Leer, pensar y convencer ensayando

Leer, pensar y convencer ensayando

  • Falleció Beatriz Maggi sin el Premio Nacional de Literatura. Pero con la seguridad, para sus lectores, de ser una de las ensayistas más sólidas de la historia de las letras en Cuba. Foto tomada de Revista Temas
    Falleció Beatriz Maggi sin el Premio Nacional de Literatura. Pero con la seguridad, para sus lectores, de ser una de las ensayistas más sólidas de la historia de las letras en Cuba. Foto tomada de Revista Temas

Mi primer encuentro con la prosa de Beatriz Maggi (1924-2017) lo propició hallarme con La voz de la escritura (1997). El libro me inquietó por la variedad de acercamientos literarios y por el discurso personalísimo de su autora. Hoy lo busco en mi biblioteca y no lo encuentro. Fue prestado a un amigo que, en este momento recuerdo, no devolvía ningún ejemplar. Sufrí su apego desvergonzado al bien ajeno. Sentía que él necesitaba conocer a una autora arriesgada, en primer lugar, por leer diferente, en una suerte de proximidad con otros escritores, como si los hubiera tratado en vida durante mucho tiempo. La voz de la escritura me convidó a buscar en revistas escritos sueltos de la Maggi y reparar en otros de sus volúmenes como la Antología de ensayos que preparó Letras Cubanas en el año 2008, del cual Rufo Caballero escribió una reseña muy atendible.

De Beatriz Maggi se han reconocido algunas verdades irrefutables: que era profesora exigente, que conversaba con la pasión y atención con que escribía, que era una de las más importantes especialistas en lengua castellana de William Shakespeare… A propósito, algún que otro lector sostiene que solo son interesantes en el discurso ensayístico de la cubana sus acercamientos a El Cisne de Avon y sus consideraciones en torno al ya extraño acto de leer; acaso han estado influenciados por El cambio histórico en William Shakespeare (1985), sus tantos prólogos sobre las obras publicadas del dramaturgo y poeta inglés por la Editorial Arte y Literatura y su libro El pequeño drama de la lectura (1988), de donde se ha estimado el entrañable ensayo “El lector confinado”. Si fuera el caso de que la Maggi valiera solo por favorecer la lectura y por sus esclarecimientos en torno al orbe Shakespeare, la validez de sus escritos fuera y es, en rigor, incuestionable. Pero, ya sabemos, no fue suficiente para que se le concediera el Premio Nacional de Literatura ni la entrada a la Academia Cubana de la Lengua.

Algún día, si cambian las bases para obtener el galardón mayor de las letras en Cuba, se premiará a escritores longevos y también a jóvenes que, tal vez, hayan publicado un solo libro o unos pocos y baste para agenciarse la posteridad o la legitimidad de una obra que no precisa cúmulo ni homenajes tardíos a la puerta del crepúsculo existencial. El caso de la Maggi fue posponiéndose ante autores también valiosos, pero con mayor suma de libros. No convinieron sus aportes interpretativos desplegados en varios volúmenes que, si bien no fueron cuantiosos a lo de un libro cada dos años, sí poseen méritos escriturales e interpretaciones extraordinarias sobre autores y obras. En fin, falleció Beatriz Maggi sin el Premio Nacional de Literatura. Pero con la seguridad, para sus lectores, de ser una de las ensayistas más sólidas de la historia de las letras en Cuba.

El valor de la escritura de Beatriz Maggi no se concentra únicamente en la figura de Shakespeare y el fenómeno humano de la lectura. Maestra de asociaciones y cercanías, enseñó a leer con atrevimiento. Se diría que aunó a la vez, para su espíritu curioso, la sensibilidad de Rafael Sanzio y los demonios terribles (la Terribilità) de Miguel Ángel. Ensayista sagaz y elegante, fraguaba la duda a menudo para desconcertar y, al mismo tiempo, enamorar. ¿Acaso no desconcierta lo que enamora o viceversa? ¿No era como procedía ella antes de escribir por re-conocer (le) y combinar de antemano cierto detalle biográfico, intelectual o literario de un autor? Maggi saltaba de lo vivencial a lo literario de otros y, sin embargo, no necesitaba de lo primero para avistar las ganancias de lo segundo. Le bastaba y recomendaba atender cuanto se iba leyendo porque consideró la lectura, los usos del lenguaje cuando no de las palabras, viajes junto al escritor porque, ¿cómo se logra sino ese vibrar con un autor o ser poseído por él? En “La fecunda levitación”, la mejor entrevista que la Maggi concediera en toda su vida, le confiesa a Mario Cremata Ferrán: “En literatura, ya sea escribiendo o leyendo, no ‘incursiono’. Lo que disfruto con intensidad es esa condición, más que situación, de estar ‘casi a punto’; en materia de hacer ensayos o percibir el arte, es lo óptimo: después, a reflexionar, y todo lo demás que se quiera”. (1)

Inmediato al fallecimiento de la Maggi, se nos sorprende con artículos y ensayos reunidos por Josefina Suárez y Alfredo Prieto en Las palabras y los días (Ediciones UNIÓN, 2017), donde se consideran muchos textos que escribiera por encargo la ensayista y otros por indudable afecto a determinados autores y libros. Tres apartados conforman Las palabras y un anexo harto apreciable, pues es una entrevista que le realizara la destacada investigadora y escritora Denia García Ronda en el año 2011 para la revista Temas. Prólogos a la obra de Shakespeare, uno a El crimen del padre Amaro, otro a La Ilustre casa de Ramires y al gran poeta Walt Whitman a propósito de Contra tu pecho desnudo; asimismo se propone una introducción extensa y muy analítica de la obra de Eugene O´Neill; no marchan a la zaga, sino que complementan este todo los artículos sobre zonas específicas de la obra martiana, shakesperiana y de Dante.

¿Qué se puede decir de estos textos sino lo que vino a ser desde hace tiempo y, por ganancia propia de Beatriz Maggi: constantes temáticas, logros interpretativos y excelencia del lenguaje? Razón tienen Josefina Suárez y Alfredo Prieto cuando en su prólogo reconocen:

“No hace falta ser un experto en estilística para percatarse de que sus textos están facturados con una prosa tan desenfadada como denotativa que nada tiene que ver con las modas académicas: pensamiento y estilo se ajustan como la mano al guante. Y son pocos los escritores que se le pudieran equiparar en el uso de la lengua materna, que maneja con una perfección tan amorosa como envidiable.” (2)

Casi todos los textos de Beatriz Maggi motivan una disposición ensayística para el lector que escribe. Ese es otro de los méritos de su prosa. Atiéndase bien no tanto la calidad de sus escritura, sino la provocación de sus criterios. Además de Shakespeare u O´Neill por ejemplo, recomendaría especialmente “Walt Whitman. Estudio crítico”, texto que se inscribe dentro de lo más sobresaliente que un(a) autor(a) puede y se atreve a expresar sobre un escritor ciudadano del mundo, más cuando la osada Maggi viene a complementar lo que autores muy apreciables como José Martí, Gastón Baquero y José Rodríguez Feo escribieron sobre el autor de Hojas de Hierba.

De pronto, se me ocurre: Las palabras y los días puede ser de esos grandes presentes que un lector puede hacerle a otro. Yo me lo he obsequiado ya. No es vanidad que uno se regale libros. En cuanto a facilitar el mío, no lo creo. De préstamos —y menos un ejemplar de Beatriz Maggi— que Dios me libre.

Notas

(1) Mario Cremata Ferrán: La voluntad de prevalecer, Ediciones Boloña, RAGGIO COMUNICACIÓN S.L, Madrid, 2018, p.150.

(2) Beatriz Maggi: Las palabras y los días, Ediciones UNIÓN, La Habana, 2017, p.8.