Filiberto González Rebollar: un poeta a tener en cuenta

Filiberto González Rebollar: un poeta a tener en cuenta

  • Un libro de poesía siempre deriva muchas referencias.
    Un libro de poesía siempre deriva muchas referencias.

Bien decía Drumond de Andrade que cuando entra el poeta joven a tu casa ha penetrado el enemigo. Así parece probarlo con este libro[1] este autor, avezadísimo lector al que prestamos y aun solemos prestar muchos buenos libros[2], quien, pese a reclamos de amigos y poetas, demoró bastante en verse en letra impresa. Y parece que para bien ha sido, como lo prueba esta Muerte por asfixia que lo devuelve al mejor respiro de la nueva poesía cubana[3]. En el poemario todo parece derivarse de una máxima de un gran libro dedicado también a la muerte del padre[4]: “No se engañe nadie, no, / pensando que ha de durar / lo que espera / más que duró lo que vio.”

Una muerte tienta, una muerte es el punto de comparación, el instante a recorrer y traspasar en los objetos. Se entremezclan los universos de la mente, del espacio industrial y del espacio agrario. Los términos, los conceptos de uno sirven para denominar a los otros. Los conceptos que definen los espacios son intercambiables. La postura que se refiere o que se mantiene ¿es una inclinación desde la que se espera algo o desde la que ya nada nos asombra? Nos hallamos frente a un poemario eminentemente espacial donde el instinto matemático sin piedad lo cerca todo. Un libro del espacio y su carga menuda, atadura que suele ser ágil. En este mundo de medidas, de traspasos, de agenciamientos análogos el espíritu, reducido por todo lo anterior, sólo puede mostrar un leve, sutil disentimiento.[5] Se nos acerca a una especie de tratado de ajustes físicos y mecánicos que detallan los procesos más simples a la noción pública, no a la potencialidad escrutadora del ojo. Entonces nos damos cuenta  de la rara mezcla que ha creado el autor al utilizar las técnicas del nouveau roman,[6] los procederes de la poesía hiperrealista y un lenguaje casi postmoderno: tomando del lenguaje de la ciencia su densidad y exactitud se organizan esos textos breves, hechos de tornillos ajustados. Se prefiere el enfoque hiperrealista: el mismo acto convertido en nuevas palabras.

A veces con una tirada de sustantivos se organiza un ritual, un ritual económico, una acumulación que se cualifica, nunca se cuantifica: ese es el objetivo del autor. Derivación y monotonía parecen alcanzar un grado parecido. ¿Esconde la emoción o prescinde de ella? Mejor dejarnos tentar –impresionar-  por la muerte, por la curiosidad de su estructura o imbricación. Aquí los objetos presionan y el cuerpo cede. ¿Es posible esta hilada independencia? El carácter lúdico o aparentemente lúdico de la enunciación, donde se hace gala de precisión, instinto analógico y una terrible soltura, acalla un tanto la crudeza del tema, y el abordaje alegórico sirve como instrumento para la degradación de la emoción. El yo, aquí aparentemente desdibujado “disuelve” su intensidad o desgarramiento en la capacidad del cerebro para registrar los cambios en los objetos. Sopesar la vida de los objetos. Ellos suplantan los resortes de lo humano y crean su fábula y leyenda para seguir. El mundo físico, la efectividad, la funcionalidad del universo exterior son la máscara, sólo la máscara para el ritmo desmadejado y anárquico del sentir. La mano por extensión del brazo y del cuerpo, en su naturaleza, se convierte en el enemigo de todo: cómo se abre, cómo se pudre, cómo pierde su virtualidad. El poeta aborrece el sentido del sinsentido de las cosas, sentido que solo se supera cuando la mano crea –no cuando alimenta o sostiene o hace el bien, sino cuando crea. La escritura también es contemplada como algo que nace en / sobre la tierra, como algo que refleja o recuerda y presiente.

De un golpe de descripción lo más humano semeja lo inhumano. Lo rudo es el punto de comparación y por ósmosis o derivación la labor cotidiana, el arte. Alguien, un ojo, ha estado mirando todas estas aproximaciones o versiones, alguien que se introduce en el “paisaje” o se desentiende para describir las huellas que dejan los otros. Entonces contempla y puede percibir la hermosura del mundo, sus dotes de óleo o de postal, recalco, puede percibir, pero en el fondo está desolado. Hay textos que operan con la alegoría de todo el libro, donde la madera desvastada, una res deshecha en un rincón del cuadro y una mesa de disección en que se junta todo, configuran el set. Perennes una escena virtual y clavada en el cerebro- una escena de muerte- y un niño en la adultez que compara todo lo que ve con lo único que realmente tiene adentro, con lo único que conoce. El muerto se contempla con asombro, con descubrimiento, absorbido por la frialdad, la simetría de los objetos que lo muestran. ¿Es el cuerpo sometido a la inercia de los objetos?

¿Lo vivo se inclina  a lo no vivo? O el cuerpo y la mente destajada tienen esta visión, esta interioridad, este frío traído de una muerte? Es el peso de las cosas no vivas, imperceptible sobre las vivas. El autor me lanza una inquietud: ¿La frialdad, el orden, son partes esenciales de lo inexorable? Hay un horror que proyecta una secuencia, con cuidadoso escarceo de precisiones. Pero el horror deja suficiente lugar al espacio de la tentación ¿Puede la visión ‘enfermiza’ alcanzar ensoñaciones, perfiles imaginarios en la escena del crimen de un ser amado? ¿O hay una reordenación matemática en la mente muerta o aterrada? El ojo teme y mira, el ojo teme, juega y mira. A veces seducen los cruces de la postura y el deseo. Si Lichtenberg describió 64 poses de colocar la mano en  la cabeza, nuestro poeta ha redescubierto el poder de los gestos, las posturas, para describir la vida, como metáforas con fondo y sin fondo de aquellas. Con esa especie de hiperrealismo crea una nueva realidad en la que los títulos –siempre sustantivos-  apuntan a lo neto, a lo pesado, a lo lleno, a la cualidad de las dimensiones del discurso. Nos llama la atención la capacidad de resistencia del texto a una segunda y hasta a una tercera lectura, hecho vinculado sin duda a un enrarecimiento ex profeso del poema, del espacio poemático que si afina hacia lo matemático se salva, pero a veces es nulo, en el tortuoso juego de colocar los vocablos con un exceso de economía. Y cuando la sintaxis se trenza y llega el momento de justificar, de fundamentar, ahí enseñan su poderoso cuerpo, que se muestra y no se entrega, las enumeraciones.

Estamos ante la certeza de una muerte, el abordaje alegórico, los sustantivos, cayendo como sacos de peso exacto entre coma y coma, esmerando el instante del contacto, ante poemas fuertes casi sin verbos[7], ante “un sonido de nervios” y “el ácido de los colores”. El afán lúdico, el goce de tensar con conceptos matemáticos es apreciable en algunos títulos de poemas que el autor perifrásticamente también coloca posteriormente como título de secciones. Son primero el hilo que se desfibra y luego la fibra que se deshila. Le sugiero solo revisar en el cuerpo de la sintaxis del libro el carácter demasiado ambiguo de algunos antecedentes.

En este poemario[8] el cuerpo muerto comienza a ser parte de los objetos. Así como se disponen los objetos, obstruyendo, provocando, así vaga en silencio el espíritu del poeta: en su garganta, en sus motivos, también, a tono con los tiempos que vivimos, ‘se hace un nudo de nailon en el cierre’.

Notas:

__________________________________________________________________________

[1] Filiberto González. Muerte por asfixia. Colección Pinos Nuevos, Editorial Letras  Cubanas, La Habana, 2004.

[2] El escritor norteamericano David Leavitt ha dicho con razón que no hace crítica literaria sobre un autor si tiene el más mínimo contacto con  él. Con el presente artículo no lo refuto, sólo quiero llamar la atención sobre cierto estancamiento dentro de la poesía cubana escrita por las más jóvenes generaciones y la excepción de la regla que este caso, entre otros pocos autores, confirma.

[3] Caigo en el vicio o vagancia de las notas de contracubierta a los libros de poesía. Debí decir poesía cubana actual. ¿Pero qué cosa es en realidad la nueva poesía cubana?

[4] Jorge Manrique. Poema III. Coplas a la muerte de su padre. Colección Mitos – Poesía. Editorial Grijalbo Mondadori, 1999, p. 8

[5] Ver el poema “Relleno” donde el hablante lírico después de describir el mundo de inercia de los objetos que cercan, afirma: “No es todo cuanto desearía emplear a los efectos del consumo”. Ob. Cit. P. 13.

[6] En un intento por superar los hábitos literarios establecidos, los representantes de nouveau roman confundían y desafiaban deliberadamente al lector, evitando cualquier expresión de la personalidad del autor, y huyendo de juicios de valor. El narrador deja de ser un Deus ex machina para convertirse en una especie de sirviente que trasmite un universo a través de “un determinado y constante modo de expresión”, según la definición de género que en su día ofreciera Michel Foucault.

[7] Véase el poema “217” y su perfecto ajuste entre forma y fondo.

[8]  El sin calificativo Premio de la Crítica perdió la oportunidad de reverenciar un buen libro. Recalco, libro, porque, hasta donde se sabe, este premio destaca títulos, no autores, como en realidad hace o a Premios Nacionales de Literatura, al que este galardón no es indiferente, pero tampoco esencial. Más allá de las carencias y las bajas pasiones,  los jurados pasados y futuros del mismo deben tener en cuenta que en la Colección Pinos Nuevos ha habido varios libros que, para no decir que han sido despojados de él, han sido merecedores de ese polémico premio.