Los viajes de la palabra

Los viajes de la palabra

  • cubierta del texto Viajes, cartografías y delirios. Imagen de portada
    cubierta del texto Viajes, cartografías y delirios. Imagen de portada

Viajes, cartografías y delirios (Ediciones Matanzas, 2017) es el más reciente volumen ensayístico de Margarita Mateo Palmer (Maggie). A todas luces estamos ante uno de los libros más cómodos y personales de la escritora, reconociendo cuanto ha releído y estudiado las obras y los autores aquí convocados. No importa la insistencia temática si tanto la propuesta escritural como analítica, poseen calidad.

Conquistado más de un continente, inténtese de inmediato colonizar contenidos específicos. Así ha procedido Mateo Palmer en la creencia de agenciarse ganancias de literatos que han (re)marcado un antes y un después: Cortázar, Lezama, Zambrano… u otros de interés como Ana Lydia Vega, Luis López Nieves, Mayra Santos-Febres. Ella busca alcanzar especificidades a fin de provocar a los lectores.

He aquí uno de los declarados empeños primeros y más notorios de estos recorridos. Eso sí, provocar con análisis. De este modo, al quebrarse una intimidad exclusiva con el libro, Margarita y los autores aludidos ganan una amplitud de miras aprovechable por el lector.

Más que desafíos interpretativos, Viajes, cartografías y delirios reúne invitaciones a la lectura. Para ello, se atreve Maggie a afiliar lo autorreferencial con cuanto intenta y logra detallar, como cuando en “Travestismo, performance y escritura en Sirena Selena vestida de pena” emprende su ensayo:

“Símbolo del deseo en su expresión más dolorosa, aquella que conoce de antemano la imposibilidad de satisfacer sus ansias y alcanzar la plenitud del placer, surge la voz de la sirena, su canto seductor de erótica hechicería, que solo conduce al naufragio de los sueños y anhelos incitados. Híbrido su cuerpo, disforme su hechura, anormal su configuración escindida en mujer y pez, respirando, anfibia, tanto en la tierra como en el mar, este ser mitológico, de homérico linaje, también habita las aguas del mar Caribe, identificadas por muchos con el espacio del goce y la alegría.” (1)

En principio, ella concreta y define casi siempre desde la escritura ajena. Se retroalimenta al familiarizarse con determinado estilo y toma del escritor(a). Sangre de la palabra: los delirios de María Zambrano, sería el mejor ejemplo al respecto en este libro.

Los avatares y placeres en la hechura de la “Recopilación de textos sobre Julio Cortázar” y el encuentro de la autora con la recepción crítica de la obra cortaziana (“Julio Cortázar: una flor amarilla en el gris de Poitiers”), así como las peculiaridades advertidas en “Cartografía estelar de un viaje al futuro: los cuentos de Julio Cortázar”, son textos, junto a los de Lezama (“Las palabras como peces dentro de la cascada: Lezama Lima y el lenguaje”, “Una fiesta de la obra lezamiana”), saldan una deuda intelectual de la ensayista y profesora. De ahí la evocación entre la semblanza y admiración crítica mediante los viajes de sus palabras.

“El caracol y la mariposa: las cartas de Minerva y Manolo” es otro de los acercamientos a un libro —este particular de misivas— para enseguida indagar en esas existencias compartidas por intereses ideológicos y amorosos. La iniciativa y reiteración cuando no la literatura propiamente epistolar es la confidencia impresa que se pretende correspondida y complementada en la espera de otros despliegues emotivos y acaso con preguntas ya manifiestas. Además de rememorar el contexto sociocultural y político en que se desenvuelven y son sacadas de circulación la pareja de amantes, surge este texto a partir de la admiración de la cubana por quienes asentaron razones de vida y paisajes internos valederos. Las cartas, literarias o no, representan —por la disposición física, el fluir de ideas y sentimientos— el documento impresomás anímico y arriesgado del ser humano.

¿Por qué? La misiva, una de las escrituras del yo (memorias y autobiografías, diarios y libros de viajes), representa la intimidad quebrada al ser leída por otro(s): puede alcanzarla preocupante categoría de pública.No se desconozca la humanidaddeun creador(a), pero atiéndasemejor a su obra. En este sentido, no deje de leerse “Querido Julio”.

Remembranzas, confesiones, lo onírico incurriendo en la creación como la toma de decisiones que, por supuesto, intervienen en la escritura, como cuando la autora comparte lo experimentado en un sueño a propósito de la ciudad de Isfahán y ya en vela repasa —a fuerza de la memoria, lo leído y lo imaginable— la urbe como escritura testimonial, aquella que recuerda la apreciada por Ortega y Gasset en su texto Las fuentecitas de Nuremberga. El español escribe sobre el testimonio de su peregrinar cuando advierte la totalidad e inmortalidad de lo edificado a favor del devenir histórico, ya sea desde el tradicional aprendizaje de oídas hasta el pensar con la mirada que es el observar, aun el acompañado del primer asombro: “Hay ciudades que tienen suprema energía de perduración, y son construidas de una vez y para siempre”, mientras que para Mateo Palmer no es preciso el momento vivencial inmediato, sino el sueño de la memoria o el empeño de la esperanza. La fantasía se involucra con la realidad cual viaje en propensión utópica, pues lo mostrado en sueño ¿es un repaso histórico de lo vivido o de cuanto pretende involucrarse emocionalmente esta intérprete peregrina? “Un sueño en Isfahán” se inscribe por lo tanto como un singular cuaderno de viaje y una cartografía recreada por la anuencia de la palabra.

En el texto anterior, que tiene como telón de fondo la aludida ciudad iraní, Margarita Mateo no teme confesar: “(…) he aprendido que tratar de descifrar algunas señales que nos oponen resistencia puede ser el inicio del camino hacia la locura, así que no trato de entender. Sé que hay algo, pero lo dejo ir: hands off”. Lo que no le impide dejar para las últimas páginas de su libro un texto complementario sobre esa espontaneidad expresiva de origen auroral que son los delirios. Ellos recuerdan y, al mismo tiempo, se independizan de la confesión en cuanto le queda a esta de razonamiento y  misterio. Aunque misterio y sobre todo libertad impulsan las propensiones de los delirios. Los delirios son expresiones no divorciadas del saber; los delirios devienen reflejo de una pasión inquieta y consecuente como la de María Zambrano. Agradecido por entrañable es “Sangre de la palabra: los delirios de María Zambrano”.

Las obras impresas de Ediciones Matanzas poseen un sello inconfundible por sus variados formatos en virtud de la libertad y belleza del perfil de esta colección, que está a cargo de Johann Trujillo, diseñador sensato y distinguido. Trujillo sabe cuidar a un escritor porque también conoce su obra. Enhorabuena para Margarita Mateo Palmer y sus Viajes, cartografías y delirios enaltecedores.

 

NOTAS

(1) Margarita Mateo Palmer: Viajes, cartografías y delirios. Ediciones Matanzas, 2017, p.125.

(2) Ibídem, p.149.

 

Por: Daniel Céspedes