La Carmina Burana de Georges Céspedes (II)

La Carmina Burana de Georges Céspedes (II)

  • Destaca poderosamente la presencia escenográfica de un círculo enorme situado a nivel superior que representa al astro rey, el Sol en la naturaleza, a la vez de ser el símbolo del Ojo de Dios en la religión cristiana. Foto tomadas de Internet
    Destaca poderosamente la presencia escenográfica de un círculo enorme situado a nivel superior que representa al astro rey, el Sol en la naturaleza, a la vez de ser el símbolo del Ojo de Dios en la religión cristiana. Foto tomadas de Internet

Las estructuras danzarias de los movimientos escénicos mostrados en Carmina Burana son muy variadas. “Comentan” cuanto acontece en el relato cantado por el coro, el barítono, el tenor y la soprano.

El actuar danzario concebido por el coreógrafo Georges Céspedes se sitúa, a mi juicio, no en la derivación de formas danzarias ineludibles como procesos y formas creativas acabadas de un valor autónomo, capaces de desprenderse del tejido textual general de la obra y ser presentadas aisladamente como unidades consolidadas y autosuficientes.

No por mostrarse estos movimientos danzarios de un modo dado, pretenden ser los únicos posibles. No están concebidos buscando destacar aisladamente en brillantez y originalidad. Otras formas muy diversas serían dables a construirse, porque se saben parte de lo infinito posible. Me parece se desempeñan como si se desplegasen presencialmente ante el público a la manera de la conciencia del decursar natural de las múltiples cosas observadas desde arriba por Dios.

Céspedes se apropia de la existencia de una estrecha correlación entre los ciclos estacionales de la naturaleza y los modos de ser del hombre presentes en esos textos de los goliardos y sobre una parte de los cuales Carl Off estructuró su cantata. Los movimientos de los bailarines responden a coreografías imaginadas por su creador en función de establecer correlatos con los ritmos de la naturaleza. Por tal razón guardan correspondencias respecto a lo relatado en la cantata, respecto a indicar periodos de actividad y letargo en alternantes parsimonias escénicas y dinámicas impetuosas.

Resulta que la naturaleza atraviesa por ciclos de aparente quietud al que sigue casi de súbito el estallido de convulsiones donde se expresa plenamente el derrame intenso de la vida, al florecer, crecer y vitalizarse en el periodo cíclico de la primavera y del verano, para producirse nuevamente un cambio hacia el sucesivo aletargamiento y casi cese del dinamismo en el posterior otoño e invierno. Desde la antigüedad perdura la idea del despertar de la naturaleza tras un periodo de calma, de reducido dinamismo.

Es sumamente frecuente en las visiones metafóricas enraizadas en la memoria temprana de la humanidad la atribución de cualidades emocionales a la naturaleza. Tal vez sea esta una de los atributos más universales desde los tiempos más remotos, resultado de la observación durante cientos de años de la naturaleza y de su explicación referencial respecto a semejanzas con el actuar humano.

A la vez se da la relación inversa: lo humano es visto y relacionado en semejanza a los atributos de las formas y los comportamientos de la naturaleza. Transmitidas de conjunto en saberes fundamentales preservados por los pueblos. Al efecto, en la obra coreográfica cubana aparecen imágenes filmadas de la naturaleza adormecida en el invierno con paisajes de montañas, valles y ríos envueltos en una calma y quietud aletargada cual si atravesaran el sueño de la Muerte. En contrapunto a ese estado físico-emocional de la naturaleza, la sociedad queda envuelta en la inminente frialdad de la Muerte en el empuje de la industria de la guerra, la cual puede conducir erradamente a la potencial desaparición física de la sociedad, al estallido del planeta.

Las heridas al frágil cuerpo físico del hombre por poderosas maquinarias bélicas es un modo de complacerse la agresividad social de los hombres, hiriéndose en los combates en el afán innoble de dominar agresivamente unos sobre otros. Es una humanidad contradictoria: aspira a la felicidad individual y social pero es sumamente violenta. Gustosa de mostrase constantemente la hombría, en el desafiante reto del juego de fuerza de los puños, ilustrados todos en lo filmado.

Después, las imágenes filmadas darán paso al comienzo del deshielo. Es el momento del gran ciclo del despertar de la naturaleza adormecida. Una vez pasado el duro y gélido periodo invernal sobreviene la alborada de la primavera. Las aguas en las imágenes cambian su estado físico de sólido e inmóvil a licuado, bajando en torrentes desde las altas montañas. Una vez recobradas íntegramente las fuerzas dinamizadoras de la naturaleza en ese fluir de las aguas, la vegetación de nuevo florece, renaciendo el esplendor de los bosques y los prados.

Es el paso cíclico de los estados detenidos, aletargados de la naturaleza a desatarse la energía afirmativa de la vida. Referido admirablemente este acontecimiento natural, en la imagen poderosa de unos caballos galopando impetuosos sobre el terreno, en un desborde inusitado de belleza como suelen ser de espléndidas las manifestaciones indirectas de Dios como se ha considerado desde antiguo. Es el florecimiento de la naturaleza en todo el esplendor y diversidad de manifestaciones, representado además por el movimiento del cuerpo danzario femenino, signo del engendramiento potencial de la vida humana.  Acentuado musicalmente por la voz de la soprano, coincidente con la expresión de lo femenino en las escenas.

La alegría secunda el triunfo de la vida renacida después de un periodo de suma contracción, de dinamismo casi detenido. Todo parece animarse, llenarse de un élan vital, como el filósofo francés Henri Bergson lo definiera en el sentido de “fuerza irrefrenable o impulso vital”, fuerza hipotéticamente intuida, causa primordial en la evolución y desarrollo de todos los organismos, cualesquiera sean estos.

El tropel de imágenes filmadas se multiplica en un sinnúmero de situaciones, entre ellas la presencia de una pareja de bailarines, inmersa en la complacencia de su deleitosa sensualidad compartida, asociada magistralmente a un cielo espléndidamente estrellado a toda pantalla, signo del esplendor de la naturaleza en su plenitud, con las galaxias y estrellas en sus luces deslumbrantes. Es un canto poético a la procreación natural, al nacimiento de estrellas y galaxias en nuevas zonas del universo. El cosmos está atravesado por ese élan vital. Unido a la gestación de la vida humana, simbolizada en esa pareja primordial, cuya presencia filmada impone el anuncio de un camino no terminado a ser retomado, engendrando una humanidad nueva. Una renovada que haya abandonado los temores represivos de lo natural, dejando atrás las falsedades construidas por ideologías reductoras de la vida y de la creación.

Las bailarinas, en sus sensuales pies desnudos, son el signo distintivo de lo delicado y hermoso dela creación, opuesto a la rudeza destructiva de lo maquinal en la violencia guerrera de lo masculino. La imagen de la mujer aparece en la plenitud de su desnudez corporal como un subyugante misterio cósmico de la divina creación flotando en el centro del Ojo de Dios con sus senos y pubis al descubierto. Ser sensual, indefenso, cálido y tierno. Lugar fértil para depositar la simiente ampliadora de la vida. Criatura que en su desborde inconsciente de sensualidad hizo caer paradójicamente al mundo humano en los tiempos míticos en estado de desgracia, sacándolo del estado anterior de gracia en que permanecía en el Paraíso, de donde sería expulsada la pareja adánica.

Al darse rienda a lo instintivo femenino se produjo eldespertar y desbordamiento de las fuerzas internas viriles, activadoras de la capacidad amorosa. Disfrutando lo femenino de la violencia física varonil en la metáfora fílmica delcombate de gallos, cuando las bailarinas esperan anhelantes al vencedor, secundada en la salida a escena del barítono en un canto de vigorosa potencia.

El impetuoso torbellino de imágenes filmadas de tiovivos otorga una particular complejidad a esa escena. Ese parque de diversiones recuerda lo infantil, reforzado por unamúsica de acento ingenuo, pasaje sonoro encantador que pudiera indicar el deseo de los individuos de alcanzar de nuevo el estado prístino cuando aún no habían sido moldeados por la sociedad, inmersosen lo ingenuo de lo naif.

Puede, por el contrario significar algo muy diferente: los imprevistos de las consecuencias favorables o adversas del giro de la rueda de la fortuna en el movimiento infinito, circular y eterno de la vida; movimiento impredecible en el cual estamos inmersos desde el nacer hasta morir, muchas veces sin percibir — como le ocurre a los niños— el sentido que ocultan esos hechos. El hombre es como un niño ingenuo ante los acontecimientos que le depara el destino.

Carl Off, y consecuentemente Georges Céspedes en su puesta, al asumir la representación artística del pensamiento de los goliardos, acentúan la condición natural del hombre, quien en su hacer y desear, revela estar movido por fuerzas irrefrenables semejantes a la naturaleza, no connotándolas necesariamente de pecaminosas sino por el contrario de naturales, emergidas de las necesidades mismas del cuerpo,

El actuar humano es un terreno incierto. Siendo cada día un misteriovivir, aunque parezca ser semejante y previsible al día anterior. Despertar a lo inesperado estaba en ascenso en el ideario del siglo XIII, sacudiéndose de la previsibilidad rutinaria normada por las Escrituras. Eso contrarresta los temores de las desconcertantes e ingratas contrariedades de la fortuna, algo que los goliardos acentúan en los textos asumidos por estos dos creadores.

La fortuna, esa que los goliardos llamaron la Emperatriz —indicando su importancia en la vida de todos, sin excepción alguna— no sigue un camino de ascensión permanente, de desarrollo gradual o impetuoso a nivel individual o social. Al contrario, atraviesa con demasiada frecuencia periodos alternantes e imprevistos de repliegue, de plenitud, de ocaso, de muerte y de renacer.

Al nivel de individuo la fortuna no sigue las recurrencias cíclicas de la naturaleza. Su comportamiento es aleatorio y nada secuencial en las personas. A nivel de la sociedad se da siguiendo un patrón no cíclico. No es extraño, por tanto, ver como a algunos les favorece la fortuna mucho tiempo, a otros todo lo contrario. Son más frecuentes los periodos imprevisibles de alza o de baja en la posesión de bienes y dinero, asimismo de la posesión de salud y amores. A veces van, a veces vienen. Cuando se marchan con premura dejan el sabor triste de lo perdido, sin vislumbrar una salida al nuevo estado ruinoso.

No debiera olvidarse al analizar la puesta de Carmina Burana que ya en el siglo XIII comenzaban a mostrarse síntomas de cambio en las motivaciones de la gente, menos aceptadoras en sus vidas individuales de un permanente temor como el poder religioso y el social propugnaban. La economía de zonas europeas más avanzadas permitía la aparición de un pensamiento y un comportamiento personal más liberal.

La existencia de monjes instruidos, menos dados a aceptar las enseñanzas de una manera estrecha, rechazaban la idea de aplicar castigos y represiones mentales contra las apetencias del cuerpo humano. Se estaba por entonces muy lejos de un progreso significativo en desacralizar el cuerpo de la persona como templo de Dios. Terminología usada en la época por el poder eclesiástico y político para mover al sometimiento y contener la rebeldía contestataria de las personas en relación a esas restricciones al comportamiento.

Siglos después las heridas del cuerpo y los derechos reivindicativos de libertades más cercanas a las necesidades primarias de la vida, siguen siendo un reclamo permanente en muchas partes del mundo. El poder instituido crea con frecuencia un cuerpo de ideas sustentadas en supuestos valores que frenan el desenvolvimiento natural del ser humano. Lo coactan, lo inhiben de ser como realmente es. Mientras tanto, entonces y ahora va cobrando fuerza en el imaginario personal la realización práctica de la vida en una dirección diferente al proponerse vivir un poco mejor que lo dictado, con los inconvenientes de estar en los márgenes de lo aprobado, sin por eso implicar deshacerse totalmente de las normas, solo de aquellas que frenan y normativizan en extremo los modos de ser y de comportarse el cuerpo social e individual.

Es la victoria progresiva de la visión antisistema, decidida a la desestructuración de los fundamentos del orden extremo, en la medida que aspira a la felicidad y la emancipación de ese orden asfixiante para llevar una vida menos angustiosa y restrictiva. Lo hace ejerciendo sobre ese orden una acción desmanteladora de la pretensiosa efectividad sicológica restrictiva de las personas, en la cual se fundan las fortalezas de las formas rigidizadas de la sociedad.

Se trata de abrirse a lograr determinada libertad de acción pese a la existencia de restricciones. A obtener de modo saludable el despliegue de las fuerzas activadoras y renovadoras de lo social. Que permita sentir y ser con un grado de plenitud la única vida disponible sin quebrar por eso el orden general divino y estamental social. Eso comenzaba a tomar fuerza en el siglo XIII europeo, inicialmente en solo escasos lugares. Hoy sigue siendo un objetivo a alcanzar de manera generalizada por la humanidad.

Se fue manifestando ese progreso en los tiempos medievales en la ganancia de una corporalidad no rechazadora de la carne, observable en la soltura progresiva de las formas escultóricas, desprendiéndose de la extrema sujeción al muro de las iglesias durante el paso del estilo románico al gótico, en ese siglo y siguientes, hasta abocar en el Renacimiento. Esto llevó a la ganancia de libertad de las formas escultóricas, adquiriendo una mayor semejanza a lo natural. En lo social significó la posibilidad de lograr en parte las aspiraciones individuales dentro de esas sociedades. No eran las intenciones provocar un cisma social. Respondían al cambio de mentalidad y de las ideas de la época, menos injustas que el modo coactivo anterior. A la ganancia de mayor naturalismo en la vida y en su reflejo en las formas del arte propendió la cultura europea durante el Renacimiento pero sus logros fueron todavía limitados a pesar del avance en ese sentido.

Esa es la postura de ganancia libertaria que Carl Off y Georges Céspedes promueven para la criatura natural-social que es el hombre, aparejado a un comportamiento de mayor responsabilidad ética que no ha sido sin embargo el mostrado sistemáticamente por el hombre desde su surgimiento. Céspedes es y no es complaciente con lo humano. Por una parte se revela contra ese encasillamiento reductor que cercena las libertades de la acción individual contrarias al orden instituido, declaradas pecaminosas por el poder. El sustrato conceptual general de esta atrayente puesta en escena es un canto a la vida menos normada, abandonando las formas anquilosadas de las estructuras sociales e ideológicas. Es un canto de libertad a abrirse el mundo a un estado favorecedor de la magnificencia de la vida.

No es la de Céspedes una visión idealizadora del hombre. Ciertamente, este puede ser sumamente destructor, desordenado e irresponsable en su actuar,hasta perderse en el camino del vicio, provocando la explosión de fuerzas terribles de nefastas consecuencias sociales. Por eso hay que volver al origenarefundar el orden individual y social. Retornar simbólicamente al fundamento de la pareja primordial para reinstaurar el mundo de un modo mejor. Allí donde no había castigo, sentido del castigo, ni era necesario reprimirse. Es volver al Paraíso para el cual estaba destinado el hombre por la acción creadora de Dios. El Universo podría renacer.

La humanidad se complacería sin tantos retorcimientos como hasta ahora ha ocurrido. El universo cantando la presencia humana en la consciencia plena de ser naturaleza, esa que la religión y el poder social han reprimido y castigado. Lo humano así podría tener un camino diferente encauzado a una espiritualidad como finalmente anuncian los bailarines al agruparse formando la simbólica figura de un loto. Gesto redentor de llegarse a derramarse esa flor espiritual, asumida por una humanidad muy renovada. Ese sería un bello y poderoso triunfo de lo espiritual, nada extraño a lo natural.