Kounellis. La poética de las sombras y la luz

Kounellis. La poética de las sombras y la luz

  • El artista griego Jannis Kounellis exhibe su obra en la Habana Vieja.
    El artista griego Jannis Kounellis exhibe su obra en la Habana Vieja.

De lo oscuro, lo ensombrecido, más que de lo sombrío en sí, sale con sumo esfuerzo la luz. Esa sería mi definición de la poética creativa del artista griego Jannis Kounellis. Esta noción que avanzo propone un paralelismo, entre el lado oscurecido por quienes detentan el dominio institucionalizado, caracterizador de los valores, y la potencia iluminadora subyacente, que se sobrepone a esa condición reductora, excluyente de otras alternativas. En esa tensión se da el drama simbólico del enfrentamiento de la luz y las sombras, algo que subyace en el pensamiento simbólico desde hace milenios, no solo en la civilización occidental. Eso entronca con la naturaleza intrínseca de la rebeldía anti-institucional del arte povera, en el cual participa Kounellis como uno de sus pioneros más sobresalientes desde que surgiera esa tendencia artística en los años 60 y 70 en Italia, donde se formó y ha continuado viviendo desde entonces.

Kounellis, y esta tendencia povera, han sido ambos denodadamente defensores de una postura afirmativa que se rebela contra el refinamiento de la rudeza original de los materiales, convencionalizado como la única o la mejor forma de expresión culta de hacer arte. Traicionándose de ese modo a la propia naturaleza del material artístico empleado, al hacerse delicado, suave o translúcido, negando el carácter corpóreo y rudo de sus orígenes. Falseado de un modo artificial, al imprimírsele la condición de suave, moldeable, pulido, como si solo el repudio de sus orígenes permitiese darle una verdadera relevancia artística. La negativa de Kounellis y del arte povera en su conjunto a aceptar este principio es toda una declaración de guerra. A la cual como artista y persona permanece él fiel sin doblegarse hasta hoy. Se ha propuesto creativamente mostrar cómo en esa rudeza anida lo espiritual.

La cual puede constatarse en el Centro de arte Contemporáneo Wifredo Lam, en la exposición personal de este artista que se exhibe desde fines de noviembre de 2016 hasta fines de enero de 2017, promovida en decidida colaboración por Galleria Continua, ese dinámico centro de arte italiano que ahora también tiene además de otras sedes en el mundo, una presencia permanente en La Habana.

El arte povera es una estética enfáticamente opuesta a la del arte minimalista, a ese otro que creyó encontrar en la pulcritud tecnológica, en el brillo deslumbrante, en la homogeneidad, en la pulcritud de la aplicación del color, y en la esencialización abstracta de las formas, el sello supuestamente distintivo de la nueva era industrial. El arte povera llama la atención hacia lo opuesto, a los materiales pobres, a ver el esplendor potencial de lo espiritual en aquellos menospreciados por el gran arte refinado de las clases altas, o por la sociedad moderna en la creencia que es la sociedad tecnológica la que marca el Camino humano de progreso. Lo cual es un terreno de encontradas discusiones culturológicas que engloban actualmente a todas las esferas de la sociedad contemporánea, comenzadas a esbozar tempranamente desde la creación artística en los años que vieron nacer el arte povera, cuando se hiciera manifiesta la crisis del pensamiento filosófico de la Modernidad.

Kounellis está del lado del mundo de los pobres. Es esa la condición social que proclaman a gritos sus obras. Siempre como expresión de un profundo drama, en medio del torbellino de las convulsiones sociales en las cuales los hombres viven y sufren su pasión; con un tremendismo, diríase de dimensión religiosa, por cuanto sobrepasa el terreno de lo social y se percibe el aliento de una repercusión de alcance cósmico.

Llama Kounellis a pensar y a defender cómo lo más sutil e inmaterial anida en ese recinto carnal que tiene hasta en el obrero socialmente más bajo, de las minas inclusive, de las costureras y sastres, la fuerza de voluntad para sobreponerse al sufrimiento y el dolor que acompaña a su condición de explotado, de ser humano sacrificado.  Como intelectual y artista está siempre del lado de los hijos de la tierra, de los que con sumo esfuerzo crean y soportan el basamento productivo de la sociedad.   

El ser humano es carne y espíritu pero solo siendo carne puede acceder a la dimensión de la espiritualidad, no importa cuán diferentes sean las formas artísticas surgidas.  El tributo que ha de pagar la luz para alcanzar la libertad es paradójicamente la inmaterialidad, el vacío de la plenitud, como lo son las ideas, el lugar básico donde se activan, más allá de su condición gráfica y sonora. De ahí esa presencia como huella en el carbón directo, el saco de recogida de productos agrícolas o minerales en más de una instalación de este artista; o en el hollín dejado en las paredes, como ocurre igualmente en este último caso en una de las piezas exhibidas ahora en el centro Lam. Que parece aludir a un osario donde se han consumido tantos esfuerzos humanos, a los cuales rinde un fervoroso tributo.

De mostrar los efectos del drama de la luz en esta misma exposición en medio del supuesto e insólito vacío de una de las salas, donde allí, como escondido, inadvertido a la mirada que se contenta con lo inmediato, se debate nuevamente el drama de la luz por sobresalir simbólicamente en medio de las sombras, a lo cual solo podemos acceder quienes nos acercamos y pretendemos descubrir lo oculto en esa propuesta.

La dimensión ética de gran estirpe recorre toda la obra de Kounellis. Es una espiritualidad nacida de aquellos que se encuentran del lado de la pobreza. Es como una sólida corriente de estirpe franciscana que insufla de poder a su acto creador y se concreta en sus obras de una manera tal, que no traiciona nunca esa procedencia en la sencillez de sus formulaciones artísticas.  Por eso creo que es un artista poseedor de un sorprendente rasgo que hace de sus piezas verdaderos signos de la trascendencia del hombre.

Lo suyo no es el alarde ni las riquezas materiales. Es la profundidad anidada en el corazón de quienes entregan su sudor diario. En una máxima de silencio que tiene en cambio un gran poder aleccionador.

Se cargan sus piezas del sitio donde se presentan. Ese crear in situ no es un simple acomodo de carga en la transportación de sus exposiciones. Es símbolo permanente del arraigo al lugar donde se presentan. Enaltece la grandeza del sacrificio humano de ese sitio con los cuales se identifica, como es el caso de su presentación en Cuba, en aras del logro de una acción noble, virtuosa. Los enormes caballetes de metal acerado en una de las salas de esta exposición en La Habana, así lo atestiguan. Sirven de soporte a libros publicados por nuestras editoriales cubanas. Son libros que se convierten en expresión materializada de ese empeño de reflexión interna sobre la historia de la sociedad y la cultura cubana, escritos por los que afirmados intelectualmente en este suelo han sabido mirar en introspección aguda cuánto hemos sido, de los sinsabores de las vidas de muchos hombres en aras de lograr una redención social, que nos inscribe legítimamente en la historia de ese esfuerzo humano general por alcanzar la luz y alejar las sombras de los que tratan de cercarnos y oscurecerla.

No es la suya una obra empaquetada, exhibible de igual modo a la manera de los artistas globalizados, a pesar de ser él mismo distinguido en los circuitos prestigiosos del arte internacional. Todo lo contrario. Esa poética, de la cual Kounellis no puede eludirse a lo largo de toda su obra, la representa de un modo contextual según el terreno nacional donde se exhiban sus obras. Por eso la reformula en cada nuevo sitio, la atempera y ajusta a esas circunstancias.

Como los materiales de donde parte, en su dureza y posible tosquedad a los ojos de la culturas del refinamiento, halla lo exuberante en la grandeza del esfuerzo, en esa carga de voluntad por hacer sobresalir desde lo profundo la sinceridad del mensaje de aquellos que como él no se perturban por el devaneo de la fama o los vapores ocasionales de la fortuna, porque halla los valores fundamentales en la espiritualidad de la tierra, tan agresiva como la de su tierra natal, en la cual, sin embargo, florecieron sucesivamente desde antiguo expresiones artísticas que forman parte legítima del tesoro cultural del mundo, y muestran desde esa condición material duramente trabajada la grandeza del esfuerzo humano por sobresalir, por hacer salir la luz de la razón y el sentimiento a costa de un gran sacrificio.

La creación humana es acto de libertad, de liberación espiritual. Escapa de la dura realidad y sin embargo parte de ella. Ese es el drama del hombre que hace suyo Kounellis a lo largo de su obra, siempre es un acto renovado porque ese sacrificio no tiene fin, le ha acompañado desde siempre. Ese es su signo determinante y su verdad mayor. A ese es al cual él le rinde tributo siempre. Centrado en la expresión de su Poética de la luz y las sombras, en la cual solo en la tensión de la lucha imperecedera puede hacerse manifiesto el hilo de luz redentora en medio de la más tremenda oscuridad.  En la sola presencia de esa luminosidad, de su huella, como el del humo dejado como marca en la pared,  se reivindica y afirma la plenitud y la gloria alcanzada en ese esfuerzo. No vacila nunca este artista en sacralizarla porque es lo sacro nacido de lo más profundo y arraigado del consumo de lo material, en medio de un ambiente terrible y agreste al cual se enfrenta constantemente la naturaleza humana. De ahí que su obra muestre un extraño poder de subyugar en la dureza expresiva de sus formas creativas.