental del Imperio. Durante la edad Media y el primer Renacimiento se afianzó aún más al pasar del mundo religioso al de las leyendas medievales, metamorfoseándose en una figura del héroe salvando de la muerte a una princesa, entregada en sacrificio para aplacar a un monstruo que asediaba a su ciudad, que se ha perpetuado en la iconografía de su representación. El impacto formal y conceptual de ese particular modo de tratamiento temático se ha hecho sentir con mucha fuerza en la historia del arte europeo fuera de la pintura de iconos. Podría afirmarse que es una de las imágenes más destacadas y representativas del mundo cristiano.

No obstante, esa imagen simbólica fue adquiriendo posteriormente ciertos matices semánticos de otra envergadura, en torno a los conflictos y el combate humano contra sus propios demonios. Es ahí, donde creo subyace la fuerza de su activa influencia hasta la contemporaneidad. Por demás de una belleza iconográfica impactante, envuelta en un enigmático poder de atracción que sublimiza el acto de sacrificio en el enfrentamiento al Mal, lo sustrae de caer en un determinismo exclusivamente religioso para ser asociable a múltiples connotaciones a significar la necesidad de combatir a las fuerzas del mal, no importa a qué precio, sea cuales sean las formas que esta adopte, haciendo universal y diríase eterno su mensaje.

El icono San Basilio, San Nicolás y San Atanasio (Escuela griega, anónimo popular. Macedonia, Grecia, siglo XIX. Temple/madera, 36 x 28 cm.), adopta la forma de la Deesis. 

¿Qué es la Deesis? Es una forma compositiva de los iconos, empleada primero por el arte bizantino y posteriormente por el arte ortodoxo. Su uso era para que los fieles pudieran dirigir de manera concentrada sus plegarias religiosas a determinados santos. Se caracteriza por la disposición segmentada del espacio pictórico en dos franjas horizontales: debajo ocupado por las figuras a quienes se les ruega directamente. (En este icono se trata de los santos San Basilio, San Nicolás y San Atanasio). Arriba, siempre aparecen tres personajes en la Deesis: Cristo al centro, con la Virgen María en el lugar jerárquico de la derecha; y a su lado izquierdo a San Juan Bautista. Estos dos últimos con los brazos cruzados, en posición de reverencia y súplica, intercediendo ante Cristo por la humanidad. En auxilio y protección a la vez de la acción mediadora de los santos entre los hombres y lo divino, garantizando la eficacia comunicativa directa de sus plegarias. ¿Quiénes fueron y qué importancia tuvieron San Basilio, San Nicolás y San Atanasio, los tres santos de la imagen de este icono, todos con la mano derecha dando la bendición, portando en la otra, abrazado contra su pecho, el libro de las Sagradas Escrituras?

San Basilio de Cesarea (ca. 330 -379) fue ampliamente conocido como Basilio el Magno. Su disposición a la izquierda de la mirada del observador, debajo de la Virgen, lo realza en jerarquía. Es un santo de la Iglesia Ortodoxa. Uno de los cuatro Padres reconocidos de la Iglesia Griega (junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo). Fue un célebre predicador, proclamado igualmente Doctor de la Iglesia católica, quien ofició como obispo en Cesarea, ciudad muy antigua localizada en la costa de Israel, que fuera capital civil y militar de Judea, y la residencia oficial de los procuradores y gobernadores romanos. San Basilio escribió sobre teología acerca del valor y significado de la tradición cristiana primitiva. Aparece caracterizado con su vestimenta de obispo griego. En Rusia hay una Catedral dedicada a San Basilio, localizada en la Plaza Roja de Moscú, cuya construcción fue ordenada nada menos que por el zar Iván el Terrible.

San Nicolás, otro de los aquí representados, fue un obispo cristiano de origen griego. Ocupa espacialmente en este icono la posición intermedia entre los tres, debajo de Cristo, por tanto un lugar privilegiado entre los tres santos. Vivió en el siglo IV en Anatolia, en los valles de Licia (actual Turquía). Era uno de los más venerados en la Edad Media por sus milagros y su bondad hacia los pobres. Es considerado triplemente santo patrono de Grecia, de Turquía y de Rusia.

San Atanasio de Alejandría (ca. 296-373, Alejandría, Egipto), el tercer miembro de la imagen, debajo de la figura de San Juan, fue Obispo de Alejandría y proclamado Doctor de la Iglesia en 1588 por el papa San Pío V. Muy respetado por tres iglesias: la Católica, la Ortodoxa y la Copta. Se representa igualmente con sus vestiduras identificatorias de Obispo griego.

Finalmente he dejado con toda intención para el cierre de esta primera parte del artículo sobre la exposición Iconos post-bizantinos griegos y rusos, a uno de los griegos que resalta con sumo interés. Es el que aparece como El bautismo de Jesús (Escuela griega, Grecia, siglos XIX-XX. Temple/madera, 33 x 24,5 cm.). 

La ingenuidad en que han sido concebidas sus figuras seguramente es debido a su evidente condición de pintura anónima, popular. Indicio de haber sido usado en la práctica religiosa por personas de pueblo, las cuales, con menos recursos económicos, pero necesitadas también de poseer un icono propio o familiar para sus ruegos, han recurrido a poseer uno de menor elaboración formal, mas no por eso menos valioso en la plasmación del sentido de su mensaje. Yo mismo quedé raramente impresionado en una mirada que dirigí rápido al mismo, no precisamente en su favor. Reflexionando después he comenzado a valorarlo altamente. Se trata de la grandeza de un momento religioso tan significativo para la cristiandad, con la sutil gracia de una iconografía que recuerda con fuerza a las pinturas de carácter primitivo, realizadas a comienzos por los cristianos. Surgidas en medio de condiciones de pobreza en la vida, de la cual nacieron las enseñanzas de Cristo en favor de los humildes.

Esta representación del bautismo nos da la iconografía acostumbrada de este ritual, en la que Juan derrama el agua bendecida sobre la cabeza de Cristo con la ayuda de una concha. Se trata del pasaje relatado en el Nuevo Testamento cuando Jesús, a la orilla del río Jordán, le pide a su primo Juan que le bautice. Este se siente extrañado por la petición. Juan finalmente procede a la ceremonia según lo solicitado, y es entonces cuando el Espíritu de Dios desciende para anunciar simbólicamente en el contexto natural de esa escena, una proclama fundamental al mundo, que ha sido desde entonces un centro vital para el hombre: «Este es mi hijo muy amado». Es formalmente de un total contraste con los iconos prodigiosos, magnificentes de oro, deslumbrantes en otro tipo de singular belleza, que nos ha legado prodigiosamente la tradición pictórica bizantina y post-bizantina. Pero está realizado con una belleza de formas ingenuas, trazadas con una sutil gracia y delicadeza, que resulta plena de sincera espiritualidad.