Lilian Dujarric lanza SMS a la familia cubana

Lilian Dujarric lanza SMS a la familia cubana

  • La obra tiene el sello de Teatro Gaviota y se presentará todo abril en la sala El Sótano.
    La obra tiene el sello de Teatro Gaviota y se presentará todo abril en la sala El Sótano.

A mitad de la pieza teatral hay una frase que de seguro pasará a engrosar el argot cubano: “los jóvenes tienen un avión en la cabeza, no así las posibilidades de montarse en él”. Por supuesto, se refiere a una parte de la juventud cubana. Aquellos que miran alrededor y no encuentran a muchos amigos con quienes compartieron el pre, las becas al campo y la universidad, por hallarse ahora en el exilio, saben a qué se refiere Lilian Dujarric, a quien le debemos una puesta, en escena sobria, pero cargada de significados y un texto que se sumerge sin misticismo en nuestra realidad.

Emigrar, vivir y no sobrevivir la única vida terrenal a la que tenemos acceso, por ahí anda la tesis principal de S.O.S Familia Cubana, obra presentada por Teatro Gaviota y que permanecerá todo abril en la sala El Sótano. Sin embargo hay más, mucho más, en la nueva propuesta de Dujarric: la reflexión crítica y descarnada sobre una sociedad marcada por la hipocresía donde sus habitantes han convertido la doble moral en una máscara de la sobrevivencia. De ahí que los actores durante la obra miren sin entusiasmo, y hasta sin creencias, reiterados principios y consignas que por repetidas parecen gastadas y carentes
de valor.

No me vengas con consignas, siempre viviste en las nubes. Lo difícil de los principios es mantenerlos, dirá la madre de Romelito a su esposo fallecido, quien se le aparece después de muerto para sermonearla. Quiero decir, la viuda escucha su voz asombrada, aun así no por ello deja de rebatirla. El país que ella vive no es el mismo que él abandonó al morir, es otro abrumado por necesidades que obligan a los cubanos a “luchar” para sobrevivir.

Tanto ha cambiado la fisionomía del país que, aún cercado por la corrupción y la habilidad para robar, sus habitantes prefieren decir que “luchan” y nunca “roban”.

Una de las tantas máscaras que asoman durante el espectáculo. ¿Quién pudiera creer en serio que el salario promedio alcanza para sobrevivir? ¿Acaso los de abajo somos los únicos que usamos máscaras?, serán algunas interrogantes respondidas por la conciencia de los personajes, representada por otros actores, quienes repiten como un leitmotiv: “no hay noche por larga que sea que no alcance por fin el día”, ¿otra forma de decir que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista?

Por un lado el hombre honesto que se mantiene firme defendiendo los principios que tanta sangre causó, aún después de muerto; por otro lado su hermano corrompido por una sociedad que lo obliga a delinquir, pues de otra manera no puede mantener a su cuñada y su sobrino. Aun así no deja de insistir en que es un revolucionario. Pero la obra va más allá y retoma el drama Romeo y Julieta de William Shakespeare. A unos días de celebrarse el 400 aniversario del fallecimiento del gran dramaturgo, Dujarric actualiza para la escena cubana la rivalidad de dos familias que, pasando por encima de la felicidad de sus hijos, pretenden imponer su visión sobre el destino humano.

Si Julieta pertenece a una clase con posibilidades, Romelito encarna el adolescente “sin futuro”. No es suficiente cargar con un título universitario ni vivir en una casa poblada de decencia. Hay que tener posibilidades, recursos para realizarse en el extranjero, idea discutible pero representable que hace plural la mirada hacia la realidad cubana.

Al final se vive un desafío apocalíptico. Los actores se desentienden del resto y comienzan a monologar, cuando no a delirar, hasta que se impone de fondo musical la canción “Foto de familia”, de Carlos Valera. Catarsis, exorcismos. Escarbar sobre lo que nos duele, asistir al duelo de la discordia y las desavenencias, develar zonas oscuras de la sociedad y el protagonismo humano, he aquí algunos de los retos que asume Dujarric con su elenco de actores, acompañada por aquellos héroes anónimos que hacen posible la realización de todo esfuerzo teatral.