Las múltiples frecuencias del proceder estrófico (II)

Las múltiples frecuencias del proceder estrófico (II)

  • Varias ediciones del libro, que constituye un hito dentro de la décima cubana.
    Varias ediciones del libro, que constituye un hito dentro de la décima cubana.

La década del 90

Caracterizada por la creciente depauperación económica, a raíz del derrumbe del campo socialista y el arribo del llamado Período Especial, esta década fue testigo de un nuevo éxodo masivo en los meses de verano de 1994.

La sensible escasez de recursos materiales influyó en la disminución de la cantidad de libros publicados en los primeros años del decenio y en un paulatino incremento, producto de la búsqueda de alternativas editoriales, en el segundo lustro.

Entre los libros de décimas más representativos de este lapso se encuentran el antológico Viajera peninsular (1990) de Orta Ruiz; Elogio del caminante (Premio de la Ciudad de Holguín 1990) de Daer Pozo Ramírez (1965); los cuadernos decimísticos iniciales de Ronel González Sánchez (1971) también distinguidos con el Premio de la Ciudad de Holguín Algunas instrucciones para salir del sueño (1991), Todos los signos del hombre (1992), Dictado del corazón (1993) y Rehén del polvo (1994); Donde rompe la crecida (Premio Cucalambé de las provincias orientales 1992) de Domingo Mesa Acosta (1961); Hambre del piano de Carlos Téllez Espino (1960) y Terrenal de Antonio Borrego Aguilera (1962) (Primera Mención y mención respectivamente en el mismo certamen).

Nuevos y significativos libros de décimas de estos años fueron: Las puertas de cristal (1992) de Arístides Valdés Guillermo (1960), Otro nombre del mar (1993) de Jorge Luis Mederos (1963), Robinson Crusoe vuelve a salvarse (Premio Nacional Cucalambé 1993, 1994) de Alexis Díaz Pimienta (1966) y David Mitrani Arenal (1966); El mundo tiene la razón (Premio Cucalambé 1995, 1996) de Ronel González y José Luis Serrano (1971); Días de naipes de Nieves Rodríguez (publicado en 1994, aunque había sido Premio 26 de julio en 1990); Sitios de la voz Premio Nacional Cucalambé 1996, 1997) de Agustín Serrano; La sexta cara del dado, libro publicado en Islas Canarias en 1997 por Alexis Díaz Pimienta; Bufón de Dios (Premio Fiesta de la Joven Décima 1996, 1997) y Aneurisma (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 1998, 1999) de José Luis Serrano; Sueños sobre la piedra (1998) de Alberto Garrido Rodríguez (1966), Decálogo del retorno (1998) de Antonio Gutiérrez y Perros ladrándole a Dios (1999) de Carlos Esquivel Guerra (1968), libros con los que sus autores obtuvieron el Premio Nacional Cucalambé en 1997 y 1998, respectivamente. Finalmente el libro premiado en el Concurso Cucalambé de 1999 fue Con esta leve oscilación del péndulo, del cacocumense Yunior Felipe Figueroa, quien hasta la fecha es el autor más joven que ha recibido el codiciado reconocimiento para los decimistas.

Por estos años se publicaron algunas investigaciones importantes relacionadas con la historia de la décima cubana, entre las que cabría mencionar La décima; Panorama breve de la décima cubana (1995), Décima e identidad. Siglos XVIII y XIX (1997) y La décima constante (1999) del investigador Virgilio López Lemus, Teoría de la Improvisación. Primeras páginas para el estudio del repentismo (1998) de Alexis Díaz Pimienta, inicialmente publicado en el País Vasco y luego en La Habana (2000) y la selección Décimas cubanas de dos orillas (Miami, 1998) de Francisco Henríquez.

La décima posterior al 2000

Al inicio de esta década los acontecimientos más importantes relacionados con la promoción de la décima fueron la institución con carácter iberoamericano del Premio Cucalambé, que antes tuvo categorías regional y nacional, y la fundación en La Habana del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI) dirigido por el poeta Waldo Leyva.

Los libros que considero más significativos de décimas publicados en el período son: La furiosa eternidad (2000) de Ronel González Sánchez, (In) vocación por el paria de Pedro Péglez González (1945) (Premio Cucalambé 2000, 2001), Soldado desconocido (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2000, 2001) de Yamil Díaz Gómez (1971),  El racimo y la estrella (Premio 26 de Julio 1993, 2002) de Roberto Manzano (1949), Examen de fe (Premio Cucalambé 2001, 2002) de José Luis Serrano, Otra vez la nave de los locos (Premio Cucalambé 2002, 2003) de María de la Nieves Morales (1969), Confesiones de una mano zurda (Premio Cucalambé 2003, 2004) de Alexis Díaz Pimienta, un singular conjunto de décimas incluyó también el poeta y narrador Jesús David Curbelo (1965), en su libro Éxodo (2004); Cántaro inverso (Premio Cucalambé 2004, 2005) de Pedro Péglez González, Toque de queda (Premio Cucalambé 2005, 2006) de Carlos Esquivel Guerra, Canto de amor a Pinar del Río (2006) de Nieves Rodríguez,  Atormentado de sentido; para una hermenéutica de la metadécima (Premio Cucalambé 2006, 2007) de Ronel González Sánchez,  Tardos soles que miro (2007) de Alpidio Alonso Grau,  El sueño eterno (2008) de Edelmis Anoceto, Meditaciones del náufrago (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2006, 2007) de Arístides Valdés Guillermo (1960), Bitácora de la tristeza (2007, 2008) de Alexander Besú, Los césares perdidos (2008, 2009) de Odalys Leyva Rosabal, Al revés de lo contrario (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2008, 2009) de Herbert Toranzo (1972), la antología de décimas Cárcel, memoria y abrigo de Jesús David Curbelo (1965), Cicatrices de sal (2009) de Irelia Pérez Morales; El libro de los desterrados (2010) de Carlos Esquivel y Diusmel Machado, Palabras en la arena (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2010, 2011) de José Manuel Espino Ortega, Nosotros los cobardes (2012) de Jorge Adrián Betancourt y Alexander Aguilar, la antología Tráfico de influencias (2012) de José Luis Serrano Serrano, El aeroplano amarillo (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2012, 2013) de Herbert Toranzo.

Valiosos libros contentivos de décimas pertenecientes a poetas de anteriores promociones publicados por estos años son: Décimas por un tomeguín (2001) de Roberto Fernández Retamar (1930), Por tu milagro sonoro (2001) de Jesús Orta Ruiz (1922), Décimas para la historia (controversia del siglo entre Naborí y Angel Valiente) (2004),  El sitio existe, es hermoso (2006) de Raúl Luis (1934), Guitarra gris con arcoíris (2006) de Renael González Batista (1944), El relámpago en la espiga (2007) de Roberto Manzano, La mano clara del día (2011) compilación de las décimas de Renael González y la extensa novela en décimas publicada por la Editorial Abril Carmen Rosa Milanés, la hija de don Joaquín de Iris Travieso Oliva (1948). 

En esta década fue plausible el creciente interés por la investigación de la décima y así lo prueba la publicación de Recado para Jonás; sobre el discurso femenino en la décima para niños en Cuba (2001) y Hombres necios que acusáis; estudio sobre el discurso femenino de la décima en Cuba (2001) de Mayra Hernández Menéndez (1950), la antología de la décima cubana Viajera intacta del sueño (2001) de Waldo González López; la vasta selección decimística que agrupa, desde los primeros autores de esta estrofa en nuestro país hasta un poeta nacido en 1995, Esta cárcel de aire puro (2010 y 2011), obra en dos tomos de Mayra Hernández Menéndez y Waldo González; La décima renacentista y barroca (2002) de Virgilio López Lemus; Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, el desaparecido (2003) de Carlos Tamayo Rodríguez (1954), la selección Árbol de la esperanza. Antología de décimas hispanoamericanas (2008) de Ronel González, Tropología y décima (2009) de Jesús Fuente Guerra (1951);  selecciones provinciales de décimas publicadas por el Frente de Afirmación Hispanista de México realizadas por Aurelio Giraldo Aices (Las Tunas),  Francisco Henríquez (Matanzas), Francis Sánchez (Ciego de Ávila),  Ronel González (Holguín), Yasmín Sierra y Jorge Enrique González (La Habana), Raúl Tápanez e Iván Suárez (Matanzas), Marisol García y Rigoberto Fernández (Chambas, Ciego de Ávila), Lorenzo Suárez Crespo (Pinar del Río), la antología La brevedad de lo eterno (2008) de la décima en Matanzas entre 1797 y 2008 publicada por Fernando García García, e investigaciones acerca de la décima  escrita en provincias como La sombra en la espiga canta; Panorama de la décima avileña (2004) de Francis Sánchez y La noche octosilábica; Historia de la décima escrita en Holguín (1862-2003) (2004) de Ronel González.

Abril, 2015

Finalmente se señala como un dato importante, la publicación de la antología de décimas de amor cubanas Para llegar hasta ti, compilación realizada por el poeta Alpidio Alonso presentada en la XXIV Feria Internacional del Libro de La Habana y de varias provincias en 2015.

El itinerario cubano de la décima escrita de las dos últimas décadas ha hecho comparecer ante los lectores a la continuidad y la ruptura del canto a la naturaleza cubana que irrumpió en nuestras letras con el Espejo de Paciencia (1608) de Silvestre de Balboa, la dilatación de las improntas cucalambeana y naboriana (costumbrismo, folclorismo), la variedad temática y conceptual, y el abundante empleo de la estrofa octosílaba en el humor, la poesía para niños y en ocasiones vinculada a la narrativa; la intelectualización del discurso, la manifiesta voluntad de renovación en lo referido al par dialéctico contenido-forma; el profuso empleo de encabalgamientos, la preocupación por eliminar virtuales fronteras entre el verso libre y el rimado, la búsqueda de elevadas intensidades líricas; un subrayado interés por ahondar en las circunstancias sociohistóricas del país con una visión desprejuiciada y una, digamos tendencia, a establecer la primacía del lenguaje y la sonoridad por encima de los mismos contenidos; elementos que dan fe de la vitalidad de la estrofa nacional y que piden a gritos nuevos y amplios estudios que ubiquen a la décima en el sitio que le corresponde junto a (y en) la poesía, a la que, pese a sus detractores, jamás ha dejado de pertenecer.

Escribir décimas en Cuba en 2017; para una teoría general de los sistemas (colapsados)

Hoy tengo que añadir que las improntas cucalambeana, luego naboriana, [por la que inobjetablemente pasa Trópico (1930) de Eugenio Florit] debido a la prácticamente nula movilidad estética que han tenido en un lapso de más de cien años se fusionan tanto que las considero parte de la misma vertiente expresiva, así como pienso que realmente no son nada nuevos el abundante empleo de la décima en los textos humorísticos puesto que también había ocurrido en las primeras décadas del siglo XX, e incluso antes, así como el uso abundante de encabalgamientos, que sí me parece mayor entre los poetas posteriores a la década de 1980 y, finalmente, en cuanto a la búsqueda de elevadas intensidades líricas, creo que no debería señalarlo como rasgo porque es una cualidad inherente a la escritura poética, al margen de que ya no importa a muchos autores que ahora mismo se encuentran en franco proceso creativo pues, como he venido explicando a lo largo de este libro, han focalizado sus aspiraciones escriturarias en el lenguaje, asunto tampoco novedoso debido a que esa es la materia habitual con la que trabaja el poeta, pero que interviene en la diferenciación respecto a creadores de las mismas promociones.

Ahora, sí estoy seguro de que la principal problemática que mueve y afecta a la décima cubana va más allá del intento de entender por dónde anda la estrofa, qué obras y quiénes son los responsables de los cambios fundamentales ocurridos después de la publicación de Alrededor del punto.

En primer lugar salta una pregunta: ¿Puede insertarse una estanza tradicional, especie de subgénero poético, en el discurso literario refrendado por las tendencias del pensamiento de los últimos cincuenta años?

Por supuesto, pero solo si se estudia a fondo el fenómeno, sin separarlo del contexto ni observarlo desde una perspectiva reduccionista o excluyente. No se puede ignorar el hecho de que un grupo considerable de poetas decimistas de hoy son, en primer lugar, universitarios, involucrados como entes transformadores en los procesos culturales, conocedores de las teorías filosóficas y sociales contemporáneas, artistas que frecuentan otros géneros literarios e incluso que participan en otras manifestaciones, y que por consiguiente esos conocimientos adquiridos en el estudio, la praxis y la relación permanente con el movimiento intelectual les permitió revitalizar una forma estrófica y las maneras de decir, a tono con lo que sucedía en otras zonas de la creación.

En las últimas décadas ningún tema, por peliagudo que pareciera, fue territorio vedado para la décima, lo cual dijo mucho de sus posibilidades comunicativas y de la omniabarcadora mirada de los poetas.

Sucesos de la historia reciente del país como la guerra de Angola, los avatares universales de la emigración, el exilio, los balseros, la sospecha y la contrasospecha, los excesos mundiales de emisiones informativas y la ideologización, la alienación del individuo, la pérdida de la intimidad y la conversión de la vida en espectáculo, el control y la observación globales desde el orden macro hasta lo micro, la paulatina propagación de Internet y las redes sociales, el miedo, el suicidio, la locura, la disfuncionalidad familiar, el presidio; calamidades de la sociedad como la prostitución, nombrado jineterismo en nuestro medio, el burocratismo, la violencia de género, la pobreza, el alcoholismo, la drogadicción, la mendicidad, el desencanto, la creciente pérdida de valores, al lado de tópicos universales como el amor, el erotismo y la sensualidad desbordados en todas sus variantes y elecciones, la fe y la religiosidad liberadas, la interdiscursividad de las ciencias y las artes,  la plástica, el cine, la música, el teatro, la danza, la historia “pura” y la de la filosofía, la antropología y, en general, los saberes.

La mirada irónica, paródica, humorística y hasta apocalíptica del poeta, el choteo, la puesta en ebullición de lo considerado paradigmático o canónico, la carnavalización que aquí extiendo a linkivalización[1] por la proliferación de links de la era ciberespacial, la relectura de lo inmediato, lo alejado o pospuesto, la desacralización de la política, la desmitificación, el textualismo… todo fue vertido en la aparente inamovilidad de la décima, que no escapó de la inconformidad propia de la época y apeló a la continua desautomatización de lo clásico aplicándole torsiones, desgarramientos a la factura de lo aparencial establecido (como hicieron Darío, Herrera y Reissig y el resto de los modernistas), sometiendo a la violencia, aunque sin destruirlos, los metros aceptados, a giros lingüísticos más osados, neologismos, desintegraciones de vocablos, alegorías, anacolutos, desretorizaciones, adensamientos, barroquismos, el desborde de la forma, las fracturas clausulares y versales, las fluctuaciones métricas y hasta la fuga de la estructura decaversal. En fin, toda una revolución del pensamiento y el lenguaje que se explayó en lo metadiscursivo y se atrevió incluso a sugerir y explicitar una hermenéutica para descodificar la trabazón de ligamentos y sentidos.

Hasta aquí no cabe duda de que en la décima escrita, al ser más visibles y delineables sus atributos y quiebres, no solo se hizo más evidente su status filomoderno, sino que me atrevo a afirmar que en ella las ganancias fueron más sostenidas y más factibles de ser explicadas, al ser un fructuoso terreno para que ocurran los desvíos, y entiéndase que hablo de la décima como entidad conectiva de un grupo específico de poetas que, debido al ejercicio e inmersión cognoscitiva responsables y persistentes, elevaron el gradiente literario de una zona creativa que, también por poseer atributos que la identifican con lo popular o genuinamente campesino, aludo en este caso a la décima repentizada, durante años fue considerada menor.

Sin embargo, después de la publicación en la década de 1990 y la que comienza en 2001, de algunos libros que considero importantes para el devenir de la décima, como ha ocurrido en otros ámbitos de la escritura y las artes, sobrevino un rápido agotamiento de los mismos presupuestos que hicieron de la  estrofa una especie de punta de lanza de nuestra literatura, entre otras causas pienso que por el hecho francamente mimético y tautológico de un grupo de autores que se dejaron llevar por las fanfarrias y ornamentos de lo exterior, sin detenerse a realizar legítimas búsquedas.

Se sucedieron profusamente décimas en prosa, simulando la disposición tipográfica del poema versolibrista, interrupciones discursivas aleatorias y gratuitas con párrafos, diagramas o citas incluidos, textos y paratextos de dudosa justificación, terminaciones de versos en palabras esdrújulas extraídas de la misma literatura o de otros horizontes culturales, muchas veces solo por estar a la moda y no por oponerse a patrones argumentados por teóricos de la vieja retórica, rimas aparentemente “exóticas”, pero disparatadas en esencia, desconocimiento de las distribuciones acentuales de los versos, sobre todo en los de arte mayor, que desfiguraron no solo la métrica sino el ritmo por inadecuado empleo de la secuencia sintáctico-contenidista, encabalgamientos continuados desarticulantes del estrofismo que, al sobrexpandirse, no lograron mayor libertad de segmentación del discurso sino francas anomalías de la expresión poética dando más la idea de ilación errática del autor, de no saber cómo y dónde terminar un período, sin compromisos con ninguna estética o idea de la poesía, al transformar en muchos casos los textos en verdaderos galimatías o atolladeros, entre otros procederes que comenzaron a volver norma la ruptura, práctica común de la mayoría y por lo tanto tendencia hacia la monotonía y consiguiente aneblamiento de un corpus, “atrincherado” supuestamente en la experimentación, pero que resultaba a la larga una mascarada, el archicitado canto de cisne de algo que contenía los gérmenes de un renacimiento y una cota superior en su acontecer.

Que la décima cubana vibraba de autenticidad (palabreja agotada por el uso que le dio la modernidad y sumamente peligrosa después de Barthes, el estructuralismo, la semiótica, bloom y la globalización neoliberal) y recorría senderos de transgresión permanente, no era nada oculto, extraño o desatinado, pero que hoy pretende exhibir más de lo que en realidad aporta, tampoco es falsedad que entrañe nuevas supresiones o trazado de clandestinajes expresivos. Como todo complejo cultural, en este caso entendido como la relación existente entre la décima y el conjunto de elementos culturales con los que interactúa en sus manifestaciones oral y escrita, durante un proceso evolutivo de varios siglos, ya reclama renovado oxígeno, nuevos desplazamientos y descolocaciones, pero nacidos en y de sus urgencias y prácticas inmanentes.  

Notas:

[1] El ejemplo de mayor envergadura es la reciente publicación de Decimerón; Decimario

con pimienta para mayores de treinta, Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 2016, pp. 239, compilación de décimas humorísticas cubanas de temas eróticos y escatológicos realizada por el poeta, periodista e investigador Yamil Díaz Gómez.