Luis Marré cumple 90 años

Luis Marré cumple 90 años

  • Luis Marré. Foto Internet
    Luis Marré. Foto Internet

Me ocupa un poeta que sabía que “el árbol sube y cae al mismo tiempo, / pero para nuestros ojos / este doble movimiento es uno solo.”[i] Es Luis Marré, en cuya poesía encontramos el implacable paso del tiempo que se traduce a la vez en los vestigios y en la fuerza vibrante de la vida, o el peso de vivir sin albergar conciencia de ella: “El ardor de la vida fugaz”, para recordar a Montale:

Hoy

¡Que dura y cierta esta luz del día!

Lejos de mi he vivido,

tan lejos

que ni siquiera sé quien soy yo mismo.

¡ Ay, qué triste palpar estas cenizas

y no saber si alguna vez ardimos.[ii]

Es algo así como experimentar la fuerza vibrante de la vida y a la vez su finitud, pues cultiva una poesía que avanza entre la luz y la ceniza, conociendo los peligros, “las estaciones”  del fuego:

Los ojos

Los ojos en el fresco

quiero abrir, romper el vaho

de estos sueños, mirar por un instante

las cosas bajo el orden y la luz increíbles

del otro sueño, la realidad,

sueño de

Aquel Que nos Sueña,

Y en su momento sorprender la llama

de mi acabamiento.

Sólo

quiero, en fin, un instante lúcido

y entre tanto ardimiento, abrir

los ojos en el fresco.[iii]

Son los lazos fuertes entre la muerte y la vida en los que se detiene una y otra vez, que fluyen sin perseguirlos, como agua que corre. Pues sobre la herencia de los padres, aparece bordada la infinita pasión adolescente. Véase en este sentido su poema “La ventana”, verdaderamente antológico dentro de su poesía, o “Maisí”.[iv] Todo se torna  en apresar un instante de misterio, pues son sus franjas los caminos de comunicación e incomunicación entre los seres humanos, en auscultar al universo a través de lo que descubre que “El tiempo y el espacio están sembrados de la ruina de un espejo inmenso.”[v] Del momento de la inspiración nos deja ver su espíritu irruptivo, al tiempo que fugaz, su gracia para la canción – pues supo conjugar la herencia clásica con los aires renovadores de la vanguardia -, para la elegía, con las que puede evocar sucesos heroicos que nos hizo vivir la Revolución, o algún entrañable afecto familiar.[vi] Hay elegías y también tono elegíaco en esta poesía despojada y límpida, con regusto de romance español, y que hace gala de un conversacionalismo sutil permeado de lirismo:

Viento de cuaresma

Recuerdo el patio grande de tu casa

todo de orégano sembrado

el pozo

bordeado

de girasoles

enanos

y los arbustos de acerola con

las frutillas pudriéndose debajo

y recuerdo que un día

nos sorprendieron cuando

tú me enseñabas aquel juego

tan grato

No fue tu hermana quien se fue de lengua

sino el orégano que huele tanto

Nos pegaron con ramas deshojadas

¡qué olor amargo!

Perdona estos recuerdos

 Ha tenido

la culpa del viento

 trajo

olor

a patio

de orégano

y girasoles enanos

No fue tu hermana quien se fue de lengua

sino el orégano que huele tanto.[vii]

Hay varias piezas conversacionales que hacen gala de una originalidad y efectividad literarias asombrosas. Pues “algo de crónica hay también en las creaciones de Luis Marré, de relatar los avatares de un sujeto lírico ceñido a la humildad antipoética”[…]” se magnifica la existencia del ciudadano común por encima de las genialidades y destellos arquetípicos: estar vivo y saber como estarlo era el acto poético supremo”:[viii]

Ruta 5

(Guanabacoa – Luyanó)

Lo que llevo en esta jaba Un trozo de vidrio color acqua Una versión francesa de los poemas de Dylan Thomas Un pomo de leche de vaca Una barra de pan Varias ramas de hierbabuena  Unos  Prolegómenos para una Estética Marxista Una libreta de anotaciones y un mazo de cebollinos Los olores de la hierbabuena el pan y los cebollinos hicieron que aquella muchacha cambiara de asiento Ahora está componiéndose el blusón sobre el vientre abultado Soy un hombre raro[ix]

Pero disfruto más cuando me muestra la vida humana trasmutada en las cosas. Los objetos, los objetos confundidos con la vida humana, o realzados unos  por la otra, cuando, con perfecto gusto por el giro oral recoge aquella línea: “la sangre no recuerda, amigo.”

 

 

 

 

[i] -Versos de José Watanabe.

[ii] - Luis Marré. Antología mínima. Colección sur editores, La Habana, 2013, p. 7

[iii] Luis Marré. Ob. cit, p. 13.

[iv]- Luis Marré refería que algún crítico le dijo que en su obra no había poemas antológicos. Se equivocaba el aludido. Junto a los ya citados en este acercamiento pueden mencionarse “Viento de cuaresma”, “Intemperie” y “El  Faro de Maisí”. Véase “Lecturas de Luis Marré en Luis Marré. Ob. cit, p. 6.

[v]- Luis Marré. “Las imágenes”, Ob, cit., p. 22.

[vi] -Véase el poema “Mi hermano muerto vuelve en sueños”. Ob. cit, p. 6.

[vii] Luis Marré. Ob. cit, p. 48. “Se presenta un poeta que mira hacia el campo, pero desde la ciudad; se conserva el ambiente citadino, aunque en Luis Marré no hay una dicotomía, una completa separación entre  ambientes rurales, semirrurales o de plena ciudad”. Virgilio López Lemus. “La generación de los años cincuenta en la Revolución” en Historia de la Literatura Cubana, T. III, Instituto de Literatura y Lingüística. Editorial Letras Cubanas, 2008, p. 113.

[viii] -Ricardo Riverón. “Luis Marré: los poemas en el fresco”. w.w.w Cubaliteraria, 13 de mayo de 2019.

[ix] Luis Marré. Ob. cit., p. 34. Véase también el poema “Canción rusa de los 70”, p. 70.